A lo mejor soy yo que soy un inculto. A lo mejor soy yo que no estoy al tanto de la literatura contemporánea. O, a lo mejor, es que sencillamente esta novela es otra de tantas donde se ensalza algo que, o yo no lo sé ver, o es que no aparece en la novela. Aunque como dice en la contraportada: esto no es un libro, esto es un alma. Pues ya dice mucho, para mal. Porque yo quería leer un libro, pero bueno, leeremos el alma a ver qué tal...
Y resultan que son una concatenación de frases que al señor Moreno le vienen a la cabeza, sin sentido ni criterio. No me creen, lo sé. Pues aquí va un ejemplo:
"Una vez descubrí una pluma en mi pelo. No sé como llegó hasta allí. La conservé durante días. Cuando caminaba hacia el colegio procuraba que mis pies se posasen sobre las losas de color sepia, evitando las de color blanco. No recuerdo la primera vez que bebí cerveza. Jamás he hecho un test de inteligencia. No hacer test de inteligencia me parece un síntoma evidente de inteligencia."
Si esto fuera la definición que el autor hace sobre un personaje que está algo tarado estaría bien. Pero no. Esta es la voz del narrador. Este es su estilo. Y así 140 páginas se hacen eternas.
Claro, la crítica que lo sube a los altares dice que es el síntoma de los nuevos tiempos que corren, tan acelerados y caóticos, que esta es una muestra clara de la sociedad actual, bla bla bla. La crítica, tan especializa, tan erudita, tan de suplementos, ¿no conoce las vanguardias? ¿No sabe que esto se inventó hace ya casi 100 años? De verdad que me parece un insulto al lector. No me importa la creación de artificios, recibo con los brazos abiertos cualquier tipo de innovación, lo que no soporto es que me hagan creer que esto es el súmmun de la literatura. Por ahí no paso.
