Jose trabaja en un peaje de la carretera que une Sevilla con Cádiz. El precio de la tarifa, seis con cuarenta, por favor y gracias son las palabras que más repite a lo largo del día. Ve pasar a cientos de conductores a diario pero apenas interactúa con ellos unos segundos. Este aburrimiento le lleva a inventarse la vida de las personas que viajan en sus coches, intenta mantener una conversación con ellos, pero no todos están dispuestos a colaborar.
Cuando no pasa nadie por la cabina, lee obituarios de periódicos atrasados y reflexiona sobre su vida.
La novela me ha recordado en algunos aspectos a otra novedad editorial que leí no hace mucho: La tienda y la vida de Isabel Sucunza por esa manera de mezclar un espacio real y muy definido como es el puesto de trabajo, con otro mundo mucho más enriquecedor como es la mente de sus protagonistas. Ambos tienen la necesidad de escapar de allí y, ya que no pueden hacerlo físicamente, al menos que se pueda llevar a cabo metafóricamente.
La prosa de Julio de la Rosa es rápida, ágil, con mucho humor negro. Pretende ser ligero, pero enmascara una profundidad que deja poso.
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viernes, 22 de febrero de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
Polvo en el neón - Carlos Castán
Este relato contiene todos los ingredientes del cuento clásico norteamericano actual: un marido adúltero, una amante, una carretera, y algo de alcohol. Además, la metáfora tampoco es un derroche de originalidad: la huída contabilizada en kilómetros (millas) como si alejarse de un lugar fuera la solución a tus problemas cuando los problemas los llevas tú, son tu carga y por mucho que aceleres, estos te siguen la estela.
¿Dónde está, pues, lo grandioso de este libro? Por un lado en el continente. En estos tiempos en los que el debate del libro electrónico frente al papel está en pleno auge, algunas editoriales se resisten a que triunfe lo digital con cuidadas portadas, diseños que son pequeñas obras de arte, souvenirs, afiches, cualquier cosa vale para ganar la batalla. Creo que la convivencia se dará (se da) pero no se impondrá lo electrónico. Si no, ¿cómo disfrutar de libros ilustrados, comics, libros de fotografía o, sin ir más lejos, este artefacto híbrido entre nouvelle y catálogo fotográfico? Porque en este libro se dan cita un escritor y un fotógrafo, Dominique Leyva, que retrata la vida de moteles y carreteras, imaginario mítico de la norteamérica más profunda y complemento perfecto de la soledad que se desprende del texto.
Pero si el continente es importante, nada vale sin el contenido. Aquí es donde aparece la figura de Carlos Castán, que retrata con su habitual estilo lacónico y lírico la huída de Quinn por la ruta 66. Al igual que el libro es un híbrido, Castán en esta ocasión se viste del escritor americano Raymond Carver, pero solo en la forma, en la historia, en ciertos planteamientos, pero donde el americano calla, prefiere la elipsis, Castán prefiere la prosa tiznada de melancolía. El texto habla del amor, de sus (im)posibilidades, de sus pocas alegrías y de sus muchas miserias, de lo complicado que es la convivencia sin el deterioro. Una de las claves la podemos encontrar en el siguiente extracto que comienza con un guiño a Carver:
"-¿Quieres hacer el favor de callarte, porfavor?
-Quinn, escúchame. Es ahora o nunca, hazme caso. Ahora si quieres podemos estar juntos (...) Otra cosa es que no quieras estar conmigo"
En un texto del norteamericano, aquí muy probablemente habría silencio, algún gesto mínimo que nos diera a entender que todo ha finalizado, o un simple salto de párrafo. Sin embargo, Castán continúa:
"-Exacto es eso, Jessica: no quiero estar contigo
-¿Qué has dicho?, ¿se puede saber qué es lo que has dicho? ¿Puedes repetir eso mirándome a los ojos?
