Mostrando entradas con la etiqueta Nikolai Gogol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nikolai Gogol. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de julio de 2011

Vi - Nikolai Gogol


Aquí llega Gogol de nuevo para dejarnos un libro y decir: “Mirad ignorantes, así se escribe”. Y transforma una leyenda ucraniana, la del jefe de los gnomos, Vi, que tiene unos párpados que le cuelgan hasta el suelo, en un cuento de terror impecable, que juega con la oralidad, que mezcla hechos cotidianos con un mundo fantástico y que si tienes huevos te lo lees por la noche en tu casa, sentado en mitad de un cuarto y como única iluminación la débil luz de una lámpara de escritorio. Luego me contáis.

Las ilustraciones de Luis Scafati, inquietantes y angustiosas, le vienen que ni pintado al relato.

¿Y de qué va? Pues de un tipo al que le pasa una cosa muy extraña en  una posada: la posadera le embruja y lo utiliza como caballo para darse una vuelta por la estepa.


Cuando el tipo se deshace del embrujo y vuelve a la civilización, recibe la noticia de que tiene que velar el cuerpo de una chica a la que él no conoce. Sin embargo, fue voluntad de la chica que esto así fuera. 

Gogol compagina los ratos de despreocupación mientras bebe o el cuentan anécdotas los parroquianos durante el día, con las misteriosas y aterradoras noches compartiendo habitación con la difunta.

Y si no os vale con esto, decir que en una hora y media lo tenéis leído; vamos que mientras que hacéis la digestión, tumbados en una toalla, os da tiempo de sobra.

viernes, 22 de julio de 2011

Por qué se pelearon los dos Ivanes - Nikolai Gogol

Continuando con la relectura veraniega de Gogol, hoy es el turno de esta nouvelle que, en mi caso, más que relectura es descubrimiento porque no la conocía.
Los Ivanes, Ivanovich y Nikiforovich, son dos amigos de toda la vida. Vecinos, incluso, un buen día Iván Ivanovich descubre una escopeta que pertenece a Iván Nikiforovich. Le hace una oferta por ella, pero Nikiforovich no está dispuesto a venderla. Una cosa lleva a la otra, comienzan a insultarse y, en un momento dado, Nikiforovich llama a Ivanovich ganso. ¡Y hasta aquí podíamos llegar! Ivanovich se va muy ofendido. A partir de este momento, comienzan las rencillas: uno invade su terreno y construye un corral para gansos, el otro lo destruye a martillazos; Uno denuncia, el otro también. La disputa van en aumento, poco a poco, hasta el desolador final.

Total, que Gogol demuestra que el ser humano es el animal más gilipollas que hay sobre la faz de la tierra, y lo hace tan bien que te da igual pertenecer a esa especie.

Dices: “coño que Gilipollas son, son como yo, unos gilipollas sin remedio”. Y te hace hasta gracia que te demuestre lo vil y estúpidos que somos.

Por cierto, que igual es obsesión mía con Kafka, pero la parte de las denuncias y la posterior resolución del conflicto que se alarga años y años me recuerda tanto al amigo Franz. Quizás porque ambos abordan en sus obras a personajes de a pie, unos cualesquiera; y esos son esos tipos grises (aunque lleven la corbata naranja) que pululan por la vida con papeles e informes incomprensibles.   

domingo, 17 de julio de 2011

El capote - Nikolai Gogol



El verano es un buen momento para releer y redescubrir a los clásicos. O eso dicen. Yo creo que cualquier momento es bueno, y que si bien durante las vacaciones estivales tienes más tiempo, si lees, lo vas a hacer siempre. ¡Qué más da leerse una novela decimonónica en marzo que en agosto! El caso es que como ser humano que soy me contradigo, y este verano lo estoy dedicando a volver a leer a Nikolai Gogol, maestro de maestros (esto suena muy bien). Además no lo digo yo, lo dice Dostoievsky: “todos venimos de El capote de Gogol (esto también suena muy bien, lo de citar a alguien. Me estoy cubriendo de gloria en este post).

El primero que he cogido de la estantería ha sido precisamente El capote. Recuerdo que la primera vez que lo leí fue en un taller literario y quedé asombrado. Me pareció tan kafkiano (antes de Kafka). Adoro a este tipo de personajes: oficinescos y grises. K., Bartleby y Akaki Akákievich son la triada perfecta.

Decir de qué va el libro a estas alturas es vergonzoso, pero como no tengo vergüenza ninguna os cuento brevemente y a mi manera, claro. Akaki Akákievich es un oficinista fruto de las bromas de sus compañeros. No tiene un duro, pero necesita un capote nuevo para pasar el duro invierno en San Petersburgo, así que pasa calumnias hasta que consigue costearse el abrigo. Pero se lo roban a las primeras de cambio. Pide audiencia a un personaje importante para que interceda por él y recupere su capote. Claro que el personaje importante es un déspota y no le hace caso. Al final, el relato adquiere tintes fantásticos.


Esa denuncia de clases, esa superioridad de unos sobre otros, la importancia de las apariencias, etc. escrito en los años cuarenta del siglo diecinueve. Eso es un Clásico, con C mayúscula (autoplagio autorizado)