"Al evocar estas enojosas abominaciones de la salvaje vida rusa, por momentos me pregunto: ¿de verdad vale la pena hablar de esto? Y, con renovado convencimiento me respondo: vale la pena".
Pues claro que vale la pena, amigo Gorki, porque aunque tu infancia fuera dura, vivieras en un ambiente opresor donde a las primeras de cambio te llevaras unos buenos azotes de tu abuelo; aunque vivieras en un ambiente hostil donde tus tíos andaban todo el día encarándose y discutiendo (he de decirte, amigo Gorki, que por momentos he recordado el ambiente que se respiraba en la calle de Aribau, donde Andrea vivía también con unos tíos que no se llevaban del todo bien, por decir un eufemismo, en aquella inolvidable novela de Carmen Laforet. Aunque, bien es cierto que lo tuyo fue peor, mucho más duro, tanto física como psicológicamente); decía, que aunque la violencia estuviera a la orden del día y la sufrieras en tus propias carnes y, lo que es más duro, vieras a tu abuelo golpear a tu madre y a tu pobre abuela, con lo buena que era contigo, que te contaba cuentos que luego memorizabas (y el abuelo, aunque luego perdió la cabeza y se hizo insoportablemente avaricioso y egoísta, en el fondo no era tan mala persona; al fin y al cabo te enseñó a leer). Pues a pesar de todo, amigo Gorki, merece la pena, y mucho, hablar de todo esto. Sé que para ti es complicado hacerlo, al fin y al cabo estamos hablando de tus recuerdos, pero a cambio has dejado un legado memorable. La madre, sí, todos te conocemos principalmente por ese libro, pero no fue el único, y esta autobiografía novelada es una muestra de ello. Porque está demostrado que los años de infancia marcan de una manera o de otra, nuestra personalidad, lo que seremos en el futuro. Así que gracias a esta pequeña bildungsroman creo que te conozco algo mejor.
Estoy deseando que los editores de Automática editorial publiquen tus dos siguientes trabajos autobiográficos: Por el mundo y Mis universidades.
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jueves, 8 de marzo de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
El corazón de las tinieblas - Joseph Conrad
En mi autoimpuesta deuda para paliar mi analfabetismo con los clásicos he de decir que la novela que correspondía a febrero era La Regenta, pero entre unas cosas y otras la he ido dejando. No del todo, la sigo leyendo a cuentagotas, pero se me está haciendo más pesada de lo que imaginaba y, si bien me está interesando, prefiero racionalizarla en pequeñas dosis. Así, por contra, leer El corazón de las tinieblas de una tacada es una de las cosas más sanas que uno puede hacer hoy en día. Manejo la edición conmemorativa del cuarenta aniversario de la editorial. Edición bolsillo con tapa dura, estudio preliminar y notas y la portada original de Daniel Gil. Todo ello por cuatro euros. En realidad son diez euros, lo que también es una bicoca, pero cuando me hice con este ejemplar trabajaba en una librería y el comercial de Alianza nos vendía estos ejemplares conmemorativos con un 60% de descuento porque, en principio, los que no vendieran los guillotinarían. Fue la primera vez que oí que "sacrificaban" libros. En otras ocasiones lo que hacen es saldarlos, que me parece mucha mejor idea, la verdad. Sea como fuera, nuestro jefe nos dejaba los libros al precio que le habían costado a él, así que mis compañeras y yo nos hicimos con unos cuantos títulos: El mito de sísifo, La metamorfosis, Peter Pan, Kim, Alicia en el país de las Maravillas...
Me da bastante reparo hablar de los clásicos. Hay numerosos estudiosos que le han dedicado días, meses y años a construir un discurso serio y fundamentado. Yo solo escribo unos cuantos párrafos sin pensar mucho en ellos. Alguna idea. Alguna sensación. Y poco más.