-Sí, puedo. Claro que puedo: no quiero estar contigo, eso es lo que he dicho. Que me aspen si quiero estar contigo. Odio toda esta mierda de las escapadas románticas y los estuchitos con pintalabios por todas partes y los botes de gel y de esto y de lo otro. Detesto tener que salir al jardín en pleno invierno para darte las buenas noches (...)"
La escena continúa con algunos reproches más. Reproches de los que hasta ahora no era consciente porque a pesar de ser infiel a su mujer la quería. Y la sigue queriendo, pero igual ella a él ya no. Y eso es lo verdaderamente insufrible. Porque amar duele; porque a pesar de comportarnos mal con otra persona y de hacerla sufrir pretendemos que siga estando ahí en todo momento. Y es al devolvernos la jugada cuando nos damos cuenta de que, en realidad, seguimos enamorados. Como dice el narrador en un momento del libro: "Dudar ya es amar".
miércoles, 4 de abril de 2012
Shiloh - Bobbie Ann Mason
Podríamos decir que este es otro libro sobre personajes corrientes que, viviendo en la América profunda, consumen sus anodinas vidas sin que les ocurra nada especial. Y lo es. En esta breve nota no voy a tratar de buscar la diferencia o ese pequeño detalle que hace que este libro sea mejor que otro de iguales similitudes minimalistas. Porque puede que no sea mejor. Pero, desde luego, no es peor. Entonces, ¿por qué es recomendable su lectura? Bueno, porque su principal baza es esa: que es otro libro sobre personajes simples que no les ocurre nada fuera de lo común. Quizás pueda parecer esto una crítica negativa o, cuanto menos, neutral. Y, sin embargo, lo que trato de decir es algo positivo. Muy positivo.
Imaginemos de repente que se descubriera un libro nuevo de Raymond Carver que, por determinadas circunstancias, hubiera estado todos estos años en una caja abandonada del trastero. No creo que ningún aficionado a este tipo de literatura se echara las manos a la cabeza exclamando: "¡Oh no, otro libro de Carver". Pues esto igual. Porque este libro no es otra imitación del estilo de Carver (algo medianamente recurrente en estos años y no siempre con resultados satisfactorios); este libro es contemporáneo (de hecho, se publicó un año antes que el monumental Catedral).
Por lo que el lector se va a encontrar con trece historias sobre personajes (normalmente centrados en las relaciones de pareja) que actúan como podría actuar tu vecino o tú mismo. Esto es, sin nada que destacar en el día a día. Y es a través de sus acciones, y la manera de ejecutarlas, como vemos cómo se definen y evolucionan psicológicamente los personajes; ya sea cortando un árbol, pintando cuadros de sandías, o conduciendo una autocaravana.
Por su estilo, es a través de los silencios donde mayor información se facilita. La narración comienza y, pasadas unas páginas, se acaba. Aparentemente nada ha sucedido y, sin embargo, se ha tambaleado todo el mundo de los personajes.
Si te gusta la tan nombrada, en este blog, triada de autores norteamericanos (Carver-Ford-Wolff) te gustará este libro.
Imaginemos de repente que se descubriera un libro nuevo de Raymond Carver que, por determinadas circunstancias, hubiera estado todos estos años en una caja abandonada del trastero. No creo que ningún aficionado a este tipo de literatura se echara las manos a la cabeza exclamando: "¡Oh no, otro libro de Carver". Pues esto igual. Porque este libro no es otra imitación del estilo de Carver (algo medianamente recurrente en estos años y no siempre con resultados satisfactorios); este libro es contemporáneo (de hecho, se publicó un año antes que el monumental Catedral).
Por lo que el lector se va a encontrar con trece historias sobre personajes (normalmente centrados en las relaciones de pareja) que actúan como podría actuar tu vecino o tú mismo. Esto es, sin nada que destacar en el día a día. Y es a través de sus acciones, y la manera de ejecutarlas, como vemos cómo se definen y evolucionan psicológicamente los personajes; ya sea cortando un árbol, pintando cuadros de sandías, o conduciendo una autocaravana.
