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domingo, 3 de marzo de 2013

Albatros - José Luis Torres Vitolas

En la tradición de las grandes novelas políticas latinoamericanas, José Luis Torres Vitolas reconstruye en esta brillante obra una época negra reciente de Perú, la del presidente Alberto Fujimori.

En Ginebra, dos antiguos miembros del ejército se reúnen después de más de veinte años y recuerdan los convulsos primeros años de los noventa. Sendero Luminoso, la violencia, los escándalos, el narcotráfico, se dan cita en esta dura novela.

Estructuralmente me recuerda a dos obras maestras del también peruano Mario Vargas LLosa como son La ciudad y los perros o Conversación en la catedral; y, más recientemente, a Bioy del, de nuevo peruano, Diego Trelles Paz, con la que además comparte ciertas líneas temáticas. 

Diálogos que se entrecruzan en el espacio y en el tiempo, personajes que hablan del pasado y del presente, artículos periodísticos y voces populares. Novela que necesita de un lector cómplice, cosa que se agradece enormemente, que se involucre en la historia y que vaya desenmarañando poco a poco la madeja para que, al final, todo cobre sentido. Lectura para leer de manera atenta, para no perderse pasajes y frases pronunciadas por unos y por otros, porque no sabemos quiénes hablan y cuándo lo hacen.

Realmente buena esta novela, de una madurez literaria admirable.

viernes, 20 de enero de 2012

Residuos - Tom McCarthy

Había leído varías críticas muy favorables de este libro así que me decidí a leerlo. Primero vayamos con la sinopsis y luego con la opinión personal.

Al protagonista de esta historia, narrador en primera persona, algo le ha caído del cielo, le ha golpeado y le ha dejado en coma unas semanas. Al despertar, su abogado le consigue una indemnización de ocho millones y medio de libras a cambio de que se olvide del accidente y que no se lo cuente a nadie. Parte del dinero el protagonista lo invierte en bolsa, con tan buena fortuna que en seguida comienza a ver resultados positivos en su cuenta. Un día, en una fiesta, y mirando una grieta en el baño del anfitrión, tiene un déjà vu: visualiza flashes de un edificio, de algún vecino, de las tejas del edificio de enfrente y de unos gatos que se paseaban por allí. Ya tiene su misión: recrear ese recuerdo lo más fielmente posible, con sus vecinos tocando el piano, arreglando una moto o sacando la basura. Para ello contrata los servicios de una empresa que, con Naz a la cabeza, un tipo que no hace preguntas y ejecuta los deseos de su cliente sin parpadear, se ocupa de toda la logística para poner en pie toda la performance. Una vez que consigue esto, el protagonista recrea otras situaciones.

Bien, la historia es buena y el escritor escribe correctamente, pero me quedan algunos cabos sueltos. El primero, que no entiendo las motivaciones del protagonista (¿su idea es recrear ciertos hechos porque siente una especie de éxtasis al hacerlo?); el segundo, ¿qué lleva a un grupo de personas a ejecutar unas órdenes y repetirlas una y otra vez porque un gilipollas se lo pida? Que sí, que eso es al fin y al cabo lo que hacemos todos trabajando y, el protagonista de la novela paga muy bien a sus actores (aunque por otra parte son bastante esclavos); tercero, ¿por qué el personaje de Naz, que por otro lado me parece muy bien construido, no se cuestiona en ningún momento lo que hace el protagonista?

Al principio da la sensación de que al personaje le pasa algo, su forma de actuar en las primeras páginas nos hace pensar eso; se plantea todo lo que hace hasta el infinito, describe todo minuciosamente, se dirige hacia un lugar, recapacita, vuelve. Daba la impresión de que era una especie de genio algo tarado, pero a medida que avanza la novela esa idea se va desdibujando por la de un simple imbécil que consigue lo que quiere gracias al dinero. Es uno de los personajes por el que más rechazo he sentido en mucho tiempo, aunque puede que esta sea la idea de McCarthy, en cuyo caso, lo ha logrado con creces. De verdad que este personaje me lo ha hecho pasar muy mal con su forma de actuar.

martes, 13 de diciembre de 2011

Ensimismada correspondencia - Pablo Gutiérrez

Antes que nada quiero dejar claro que esto no es una reseña (si es que alguna vez he hecho una reseña en este blog). Solamente es una nota marginal con unas sencillas pautas:

1. Un autor: Pablo Gutiérrez.
2. Un libro: Ensimismada correspondencia.
3. Una petición orden: Leedlo.

Finalista del II Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero, cuyo ganador fue Marcos Giralt Torrente con la obra El final del amor, Pablo Gutiérrez nos entrega nueve cuentos, más el que escribió para la revista Granta, que llevan su inconfundible factura. Y es que la prosa de Gutiérrez es fácilmente reconocible. Lo que es más complicado es tratar de averiguar sus influencias. Yo no se las encuentro, y creo que tengo algunas lecturas a cuestas. Su estilo me parece muy personal. Y por eso me resulta complicado hablar de esta lectura.  