Podría hablar de que esta novela es un relato (cinco marineros en la embarcación Nellie surcando el Támesis y contado en primera personal del plural) dentro de otro relato (Marlow da cuenta de un viaje que hizo remontando el río Congo en busca del enigmático Kurtz). O del viaje al corazón de las tinieblas que es el viaje al interior de uno mismo cuando se enfrenta a la soledad y a lo desconocido. Incluso, podría hablar, de la crítica a la colonización brutal que estaba llevando a cabo Europa frente a África. Sin embargo no lo voy a hacer. Hay miles de estudios para el que quiera profundizar en el tema. Pero no hay que olvidar que lo importante y primordial es la fuente; es de ella de donde se extrae todo. Y la fuente, en este caso, es un libro de 1902 escrito por Joseph Conrad y que debería ser de obligada lectura en los institutos en tan variadas asignaturas como Historia, Ética, Filosofía, Religión o Economía.
lunes, 16 de enero de 2012
Tiempos difíciles - Charles Dickens
Esta es probablemente la entrada más larga que haga hablando de mí. No obstante, caro lector, puedes ir directamente más allá de las líneas, que es donde empieza la crítica.
Este año me he propuesto, entre otras cosas, leer un clásico al mes. He leído y leo mucho y, sin embargo, tengo grandes lagunas en cuanto a los clásicos se refiere. Una de las hipótesis que manejo de esta tara es que empecé a leer muy tarde. No me refiero al proceso de aprendizaje, sino al gusto por la lectura. No fue hasta los diecinueve o veinte años que sentí la necesidad de leer a diario, por ello me perdí grandes obras que ahora trato de paliar con esta "obligación" autoimpuesta. Y lo hago así porque si no sé que al final lo voy dejando por novedades y solo me leo uno o dos clásicos al año.
Por otra parte puede que tenga algo de positivo llegar a los clásicos tarde: los puedo entender mejor, al menos ahondar más en ellos. Creo que fue Pere Gimferrer el que dijo que el Quijote no se entiende hasta los venticinco años. Yo recuerdo haber leído la primera parte en el instituto y haber querido morir en el intento. Luego, al cumplir los veintitrés, leí las dos partes y disfruté más. Por último, en la carrera, (empecé la carrera muy tarde) con una profesora que nos explicaba todo el entramado, el contexto, los guiños a la época, etc. fue un auténtico gozo leerlo. Son tres lecturas muy diferentes del mismo libro.
Los libros que voy a leer no lo tengo claro, el que me apetezca en ese momento; la lectura es o debería ser un placer, así que no tengo por qué hacer una lista de lo que voy a leer en los próximos doce meses. Además que un libro te lleva a otro que en principio no sabías de su existencia por lo que cualquier listado me parece ridículo. Sí que me gustaría apostar por los rusos, pero no sé cuáles. Y por dos clásicos españoles: La Regenta y Fortunata y Jacinta. El hecho de que haya estudiado hispánicas y no me haya leído estos libros no es culpa mía, del todo quiero decir. Son dos libros de gran grosor, así que los diferentes profesores que he tenido relacionados con el siglo XIX español no nos los mandaban leer porque no había tiempo. Nos instaban, eso sí, a leerlo durante el verano. Mi propósito era hacerlo pero al final, como comentaba un poco más arriba, vas dejando a los clásicos en detrimento de lo actual. Por último, no me gustaría que acabara este año posponiendo la lectura de Proust.
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La primera lectura que he escogido ha sido Tiempos difíciles de Charles Dickens. No había leído todavía nada de Dickens (aunque ahora recuerdo que sí que leí Calle sin salida, escrito a cuatro manos junto con Wilkie Collins, en el colegio; pero no tengo recuerdo alguno de la lectura), así que era una buena primera elección. Además, el hecho de que este año se cumple el bicentenario del nacimiento del escritor inglés me parecía un homenaje, estúpido por otra parte. La elección del título se lo debo a una profesora que me dio la asignatura Novela y sociedad en la época victoriana y nos recomendó de Dickens Casa desolada, Grandes esperanzas y Tiempos difíciles. El hecho de que escogiera este último es fruto de la casualidad. Compré en su día las obras completas de los clásicos que editó Aguilar, cogí un tomo al azar, y apareció esta novela.