Por su estilo, es a través de los silencios donde mayor información se facilita. La narración comienza y, pasadas unas páginas, se acaba. Aparentemente nada ha sucedido y, sin embargo, se ha tambaleado todo el mundo de los personajes.
Si te gusta la tan nombrada, en este blog, triada de autores norteamericanos (Carver-Ford-Wolff) te gustará este libro.
lunes, 5 de marzo de 2012
Segunda residencia - Margarita Leoz
Margarita Leoz es heredera de la mejor narrativa norteamericana, esa que tiene como piedra angular a Carver, Cheever o Ford, amén de Wolf, y que tiene sus orígenes en Hemingway y, antes, en Chejov, y cuyo representante español más destacado, pero no por ello más reconocido, es Gonzalo Calcedo. En sus cuentos no se narran grandes acontecimientos; no se producen epifanías deslumbrantes; ni siquiera sus personajes parecen cambiar mucho. Se podría decir, incluso, que en muchos de estos cuentos el cambio es precisamente que no hay cambio.
Sin supersticiones, trece son los relatos de los que se compone este libro. En cinco de ellos la vida en pareja es la protagonista. Cinco parejas que están prácticamente rotas pero que siguen avanzando a fuerza de cotidianidad. Nadie se planta, nadie decide romper, aunque hayan tenido una aventura con otra mujer (Segunda residencia); la vida en común no era como la esperaban (Trajes granates al fondo del armario); o simplemente tu novio te resulte insoportable (Burbujas de cristal).
Por último, podríamos agrupar otros cuatro cuentos en los que sus protagonistas, todas ellas mujeres, viven una vida solitaria como doctora que se enfrenta, aunque de pasada, a sus años de infancia (En qué nos hemos convertido); como profesora (Callos a la madrileña y No es de verdad); o como fotógrafa (¿Te gusta Debussy?).
Algo que me ha parecido muy positivo y que vengo observando en las escritoras es la alternancia de narradores en primera tanto masculinos como femeninos. Los escritores normalmente escriben solo desde el punto de vista del hombre; cuesta ver un cuento o novela escrito por un hombre bajo el prisma de una mujer. Este caso en las escritoras no se da con tanta frecuencia. Una hipótesis apresurada puede apuntar hacia la formación. La historia literaria (como todas las historias de todas las artes) tiene un marcado carácter masculino, por lo que, por un lado, a las escritoras les viene dado biológicamente el punto de vista femenino, mientras que en las lecturas realizadas, en un alto porcentaje, serán narradas por hombres.
Sea como fuere, Margarita Leoz utiliza tanto la primera persona como la tercera con protagonistas hombres o mujeres, dotando a sus cuentos de una pluralidad que parece decirnos que ni unos, ni otros, nos libramos de nuestros pequeños fracasos.
Sin supersticiones, trece son los relatos de los que se compone este libro. En cinco de ellos la vida en pareja es la protagonista. Cinco parejas que están prácticamente rotas pero que siguen avanzando a fuerza de cotidianidad. Nadie se planta, nadie decide romper, aunque hayan tenido una aventura con otra mujer (Segunda residencia); la vida en común no era como la esperaban (Trajes granates al fondo del armario); o simplemente tu novio te resulte insoportable (Burbujas de cristal).
En otros dos cuentos (Estarán de obras y Llamaradas) se da un amor solo de ida. En ambos casos, el protagonista es un chico universitario, atraído en el primer caso por una compañera de facultad más mayor que él y en el segundo por su prima, con la que ha crecido. En realidad, más que amor, al menos en el primer cuento, lo que se da es una especie de aliciente a su insulsa vida. Como para probar, para tener algo de lo que preocuparse. En el segundo cuento puede que el protagonista sí que esté enamorado de su prima, pero también es un amor platónico acentuado ante la inminente boda de ella.
Por último, podríamos agrupar otros cuatro cuentos en los que sus protagonistas, todas ellas mujeres, viven una vida solitaria como doctora que se enfrenta, aunque de pasada, a sus años de infancia (En qué nos hemos convertido); como profesora (Callos a la madrileña y No es de verdad); o como fotógrafa (¿Te gusta Debussy?).
