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jueves, 24 de mayo de 2012

Una edad difícil - Anna Starobinets

Es curioso pero de repente un nombre como Anna Starobinets pasa de ser totalmente desconocido para mi a convertirse en alguien a la que quiero seguir la pista y su evolución como escritora. Y esto se debe, fundamentalmente, al trabajo encomiable de editoriales independientes que, por encima de todo, son profesionales. Podrán equivocarse con algunos títulos, pero al menos podrán tener la conciencia tranquila ya que habrán apostado por la calidad de la obra, no por el renombre que el autor pueda tener o por los miles de ejemplares que puedan vender. Claro que una editorial es un negocio. La diferencia entre los grandes grupos y las editoriales independientes estriba en un pequeño matiz: estas últimas entienden que NO solo es un negocio. Y arriesgan. Y, a veces, aciertan. Como con Anna Starobinets.

La presente antología recoge ocho relatos de diferente extensión: desde el que da título al libro, de más de setenta páginas, hasta el último relato, Espero, de cuatro páginas, siendo en la media distancia, en torno a las treinta páginas, donde la autora se encuentra más cómoda.

Solamente por el cuento titulado como el libro, Una edad difícil, ya compensa hacerse con este ejemplar. En él se nos cuenta la historia de dos gemelos, Maxim y Vika, que viven con su madre, Marina. Tras una otitis aguda, Maxim comienza a comportarse de manera extraña. Tiene ocho años. La historia va y viene hasta los dieciséis. El comportamiento de Maxim es cada vez más preocupante. Se vuelve cada vez más huraño; no se relaciona con nadie y no tiene amigos en el colegio. Además, cada día está más gordo y no se asea. La atmósfera que crea Starobinets es asfixiante e inquietante, capaz de erizar los vellos de punta.

Esta es una de las bazas más fuertes de la escritora rusa: la creación de ambientes desasosegantes dentro de la normalidad cotidiana. Algunos de los cuentos, como La grieta o Las reglas, son cuentos más de espacio que de trama.

La figura de la identidad y del yo está muy presente en cuentos como Vivos o La agencia, este último, a mi entender, muy borgeano, con una trama pseudopolicial/detectivesca que tanto admiraba el escritor argentino.

En La eternidad de Yasha, podemos ver más claramente su influencia patria, concretamente en la figura del genial Gógol. Ese hombre que un buen día se levanta y descubre que no tiene pulsaciones recuerda en gran medida al asesor Kovaliov que perdió su nariz. Pero también el protagonista de La eternidad de Yasha tiene ciertas similitudes con el protagonista de El capote al ser marginado por sus compañeros de trabajo; este por no llevar su prenda de abrigo, aquel por haber perdido el corazón.

Por último, La familia, puede leerse (y debe leerse) bajo la clave de la identidad, pero también, o de manera complementaria, en clave social: la monotonía del matrimonio y la vida conyugal.

Nos encontramos, pues, con un gran libro de relatos emparentados, por un lado, con la mejor literatura de terror y, por otro, con la mejor tradición rusa.


lunes, 10 de octubre de 2011

Rusia Imaginada - Varios Autores (Edición: Care Santos)

Creo que hay varias razones para hacerse con este libro. La primera es por el propio país, por Rusia. Gran parte de los amantes de la literatura hemos crecido literariamente hablando leyendo a los clásicos del siglo XIX de aquel país que estaba tan lejos y estaba siempre nevado. Nos familiarizamos con palabras como samovar o dacha y estuvimos muy atentos para no perdernos con los nombres de los personajes que aparecían hasta de tres formas diferentes en apenas dos páginas.

La segunda razón por la que hay que hacerse con este libro es por la edición. En estos tiempos que corren en los que los más optimistas dan quince años (por poner una fecha) más de vida al libro en papel, editoriales independientes como Impedimenta, Contraseña o la propia Nevsky están realizando una labor encomiable para darle al libro el valor que se merece; el libro como objeto, como placer estético, como arte. En plena revolución digital, los grandes grupos editoriales, salvo honrosas excepciones, cada vez se preocupan menos por la labor editorial y se les ven muy dispuestos a entrar de lleno en el mundo de los ebooks, cosa que me parece legítima. De hecho, puede que para su mercado, ese sea el formato idóneo. En cualquier caso, es un tema largamente discutido que aquí no tiene cabida.

La tercera razón por la que se tienen que hacer con este libro es la más importante, por el contenido. Por los cuentos. Diez eran diez los cuentistas, que en realidad son once si contamos, y hay que hacerlo, el epílogo de Care Santos. La calidad media de las narraciones es bastante aceptable, sin embargo hay un par de cuentos que superan con creces la media. Uno es El príncipe Hamlet de Mtsenk de Óscar Esquivias; el otro, Los siluros de Prípiat de Daniel Sánchez Pardos.

El texto de Esquivias es un relato pausado, moroso, en el que se nos va desgranando poco a poco la historia: el talento para la música de Yuri; la relación de este con su padrastro; con su amigo Vania, etc. Y el final abierto para que el lector participe.

En cuanto a Los siluros de Prípat, nos encontramos con que el protagonista ha tenido un brote de locura en su trabajo. Su hermano, al que le ha abandonado su mujer, se lo lleva a pescar a Prípiat, cerca de Chernóbil. En el aeropuerto conocen a un tal Alexandr, un astrónomo que también se dirige hacia allí.

Pero hay más, la relación de las dos hermanas en el cuento de Jon Bilbao; la road movie alucinada de Esther García Llovet; o los mil y un nombres del Soldado ruso de Berta Vías Mahou.

Así que ya sabes, Товарищ, tienes que leer este libro.