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lunes, 11 de junio de 2012

El joven vendedor y el estilo de vida fluido - Fernando San Basilio

El protagonista de Mi gran novela sobre La Vaguada, la anterior novela de San Basilio, giraba en torno a un personaje que quería crear una novela centrada en La Vaguada. Su plan era recrear en el centro comercial madrileño un microcosmos que reflejara el mundo. Esa novela es El joven vendedor y el estilo de vida fluido. Además, la novela se desarrolla en un día por lo que, acotando el tiempo gana en intensidad.

Israel es un joven dependiente de veinte años que ha hojeado, la noche anterior (ni siquiera lo ha leído entero), un libro de autoayuda, uno más de los cientos de miles que invaden las librerías a diario. Así, con frases sencillas y anodinas, pretenden hacernos creer que el mundo va a ir mejor para ti, que puedes tomar las riendas de la situación y reconducir tu vida. Y justo es eso lo que pretende Israel, ya que está harto de trabajar en un corner de un centro comercial para una marca de ropa de marca.

Todo esto como punto de partida, pues por las páginas enloquecidas de esta novela pasan unas vecinas del piso de Israel que solo quieren divertirse, el compañero de trabajo de Israel, una trabajadora de otra tienda y su jefe, o Nelson, un dominicano que está grabando un documental con su móvil.

Como ocurría con sus anteriores novelas, la mencionada Mi gan novela sobre La Vaguada, y su ópera prima, Curso de librería, la gran baza que juega este libro es su lenguaje ágil y llano, su sentido del humor cercano al surrealismo y su planteamiento de que la realidad es lo suficientemente extraña como para narrarla. Además, todos los personajes de sus anteriores novelas, al igual que Israel en esta, llevan a sus espaldas la carga de la existencia.

Es curioso, pero en principio, la novela me pareció más floja que las anteriores y, sin embargo, me la leí de un tirón y, según acabé de leerla, la volví a empezar.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Curso de librería - Fernando San Basilio

Esta fue la primera novela de Fernando San Basilio. Leí hace poco, realmente muy poco, la segunda, Mi gran novela sobre La Vaguada y me pareció bastante interesante, así que decidí buscar su ópera prima.

El protagonista, del que nunca sabemos el nombre, ha sido seleccionado junto con otros parados para hacer un curso del INEM. El curso se llama igual que el título de la novela y, en tres meses, que es su duración, pertenecerán a la primera generación de libreros formados como tales. Pero qué pasa, que una librería, por mucho que tenga su encanto, por mucho romanticismo que haya detrás, es un negocio, y lo que importa es ganar dinero, poder vivir de ello. Por lo tanto las clases están centradas en el marketing, aunque también hacen un recorrido por la historia del libro (¡en cuarenta minutos!), e invitan a conferenciantes a dar diferentes charlas que giran en torno al mundo del libro. Es igual, todo es una gran mentira; lo importante es completar el curso de cuatrocientas horas para que:

A) La academía Diderot, que así es como se llama el centro donde tienen lugar las clases, reciba la subvención del Estado por dar cursos de formación ocupacional.

B) El Estado tenga la conciencia tranquila porque está haciendo todo lo posible por el pleno empleo.

C) Los alumnos se olviden por unas horas al día de lo miserables que son sus vidas.

Porque, al fin y al cabo, la novela va de eso, de perdedores. Pero no solo los alumnos son los perdedores, los profesores también acompañan a sus discípulos en la mediocridad.

Es cierto que hay una cierta crítica a las librerías, pero no me parece tan importante como el hecho de la situación que nos plantea a través de sus personajes: el cansancio de (sobre)vivir en la rutina y la falta de expectativas futuras.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Mi gran novela sobre La Vaguada - Fernando San Basilio

La famosa frase de John Lennon de: "La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes", podría aplicarse a esta novela de Fernando San Basilio. Así, Mi gran novela sobre La Vaguada es aquella que se va construyendo mientras que el narrador habla de ella y toma notas para escribirla en el futuro.


Porque el protagonista de esta novela es un aspirante a escritor que tiene una idea: construir alrededor del centro comercial de La Vaguada un microcosmo que refleje el mundo. Ese es su gran proyecto. Pero claro, tiene que trabajar para poder comer, tiene que relacionarse y tener vida social. Y también algo de amor, porque: "En el principio de muchas cosas estaba el amor". Con estas palabras empieza la novela.


San Basilio construye una novela del día a día en la ciudad de Madrid. La realidad es tan absurda que no hace falta mostrar situaciones extremas para sentir extrañamiento. Lo cotidiano ya es bastante grotesco e irreal. Como ejemplo, los trabajos con los que mal vive el protagonista, desde empaquetando golosinas hasta acompañante de viaje de un grupo de norteamericanos por España, pasando por el mejor de todos, escritor para dos supuestos emprendedores, cuya misión, la del protagonista, es contar la historia de estos dos sujetos "hechos a sí mismos". Además de los trabajos, las entrevistas que hace para corrector de un periódico, guionista del canal cocina, traductor de traductores mexicanos. Amén del curso del INEM sobre recursos humanos.  Yo la verdad es que me he sentido plenamente identificado con este ir y venir de puesto en puesto, a cual más absurdo. Además su crítica me parece más contundente y con mayor fuerza, quizás por su aparente calma, que la fábula de Isaac Rosa en La mano invisible.


Además, con cada nuevo trabajo, o amago de, el protagonista lo ve como una oportunidad para convertirse en el gran escritor que quiere ser, para ver la realidad que va a plasmar en su futura novela desde distintos puntos de vista.


También hay una crítica a esos barrios tan modernos de Madrid, donde parece que se respira arte allá por donde andes, que en cada cafetería hay cuatro o cinco escritores componiendo su gran obra, hay intercambios de ideas y sabiduría entre café y café. Pero, de algún modo, el protagonista también pertenece a ese grupo de futuros grandes genios que no acaban de escribir la obra que les hará ser inmortales porque la vida real les supera; vamos, que tienen que pagar facturas. Es aquello de que tienes que desconfiar de un escritor que te dice: "se me ha ocurrido una idea para un libro. Mañana me pongo con ella". Pues eso.


Lo mejor es el estilo, tan natural y aparentemente escrito casi a vuelapluma, tan ligero y ágil, que a buen seguro tiene un gran trabajo detrás.