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domingo, 30 de septiembre de 2012

Geometría del azar - Fernando Palazuelos

Por segundo año consecutivo la obra de Fernando Palazuelos consigue, por méritos propios, entrar a formar parte de los diez finalistas del Premio Setenil. Si el anterior año lo hacía con Ficcionarium, libro de microrrelatos, este año el finalista es el título que nos ocupa.

Este último libro de Palazuelos gira en torno al azar, a la casualidad, a lo fortuito. A través de experiencias que vivió el propio autor, no sabemos si enmascarándolas de ficción o no (ni importa) el escritor bilbaíno construye una serie de relatos, o crónicas, de diversas situaciones donde el azar es el protagonista.

Dividido en tres partes (La danza del poliedro, La lentitud del péndulo y La rúbrica del azar), la primera y la tercera se basa en la casualidad más fortuita, si bien es cierto que en la tercera parte me parece vislumbrar una casualidad más inesperada. La segunda parte del libro me parece la más interesante. Esta parte se centra, como indica el título, en el tiempo, en las relaciones entre el ahora, o el antes, y el después. Palazuelos plantea a través de estos cuentos lo inevitable del reloj de la vida. Allí donde hay un "tic" habrá un "tac" en el futuro que complete ese movimiento pendular. El paso del tiempo hace que se cierre el círculo de algo que sucedió.

Más allá de las historias que cuenta Palazuelos, con una gran capacidad para narrar, lo que me parece más importante en este libro es, por un lado, las conjeturas que va desarrollando a lo largo del libro a modo de introducción a las tres partes en las que se divide, más el epílogo; de otro lado, el poso filosófico que rezuma sus páginas. De poco sirven estos cuentos si no te detienes en cada uno de ellos para reflexionar sobre ellos, sobre el azar, sobre el tiempo, sobre la vida.

jueves, 7 de junio de 2012

Stoner - John Williams

Llevo varios días preguntándome por qué un libro con un argumento tan aparentemente nimio como es el de un tipo gris (en apariencia) que, yendo para agricultor como su padre, tiene la oportunidad de estudiar en la facultad de agricultura (aunque finalmente se decanta por la literatura inglesa) y pasa el resto de sus días en la universidad; un tipo que pasa de puntillas por la vida, que por más dificultades que le ponen, en lugar de enfrentarse a ellas, rehuye a la lucha: a vivir un matrimonio que sea correspondido, al amor de su hija, a vivir una vida plena con su  amante, a los constantes pulsos que le presenta el jefe de departamento. Cómo, este libro, puede ser tan bueno.

Dos son los apuntes que me llevan a tomar esta decisión y ambos transitan en direcciones paralelas.

El primero de ellos es la aparente sencillez de su prosa. Con un lenguaje llano, en cuanto al estilo, pero muy profundo en cuanto al fondo, John Williams logra crear a una persona real a partir de la escasa acción que plantea el libro. Porque Stoner, ténganlo claro, es una persona, no un personaje. Y no me refiero a los posibles rasgos autobiográficos, que todo apunta a que los tiene, de la novela. Me refiero a aquello que Forster denominó personaje redondo, solo que creo que Stoner va un paso más allá y debería crearse un nuevo concepto de personaje: el personaje pleno, que conllevaría un  pequeño matiz con respecto al redondo.

El segundo apunte está centrado en la literatura. Leí en algún libro de Vila-Matas (no sé si se trata de una frase suya, una cita de otro autor, o bien una cita de otro autor pasado por el tamiz vilamatiano que tanto le gusta) que: "precisamente porque la literatura te permite comprender la vida, te deja fuera de ella". Y así es Stoner. En las primeras páginas del libro, tiene su particular epifanía con las letras cuando en una clase con el profesor Sloane este recita un soneto de Shakespeare. Entonces, "Stoner se dio cuenta de que por unos instantes había estado conteniendo el aliento. Lo expulsó suavemente, siendo entonces consciente de la ropa moviéndosele sobre el cuerpo mientras el aliento le salía de los pulmones. (...) La luz se penetraba por las ventanas y se posaba sobre los rostros de sus compañeros de manera que la iluminación parecía venir de dentro de ellos mismos para salir hacia la oscuridad; un alumno pestañeó y una sombra delgada cayó sobre una mejilla cuya parte inferior había recogido la luz del sol". Stoner ha quedado atrapado durante el resto de sus días bajo las garras de la Literatura. Todo lo que le ocurre es "secundario", en el sentido de que todas las desgracias a las que se va sobreponiendo no dependen de él: sabe que si algo tiene que ocurrir, va a ocurrir, y por ello es inútil dedicarle más tiempo del necesario a asuntos triviales como es la vida si la Literatura está presente. Esta idea se ejemplifica muy bien en otro pasaje del libro: "Si solo es un tumor, benigno, como dice ¿daría igual retrasarlo un par de semanas? (...) Y si es tan malo como piensa... ¿daría igual retrasarlo en ese caso un par de semanas?"

