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martes, 13 de noviembre de 2012

Caza de conejos - Mario Levrero

Hay que leer a Mario Levrero. Todo lo que se pueda (que en España no es mucho). Si Libros del zorro rojo saca una edición ilustrada por Sonia Pulido y se desmarca con este libro-objeto, pues mejor que mejor. Que Random a través de su sello DeBolsillo saca tres novelas cortas (una de ellas ya editadas en Caballo de Troya, también de Random) pues también, qué se le va a hacer si han decidido sacarlo directamente en bolsillo. Pero el texto es el mismo. Entre nada y algo, mejor algo, ¿no? Aunque siempre es preferible hacer las cosas bien.

Dicho lo cual, y tras el tirón de orejas, Caza de conejos, un texto compuesto por cien microrrelatos en torno al título: la caza del conejo. El conejo, el guardabosques, el castillo, los cazadores, y el Idiota que monta la cacería se dan cita y juntos y revueltos conviven, malviven, se confunden entre ellos, se juega a los espejos, se dinamita la realidad y se vuelve al origen pero ya todo está trastocado. Así es Mario Levrero.

Aunque en este libro aparece otro Mario Levrero mucho más paródico es fácil distinguir su sello, su naturalidad para el absurdo, para desenmascarar la realidad (a veces tan falsa), su tono erótico en alguno de los micros, su obsesión (como esa, verdadera, por leer todas las novelas policiacas por muy malas que fueran y que nos cuenta en La novela luminosa).

Los conejos, ¿qué querrán decir? Seguro que es una metáfora. Sí, pero, ¿de qué? Levrero sabía que esta pregunta se la harían muchos críticos y muchos lectores así que él da la respuesta en el microrrelato LXVII: comienza a enumerar una serie de posibles alegorías todas ellas válidas, o no, para acabar con un "etcétera". Para decir a ese crítico que busca desencriptar la leve oscuridad que se desprende de los textos de Levrero: "es inútil, no trates de buscar una verdad, porque no la hay. Esto es literatura, no un problema matemático donde se despeja la X".

Las ilustraciones, donde predomina el rojo, marrón y negro, se empastan a la perfección con el texto, juega de ese mundo real-irreal, a veces onírico, a veces sencillamente surrealista del uruguayo.


sábado, 3 de marzo de 2012

La esposa diminuta - Andrew Kaufman

El catálogo de la madrileña Capitán Swing es tan ecléctico como coherente. En sus filas se puede encontrar a Ezra Pound, Günter Grass o Albert Camus; pero también a Dante Panzeri, Nicolás Maquiavelo o Jim Dodge. Ensayos, novelas o misceláneas, pero todo ello desde un punto común: el del compromiso político, económico y social con el tiempo que nos ha tocado vivir.

Uno de los últimos libros publicados es esta fábula del escritor canadiense Andrew Kaufman. En ella se nos cuenta un robo a un banco. Sin embargo el ladrón no es un caco al uso. Poco le importa el dinero. Él lo que quiere es el bien más preciado que cada cliente del banco lleve encima en ese momento. Stacey, la protagonista central del relato, le entrega una calculadora. Con ella conoció a su marido, que es el narrador de la historia. Con ella ha calculado cuándo se iban a quedar embarazados, la hipoteca de la casa, si se podían cambiar de coche o si podían tener otro niño. Ante esto, es normal que Stacey empiece a menguar. Porque el amor poco, o más bien nada, tiene que ver con las matemáticas. Para empezar, las matemáticas son una ciencia exacta, rígida, estable e invariable. Por contra, el amor es algo intuitivo, maleable, dúctil. En definitiva, cálido. Hasta que Stacey y su marido, David, no comprendan que, como dice Sabina, dos no es igual a uno más uno, ella seguirá menguando sin remedio hasta desaparecer.

El resto de los clientes robados en la sucursal del banco siguen la misma suerte. En una especie de epifanía fantástica (referido aquí a la fantasía), el objeto entregado a este peculiar ladrón tiene como consecuencia la búsqueda de uno mismo; la superación de sus miedos y sus fobias.

Las ilustraciones, en un sobrio negro a modo de tinta china, corren a cargo de Tom Percival.

domingo, 23 de octubre de 2011

La saga de Eirík el Rojo - Anónimo

La saga de Eirík el Rojo es un epopeya en prosa sobre una de las sagas islandesas más importantes. En ella nos encontramos con valientes vikingos, viajes y aventuras, tan propios de este tipo de narraciones. Siempre que leo este tipo de obras interiormente la voz del narrador sale graveTambién fluctuamos, al igual que ocurre en la Biblia, por ejemplo, entre los descendientes de los diferentes personajes del libro. Así, el comienzo es el siguiente:

"Óláf se llamaba un señor de guerra que era apodado Óláf el blanco. Era hijo del rey Ingjald Helgason, y este hijo de Óláf, y este hijo de Gudröd, y este de Háfdan hueso blanco, rey de Uppland"

Con este comienzo uno piensa que no va a entender nada de lo que le digan durante el resto de las páginas; sin embargo esta enumeración de parientes solo se da en determinados capítulos y suelen ir al principio de los mismos. Tampoco pasa nada porque no entendamos todo al pie de la letra. El propio traductor, Enrique Bernández, así nos lo da a entender en una nota al final del libro:

"La historia (...) debe leerse por sí misma y no hace ninguna falta intentar que todo encaje en un sistema estable, definitivo".