Algo que me ha parecido muy positivo y que vengo observando en las escritoras es la alternancia de narradores en primera tanto masculinos como femeninos. Los escritores normalmente escriben solo desde el punto de vista del hombre; cuesta ver un cuento o novela escrito por un hombre bajo el prisma de una mujer. Este caso en las escritoras no se da con tanta frecuencia. Una hipótesis apresurada puede apuntar hacia la formación. La historia literaria (como todas las historias de todas las artes) tiene un marcado carácter masculino, por lo que, por un lado, a las escritoras les viene dado biológicamente el punto de vista femenino, mientras que en las lecturas realizadas, en un alto porcentaje, serán narradas por hombres.
Sea como fuere, Margarita Leoz utiliza tanto la primera persona como la tercera con protagonistas hombres o mujeres, dotando a sus cuentos de una pluralidad que parece decirnos que ni unos, ni otros, nos libramos de nuestros pequeños fracasos.
viernes, 6 de enero de 2012
Vidas prometidas - Guillermo Busutil
Las vidas prometidas son todos aquellos sucesos que te deberían pasar y no pasan o no como tú esperabas. O puede, incluso, que sí que pasen.
Trece son los relatos de los que se compone el último libro del granadino Guillermo Busutil. Simplemente por La siesta de Odiseo ya merece la pena el libro. Es así de sencillo. En este cuento, Busutil hace un homenaje a los libros y a sus defensores; en este caso, el abuelo del protagonista que en un momento dado dice al niño rebelde:
"Los libros son los mapas de la vida. Te enseñan a imaginarte y reconocerte en otros, te abrigan del dolor y de la soledad más fría y son lo mejor que te queda después de haber vivido. En ellos he llegado a conocerme y ya es hora de que empieces tú a descubrir las enseñanzas que encierran".
A mí con frases como estas se me aflojan las piernas.
Decía que con este único relato ya merece la pena el libro. Pero hay más, mucho más. El enternecedor La señorita Margot, sobre esa profesora que todos hemos tenido y a veces nos sorprendemos preguntándonos qué habrá sido de ella; o el conmovedor La Promoción Oxford, donde se reúnen los antiguos alumnos y la protagonista espera volver a ver a su amor de juventud.
Guillermo Busutil no necesita de grandes historias para construir un magnífico libro de relatos, le basta con estar atento a la realidad que le rodea. Busutil es ese felino que aparece en todos sus cuentos, como de pasada, pero que está ahí para componer un mapa del hombre contemporáneo.
martes, 15 de noviembre de 2011
Siameses - Gonzalo Calcedo
La editorial zaragozana Tropo reedita, para regocijo de los amantes del género breve, estos dos libros de Gonzalo Calcedo, a saber: Otras geografías, premio NH en 1996; y Liturgia de los ahogados, Premio Alfonso Grosso en 1997. Ambos, sobre todo el segundo, no son fáciles de encontrar, por no decir imposible. Si además a ello se suma una cuidada edición, en la colección segundo asalto, dos prólogos de otros tantos dominadores de las distancias cortas como son Carlos Castán y Juan Bonilla, y como colofón una nota del propio autor, nos encontramos ante un libro cuanto menos imprescindible.
Los relatos que contienen este libro, diecinueve para ser más precisos, están emparentados con la mejor cuentística americana y esta es, en especial dos nombres, John Cheever y Raymond Carver. Pero también Salinger, Tobias Wolff o Richard Ford. Las historias, mínimas en cuanto a trama, nos sitúan en el día a día de una pareja, de una familia o de un vecino, en la mayoría de los casos. Y aparentemente, no ocurre nada. Son vidas monótonas. Sigues leyendo y llegas, sin darte cuenta, al final del relato. Entonces te preguntas cómo ha sido capaz Calcedo de dejarte ese mal estar si crees que no te ha contado nada especial. Esa es la esencia de estos relatos y, prácticamente, de toda su poética.