Los relatos que componen la antología son duros, como la vida, pero hay poesía, también como en la vida. Porque lo importante es la mirada con la que se digan las cosas y la de Pablo Gutiérrez está llena de lirismo dentro de la cruda y monótona realidad.

Fin de la nota.

sábado, 6 de agosto de 2011

Alma - Javier Moreno

A lo mejor soy yo que soy un inculto. A lo mejor soy yo que no estoy al tanto de la literatura contemporánea. O, a lo mejor, es que sencillamente esta novela es otra de tantas donde se ensalza algo que, o yo no lo sé ver, o es que no aparece en la novela. Aunque como dice en la contraportada: esto no es un libro, esto es un alma. Pues ya dice mucho, para mal. Porque yo quería leer un libro, pero bueno, leeremos el alma a ver qué tal...

Y resultan que son una concatenación de frases que al señor Moreno le vienen a la cabeza, sin sentido ni criterio. No me creen, lo sé. Pues aquí va un ejemplo:

"Una vez descubrí una pluma en mi pelo. No sé como llegó hasta allí. La conservé durante días. Cuando caminaba hacia el colegio procuraba que mis pies se posasen sobre las losas de color sepia, evitando las de color blanco. No recuerdo la primera vez que bebí cerveza. Jamás he hecho un test de inteligencia. No hacer test de inteligencia me parece un síntoma evidente de inteligencia."

Si esto fuera la definición que el autor hace sobre un personaje que está algo tarado estaría bien. Pero no. Esta es la voz del narrador. Este es su estilo. Y así 140 páginas se hacen eternas.

Claro, la crítica que lo sube a los altares dice que es el síntoma de los nuevos tiempos que corren, tan acelerados y caóticos, que esta es una muestra clara de la sociedad actual, bla bla bla. La crítica, tan especializa, tan erudita, tan de suplementos, ¿no conoce las vanguardias? ¿No sabe que esto se inventó hace ya casi 100 años?  De verdad que me parece un insulto al lector. No me importa la creación de artificios, recibo con los brazos abiertos cualquier tipo de innovación, lo que no soporto es que me hagan creer que esto es el súmmun de la literatura. Por ahí no paso.

lunes, 18 de julio de 2011

Rosas, restos de alas - Pablo Gutiérrez


Hace meses leí Nada es crucial. Reconozco que no sabía nada de Pablo Gutiérrez; lo descubrí por el premio ojo crítico (uno de los pocos premios “conocidos” que tienen prestigio, a mi modo de ver. Algunos ganadores: Ismael Grasa, Jon Bilbao, Alberto Olmos, Pilar Adón… a mí me sirve como garantía de calidad).  El caso es que empecé la novela y me costó un poco acostumbrarme a su mundo. Sin embargo no podía dejar de leer. Poco a poco fui adentrando en la historia de estos dos parias (Macu y Lecu). Finalmente caí rendido ante la prosa de Pablo Gutiérrez (esto suena cursi, pero es cierto). Digámoslo de otro modo pues: la forma de narrar de Pablo Gutiérrez tiene una fuerza arrolladora (ves, si es que suena igual de cursi). Y en que me baso para ello, bueno, que hasta que cayó ese libro en mis manos yo nunca había leído algo parecido a la prosa de Gutiérrez, ¿alguien me puede decir sus influencias, de qué fuentes ha bebido? En esa historia narraba algo duro, serio, dramático, pero desde el punto de vista de un cuento de hadas. En su día comenté que me parecía un cuento realista y sucio (que no realismo sucio). Y lo sigo manteniendo.

Busqué más obras suyas, pero me fue imposible encontrar Rosas, restos de alas en la edición de La Fábrica. Ahora, felizmente, se reedita junto con seis cuentos. No voy a hablar del argumento, qué más da. Lo importante es la manera en que se aborda, el estilo, la prosa cuidada. En definitiva, que se puede escribir de otra forma. Es cierto que me causó mejores sensaciones Nada es crucial. Esto se puede deber a dos motivos:

1.   Era la segunda obra y estaba más trabajada, más madura.

2.  Era la primera obra suya que leía y me sorprendió más

Si se da este segundo caso, supongo que es porque ya ha dicho todo lo que tenía que decir, que ya no es posible causar esa primera sensación, que solo podrán disfrutarle la panda de neófitos que van a salir a comprar un libro suyo cuando lean esta reseña (es que tengo mucho poder). Yo esperó fervientemente que sea la primera opción, en cuyo caso, espero la tercera obra con ganas.