Lo mejor es dejarse llevar. Adentrarse en las naves de estos aventureros y llegar hasta Groenlandia. Posteriormente, hasta Vinlandia; esto demuestra que antes que Colón, los vikingos descubrieron América.

Esta vez las ilustraciones corren a cargo de Fernando Vicente. Son sobrias, de carácter impresionista. Muy en la línea del relato. Sin embargo creo que hay un error, que en cualquier caso en nada empaña la labor tanto de editor como de ilustrador: ¿Por qué el dibujo de la página 36 y el de la 57 es el mismo?

sábado, 30 de julio de 2011

Vi - Nikolai Gogol


Aquí llega Gogol de nuevo para dejarnos un libro y decir: “Mirad ignorantes, así se escribe”. Y transforma una leyenda ucraniana, la del jefe de los gnomos, Vi, que tiene unos párpados que le cuelgan hasta el suelo, en un cuento de terror impecable, que juega con la oralidad, que mezcla hechos cotidianos con un mundo fantástico y que si tienes huevos te lo lees por la noche en tu casa, sentado en mitad de un cuarto y como única iluminación la débil luz de una lámpara de escritorio. Luego me contáis.

Las ilustraciones de Luis Scafati, inquietantes y angustiosas, le vienen que ni pintado al relato.

¿Y de qué va? Pues de un tipo al que le pasa una cosa muy extraña en  una posada: la posadera le embruja y lo utiliza como caballo para darse una vuelta por la estepa.


Cuando el tipo se deshace del embrujo y vuelve a la civilización, recibe la noticia de que tiene que velar el cuerpo de una chica a la que él no conoce. Sin embargo, fue voluntad de la chica que esto así fuera. 

Gogol compagina los ratos de despreocupación mientras bebe o el cuentan anécdotas los parroquianos durante el día, con las misteriosas y aterradoras noches compartiendo habitación con la difunta.

Y si no os vale con esto, decir que en una hora y media lo tenéis leído; vamos que mientras que hacéis la digestión, tumbados en una toalla, os da tiempo de sobra.

domingo, 17 de julio de 2011

El capote - Nikolai Gogol



El verano es un buen momento para releer y redescubrir a los clásicos. O eso dicen. Yo creo que cualquier momento es bueno, y que si bien durante las vacaciones estivales tienes más tiempo, si lees, lo vas a hacer siempre. ¡Qué más da leerse una novela decimonónica en marzo que en agosto! El caso es que como ser humano que soy me contradigo, y este verano lo estoy dedicando a volver a leer a Nikolai Gogol, maestro de maestros (esto suena muy bien). Además no lo digo yo, lo dice Dostoievsky: “todos venimos de El capote de Gogol (esto también suena muy bien, lo de citar a alguien. Me estoy cubriendo de gloria en este post).

El primero que he cogido de la estantería ha sido precisamente El capote. Recuerdo que la primera vez que lo leí fue en un taller literario y quedé asombrado. Me pareció tan kafkiano (antes de Kafka). Adoro a este tipo de personajes: oficinescos y grises. K., Bartleby y Akaki Akákievich son la triada perfecta.

Decir de qué va el libro a estas alturas es vergonzoso, pero como no tengo vergüenza ninguna os cuento brevemente y a mi manera, claro. Akaki Akákievich es un oficinista fruto de las bromas de sus compañeros. No tiene un duro, pero necesita un capote nuevo para pasar el duro invierno en San Petersburgo, así que pasa calumnias hasta que consigue costearse el abrigo. Pero se lo roban a las primeras de cambio. Pide audiencia a un personaje importante para que interceda por él y recupere su capote. Claro que el personaje importante es un déspota y no le hace caso. Al final, el relato adquiere tintes fantásticos.


Esa denuncia de clases, esa superioridad de unos sobre otros, la importancia de las apariencias, etc. escrito en los años cuarenta del siglo diecinueve. Eso es un Clásico, con C mayúscula (autoplagio autorizado)

viernes, 6 de mayo de 2011

Wakefield - Nathaniel Hawthorne

Edición que es una delicia a cargo de Nórdica, en su colección ilustrados. En esta ocasión, al gran cuento de Nathaniel Hawthorne le acompaña las ilustraciones de Ana Juan, que son el combinado perfecto para llenar de color (a pesar de tratarse de imágenes en blanco y negro) las palabras del relato de Hawthorne.

Wakefield es un hombre que decide marcharse un buen día de su casa durante una temporada... ¡para instalarse al final de la misma calle! A su mujer le dice que volverá a finales de semana, sin embargo su ausencia se prolonga durante veinte años hasta que  decide regresar a su hogar como si nada hubiera pasado. Mientras, se dedica a espiar a su mujer; a observar sus movimientos; a escudriñar sus pensamientos. Quiere ver cómo va evolucionando sin que él esté en casa. Al fin y al cabo, Wakefield es algo vanidoso, pero como el narrador dice en una ocasión: "¡Pobre Wakefield!¡Pero qué poco consciente eres de tu propia insignificancia en este inmenso mundo!"