Ahora quizás se entienda mejor por qué al principio de la reseña dije que Stoner era, en apariencia, un tipo gris. Más bien al contrario, me parece un tipo brillante que ha descubierto el verdadero sentido de su vida: la Literatura. Y si para ello tiene que renunciar, aunque le pese, a otros aspectos de su vida, renuncia. A lo largo del libro comprobamos que Stoner solo se siente plenamente satisfecho cuando habla de literatura, cuando está estudiando literatura, o cuando está leyendo literatura. El resto de acontecimientos son circunstancias más o menos relevantes.

"Concibo la literatura como el arte de apresar algo de la palpitación del tiempo. Me conmueve saber que todo está condenado a desaparecer, a irse para no volver, y pienso que la literatura, al igual que las demás artes, nos brinda la gran oportunidad de salvar algo del desgaste, de dar al menos una pátina de permanencia a lo efímero, y así suspender, siquiera sea por breves instantes, la imposición de las horas con su dictadura de los relojes." Eloy Tizón
 

martes, 10 de enero de 2012

Ficcionarium - Fernando Palazuelos

Casi un centenar de microrrelatos y seis cuentos de mediana extensión componen este libro del escritor bilbaíno Fernando Palazuelos. Tiene, a mi modo de ver, mucho de juego la parte de los microrrelatos, de taller de experimentación. Dije en una entrada muy reciente que no era amante de los microficciones pero reconozco que es en este campo, seguido del cuento, donde los autores más arriesgan, donde más buscan nuevas formas de expresión. Otra cosa es el resultado final.

Da la sensación de que el autor se ha divertido mucho montando estas dos partes (la parte primera y tercera del libro). Y quiere que nosotros, en cuanto a lector, también juguemos. Para ello ha creado un índice al final donde nos indica, en cada caso, si la microficción es verídica, ficcional o híbrida. Así, descubrimos que muchos hechos inverosímiles de la historia son reales y otros, que parecen auténticos, son pura invención. Este me parece un gran acierto del libro, la creación de ficciones partiendo de la Historia, pero dándoles un giro y fantaseando con otro futuro. Al fin y al cabo la Historia no es objetiva y depende mucho del autor que nos la cuente.

En cuanto a los seis relatos, integrados en la segunda parte del libro, todos giran en torno a la creación. Tienen estos cuentos un aire borgeano: la biblioteca inmensa e inabarcable de Obsesión o el cierto tono ensayístico en Vigilante nocturno, con sus universo paralelo incluido. Los personajes, asimismo, están muy bien construídos, el limpiabotas de La vida desde abajo o el ascensorista de El hombre que pudo pisar la luna me parecen de una profundidad admirable, más aún teniendo en cuenta de que no son los protagonistas absolutos de los respectivos cuentos si no, más bien, los catalizadores de la acción.

martes, 29 de noviembre de 2011

Loca Novelife - Elvira Rebollo

Eugenia es una profesora de español treintañera que, como buena profesora de ELE, se pasa media vida de aquí para allá dando clases: Singapur, Francia, Estados Unidos... en cada ubicación tendrá sus pequeñas historias, su día a día, sus pequeñas porciones de amor, de frustración, de soledad. Y todo eso lo volcará en una novela, que es la que tenemos entre las manos. Porque a Elvira le han aceptado en un Máster de Creación Literaria en Nueva York. Tras un primer cuento fallido que su profesor destroza sin contemplaciones, la anima a escribir sus experiencias como profesora. Así, Eugenia va encadenando pequeños acontecimientos que suman un todo, una experiencia.