Porque Gonzalo Calcedo construye atmósferas; con unas pequeñas pinceladas consigue crear un ambiente inquietante, lleno de personajes solitarios rodeados de gente, en una calma desasosegante, en una tensa espera, claustrofóbica, del que sabe que todo va a estallar en algún momento, aunque sea más allá del relato.
Los relatos que contienen este libro, diecinueve para ser más precisos, están emparentados con la mejor cuentística americana y esta es, en especial dos nombres, John Cheever y Raymond Carver. Pero también Salinger, Tobias Wolff o Richard Ford. Las historias, mínimas en cuanto a trama, nos sitúan en el día a día de una pareja, de una familia o de un vecino, en la mayoría de los casos. Y aparentemente, no ocurre nada. Son vidas monótonas. Sigues leyendo y llegas, sin darte cuenta, al final del relato. Entonces te preguntas cómo ha sido capaz Calcedo de dejarte ese mal estar si crees que no te ha contado nada especial. Esa es la esencia de estos relatos y, prácticamente, de toda su poética.
Porque Gonzalo Calcedo construye atmósferas; con unas pequeñas pinceladas consigue crear un ambiente inquietante, lleno de personajes solitarios rodeados de gente, en una calma desasosegante, en una tensa espera, claustrofóbica, del que sabe que todo va a estallar en algún momento, aunque sea más allá del relato.
jueves, 21 de julio de 2011
El trepanador de cerebros - Sara Mesa
Par mí la literatura funciona más o menos así: descubres un libro como Pequeñas Resistencias, allá por el año 2002. De esa nómina de narradores, hay unos cuantos que te acompañan durante tus futuras lecturas; otros te dejan de interesar; algunos no te gustaron desde el primer momento.
Ocho años después, Páginas de Espuma pone a nuestra disposición una nueva antología, Pequeñas resistencias 5. Uno ya tiene unas lecturas acumuladas y más recorrido que en el 2002 por lo que conoce a la mayoría de los autores aunque, felizmente descubre a tres de los que no tenía noticia: Francesc Serès, Jokin Muñoz y Sara Mesa. Del primero es fácil leer sus libros: todos están en catálogo y no hay problema en encontrarlos. Del segundo solo he conseguido Letargo, no sé si habrá algo más traducido. En cuanto a Sara Mesa, No es fácil ser verde, no demasiado complicado de encontrar (aunque igual lo tienen en la sección de juvenil); un libro ilustrado, La sobriedad del galápago, pedido a una librería, pero al ser una edición de una diputación, vaya usted a saber, y la novela que nos ocupa. Felizmente, descubro que hace unas semanas ganó el premio Málaga de novela. Pues a esperar.
El trepanador de cerebros tiene unos protagonistas difíciles de olvidar: un superdotado depresivo llamado Chamán; unos gemelos altísimos que tienen por hermana a una niña superdotada; un enano; un argentino que sueña con escribir su gran obra y luego suicidarse; un científico albino con un brazo más largo que otro; una polaca silenciosa; vistos todos ellos bajo la mirada de Silvia, una joven desarraigada.
Es esta, por tanto, una novela coral, que bien podría clasificarse de social ya que reúne los males endémicos de la sociedad: la precariedad laboral, la dificultad de encontrar piso, la soledad o la exclusión. Sin embargo, la autora trata estos temas desde un punto de vista muy cercano al absurdo (claro que también es cierto que vivimos en un mundo absurdo), y maneja a sus personajes como guiñoles grotescos, aunque con cierto cariño.
El ritmo, por su parte, no cae en ningún momento. Si se vislumbra un callejón sin salida (que no sé porqué se vislumbra porque si no hay salida estará oscuro, digo yo) a lo lejos, Sara Mesa da un giro a la narración y conduce a sus personajes a una nueva situación peripatética.
Creo que estamos ante una gran narradora a la que le seguiré la pista.
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