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domingo, 29 de abril de 2012

Yo que he servido al rey de Inglaterra - Bohumil Hrabal

Prestad atención a lo que voy a contar ahora.

Es difícil resumir el argumento de Yo que he servido al rey de Inglaterra. Podría ser algo así como un chaval aprendiz de camarero que descubre el poder del dinero y cuya finalidad en la vida será hacerse millonario. Y, a partir de aquí, todo estalla. Porque esta novela es una explosión de incontinente verborrea. El protagonista va avanzando en la acción a través de sus experiencias en diversos hoteles. Podría decirse que va prosperando, pero no sabemos muy bien a qué precio, y mucho menos es como él se lo esperaba. Los sucesos más disparatados, inverosímiles y surrealistas se aceptan como naturales: un banquete pantagruélico para el emperador de Abisinia; un niño cuya mayor preocupación es clavar clavos en el suelo; o una abuela que recoge la ropa interior que tiran desde los balcones. Todo es perfectamente válido en el universo de Bohumil Hrabal.

Y, como sucedía en Trenes rigurosamente vigilados, de fondo la reciente historia checa (checoslovaca mejor dicho): la ocupación nazi, la resistencia y el posterior dominio comunista está en esta novela en el trasfondo y se ve perfectamente a pesar de que casi no hay ninguna referencia explícita a los acontecimientos que tuvieron lugar durante la primera mitad del siglo pasado.

¿Os dais por satisfechos? Pues con esto termino por hoy. (Pero no dejéis de leer a Hrabal).

jueves, 3 de noviembre de 2011

Trenes rigurosamente vigilado - Bohumil Hrabal

En una pequeña estación de un pueblo checo conviven una serie de personajes esperpénticos, a saber: un jefe de estación que aspira a un título nobiliario pero que se pasa las horas de trabajo en un palomar con un uniforme lleno de cagadas de paloma;  un factor que estampa, un buen día, todos los sellos de la empresa en el culo de la telegrafista; la propia telegrafista, que no sabe muy bien las consecuencias que puede traer esto; y el narrador, un joven aprendiz ingenuo cuya propia virilidad pone en duda debido a un episodio desagradable con una chica.

Y fuera se está llevando a cabo la II Guerra Mundial.

Como hilo de unión entre estos dos mundos tan dispares, las vías de tren. Es cuando llegan los vagones cuando descubrimos el horror de la guerra: animales putrefactos, enfermos, soldados de las SS.

Bohumil Hrabal construye una novela cargada de humor negro y episodios desternillantes, como el del bisabuelo, herido de la I Guerra Mundial que vive con un sueldo que le otorga el Estado y que el se lo gasta en una botella de alcohol y cigarros diariamente; con las mismas, se va a reírse de los trabajadores por lo que recibe palizas cada cierto tiempo. Otro episodio divertido es el del abuelo del protagonista, hipnotizador que se plantó delante de los tanques alemanes para, con el poder de su mente, intentar detenerlos. Estos episodios, cercanos al absurdo, recuerdan en mayor o menor medida a Kafka. También se le compara con Hasek, el autor de Las aventuras del buen soldado Svejk.

Como contraste, vemos los estragos de la invasión nazi: explosiones, pasajeros que no llegan a su destino, paisajes desolados.

Esta aparente dicotomía casa muy bien debido al punto de vista del narrador, el aprendiz de factor cuya mirada candorosa consigue que el horror nos parezca aún mayor.