Por todo lo dicho anteriormente, estamos ante una novela que tiene todos los ingredientes postmodernistas: narración no lineal, estructura fragmentaria, metaliteratura, el narrador es un trasunto del autor (aunque aquí aparece con otro nombre), etc.

Quizás su mayor baza es su falta de pretensiones. La novela es entretenida y se lee de manera ágil. En ocasiones es divertida, pero a veces lo intenta sin conseguirlo, con lo que se nota más el fallo.

En cuanto al estilo, intentando ser natural, con diálogos comunes, peca a veces de artificial, precisamente por querer darle ese aire de espontaneidad. Desde mi punto de vista la novela a veces cojea porque intentando ser "real", pierde verosimilitud.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Acantilados de Howth - David Pérez Vega

La generación que nació en los años 70 en España (y los primeros 80, como en mi caso) es aquella a la que le dijeron que lo mejor era estudiar, labrarse un futuro, una carrera nos daría estabilidad económica. La idea era más o menos así: hacías una carrera (desde hace unos años, además tienes que hacer un máster); con el título bajo el brazo ibas echando currículums y poco a poco ibas sentando la cabeza: conocías a alguien, empezabas a salir, te comprabas un piso. Pero, claro, nadie nos dijo que el piso, que está en una ciudad dormitorio, lo pagaríamos en 35 años. Tampoco nos dijeron que, bueno, a lo mejor si que conseguíamos trabajo, pero que ganar dinero ya es otra cosa, que para eso tienes que echar horas y horas, y eso, como es obvio, merma la relación en pareja, a la que en realidad ves más bien poco.

La primera novela de David Pérez Vega habla de esto, pero no solo. Ricardo, poseedor de dos títulos universitarios, trabaja como contable para una gran empresa en un centro financiero alejado de su casa. Lleva un año casado con Isabel, pero las cosas no van bien, muy posiblemente esté a punto de poner fin a su matrimonio.

La novela está construida a base de flashbacks donde Ricardo rememora sus años estudiantiles y su posterior viaje a Dublín. Tras acabar la carrera de ADE, y viendo que aún es muy joven para pasar a la vida adulta de trabajo con "traje", decide estudiar Ciencias Económicas. Su idea es hacerla en un año y luego, ya sí, ser un miembro más de la sociedad activa. Sin embargo, finalmente tiene que acabar en dos años. En un fin de semana de este segundo año, recién terminada su segunda licenciatura, va a Segovia a recoger un accésit en un concurso de poesía y es, en ese momento, cuando Ricardo sufre una pequeña epifanía, a mi juicio, que le lleva a plantarse en Dublín cuatro meses después. El protagonista conoce a un poeta salmantino que a pesar de su licenciatura en historia no ha trabajado en nada relacionado con eso. Vive de concursos literarios, viaja y lee. De alguna manera Ricardo se libera de la responsabilidad que nos atenaza una vez que acabamos la carrera, ese salto hacia la incertidumbre. Por su cabeza ya rondaba irse a Irlanda a mejorar su inglés, pero es a raíz de conocer al poeta salmantino cuando se decide finalmente. Y es en Dublín donde con más insistencia se detiene la memoria de Ricardo. El resto, tienen que leerlo.

A simple vista puede tratarse de una novela pesimista, donde el tiempo pasado es siempre mejor. Así, Ricardo rememora su estancia en Irlanda como los años más felices de su vida. Sin embargo, esto es algo que hacemos todos, él mismo reconoce que ha idealizado la situación y, al estar pasando por una mala época, es normal que se refugie en ese pasado aparentemente idílico. A mi entender la tesis de la novela es el poder de la literatura, al menos por un par de razones. La primera por la cantidad de referencias literarias que van apareciendo a lo largo del libro. La segunda es la condición del protagonista de, si no escritor, persona que escribe. Hace años escribió casi sin querer un poemario cuando peor lo estaba pasando: le había dejado su novia y había empleado un año más del que tenía pensado en acabar su segunda licenciatura. Ahora, Ricardo está escribiendo toda esta historia para exorcizar sus demonios y, es más, el final de la novela deja ver que, muy probablemente, esté armando otro libro de poesía.