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martes, 20 de septiembre de 2011

Caribou Island - David Vann

Si en Sukkwan Island la segunda mitad del libro mejoraba toda la tediosa primera parte dándole sentido al libro y se nos mostraba un David Vann mucho más visceral, en esta nueva isla, el desenlace, que se precipita en las últimas quince páginas, es inverosímil y, por mucha belleza poética que se esfuerce en mostrar, el resultado es bastante débil. Digo que el desenlace es inverosímil, pero no imprevisible, de hecho desde la segunda página sabes lo que va a pasar, más si cabe si se ha leído el anterior libro de Vann. Y es que el argumento, en una de las historias, es el mismo. Si en la otra un padre y un hijo distanciados se marchaban a una isla inhóspita a vivir a una cabaña para ver si podían limar asperezas, en esta ocasión es un matrimonio cincuentón el que trata de arrimar posturas construyendo una cabaña para pasar el invierno en una isla (también inhóspita y también de Alaska). No sé vosotros, pero yo cada vez que he trabajado con alguien conocido hemos acabado discutiendo por eso de que cada uno tiene su punto de vista y como la confianza da asco, nos soltamos sapos y culebras por la boca. Luego la cosa se soluciona tomando unas cervezas. Pero si te va mal con tu mujer y no se te ocurre mejor idea que llevarla a construir una cabaña con cuatro maderas en la que vais a pasar tres meses a unos diez grados bajo cero pues igual la crisis matrimonial no la solucionáis.

La otra historia es la de la hija del matrimonio, que vive con un dentista adinerado. Estos también viven su propia crisis: ella quiere compromiso y casarse; él quiere tirarse a todo lo que tenga piernas, si tiene dos mejor, pero no es un requisito imprescindible. Para muestra, un botón:

" De pie ante el fregadero, mientras lavaba la lechuga, Jim encontró la solución. Dedicaría el resto de su vida al sexo. Se pondría en forma para poder acostarse con tantas mujeres como pudiera".

En fin, que el libro no es malo; David Vann sabe narrar, tiene un estilo aséptico y seco, e hilvana bien la historia, pero que necesito reconciliarme con la literatura, leer ese libro que me deje destrozado, como cuando era joven e impresionable.

martes, 12 de julio de 2011

Sukkwan Island - David Vann


Novelas sobre padres e hijos hay unas cuantas. Desde la famosa Carta al padre de Kafka hasta una de las lecturas que más gratamente me ha sorprendido en los últimos meses, Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente. Cada cual, que complete con el título que más le haya gustado.

Sukkwan Island es también una novela de padres e hijos. Concretamente sobre un padre que no se le ocurre mejor idea para pasar más tiempo son su hijo que irse a vivir con él a una cabaña en una isla inhóspita de Alaska.

El libro está dividido en dos partes:

En la primera de ellas, la narración avanza lentamente. Vann se recrea contándonos que hacen el padre y su vástago: pescar, comer, cortar leña, dar paseos… el padre y el hijo no se entienden. Como cualquier padre y cualquier hijo. Pero es que además, aquí el padre llora por las noches, lo que hace que el hijo se avergüence de él por las mañanas.

Una mañana el padre se obsesiona con que tiene que recuperar a su segunda exmujer y comienza a llamarla por radiofrecuencia y le dice lo de siempre: he cambiado, estar alejado de la civilización ha hecho darme cuenta de lo mucho que te necesito, etc. La ex reacciona como todas. No se lo cree. La narración da un giro (que no voy a contar para no estropear el libro).

La segunda parte es mucho más macabra y dura. Es un viaje a la locura, prácticamente.

El estilo de Vann es seco y directo. Se le ha comparado con La carretera de McCarthy, y es verdad que se asemeja, pero es que a mi La carretera tampoco me gustó mucho. Me pareció demasiado repetitivo en ocasiones. Y con esta ocurre igual. Sobre todo en la primera parte. Sin embargo en la segunda creo que mejora el libro, y el final me parece de una justicia poética aterradora.