Aquí debo comentar los pros y contras de estas obras completas de Aguilar. Los pros son que aparecen obras que hace tiempo que no están reeditadas, o están descatalogadas directamente, y si te interesa, ahí las tienes para su uso. Los contras, principalmente, son las traducciones. A Dickens lo tradujo José Méndez Herrera y, si bien es cierto que se ajusta todo lo posible al original, en ocasiones traduce tan literal para no perder el sentido, que lo pierde completamente, como si de un traductor en línea se tratara. Pero lo horroroso es la manía de españolizar el nombre de los personajes y del propio autor, "Carlos" Dickens. Dicho lo cual, y en vista de que en la biblioteca de mi barrio no tenían ninguna edición de Tiempos difíciles, me tuve que conformar con esta.
Tiempos difíciles se sitúa en la ciudad imaginaria de Coketown, donde el humo de las fábricas impregna todo el ambiente. Debido a esta industrialización, se da en Tiempos difíciles dos mundos enfrentados que surgieron a raíz de la Revolución Industrial: los obreros y los empresarios. Los primeros solo viven para trabajar. Los segundos solo piensan en recaudar y son crueles y despiadados. Entre estos dos polos aparece el circo, el único espacio que parece más humano. Será de allí, del circo, de donde salga la niña que ponga algo de cordura al espíritu de la ciudad, encarnada en sus protagonistas, Sissy Jupe.
La novela, por otra parte, hace una crítica al utilitarismo, tan en boga por esas fechas, donde la imaginación está fuera del conocimiento, donde lo que prima es el pragmatismo más acervado.
Puede que esta sea una de las obras más dickensianas de Dickens, esto es, donde los personajes están más cercanos al cliché, rayando, en ocasiones, la planicidad, y donde se ve más claramente a quién quiere criticar y quiénes son los culpables. No obstante, creo que precisamente por esa condición de ser la obra de Dickens más auténticamente suya, digámoslo así, es una buena primera toma de contacto para acercarse a su obra. Sí después de esta lectura no hemos salido defraudados y queremos seguir indagando es su mundo, podemos sumergirnos en obras más densas como, precisamente, Casa desolada, por ejemplo.
Tiempos difíciles se sitúa en la ciudad imaginaria de Coketown, donde el humo de las fábricas impregna todo el ambiente. Debido a esta industrialización, se da en Tiempos difíciles dos mundos enfrentados que surgieron a raíz de la Revolución Industrial: los obreros y los empresarios. Los primeros solo viven para trabajar. Los segundos solo piensan en recaudar y son crueles y despiadados. Entre estos dos polos aparece el circo, el único espacio que parece más humano. Será de allí, del circo, de donde salga la niña que ponga algo de cordura al espíritu de la ciudad, encarnada en sus protagonistas, Sissy Jupe.
La novela, por otra parte, hace una crítica al utilitarismo, tan en boga por esas fechas, donde la imaginación está fuera del conocimiento, donde lo que prima es el pragmatismo más acervado.
Puede que esta sea una de las obras más dickensianas de Dickens, esto es, donde los personajes están más cercanos al cliché, rayando, en ocasiones, la planicidad, y donde se ve más claramente a quién quiere criticar y quiénes son los culpables. No obstante, creo que precisamente por esa condición de ser la obra de Dickens más auténticamente suya, digámoslo así, es una buena primera toma de contacto para acercarse a su obra. Sí después de esta lectura no hemos salido defraudados y queremos seguir indagando es su mundo, podemos sumergirnos en obras más densas como, precisamente, Casa desolada, por ejemplo.
sábado, 30 de julio de 2011
Vi - Nikolai Gogol
Aquí llega Gogol de nuevo para dejarnos un libro y decir: “Mirad ignorantes, así se escribe”. Y transforma una leyenda ucraniana, la del jefe de los gnomos, Vi, que tiene unos párpados que le cuelgan hasta el suelo, en un cuento de terror impecable, que juega con la oralidad, que mezcla hechos cotidianos con un mundo fantástico y que si tienes huevos te lo lees por la noche en tu casa, sentado en mitad de un cuarto y como única iluminación la débil luz de una lámpara de escritorio. Luego me contáis.
Las ilustraciones de Luis Scafati, inquietantes y angustiosas, le vienen que ni pintado al relato.
¿Y de qué va? Pues de un tipo al que le pasa una cosa muy extraña en una posada: la posadera le embruja y lo utiliza como caballo para darse una vuelta por la estepa.
Cuando el tipo se deshace del embrujo y vuelve a la civilización, recibe la noticia de que tiene que velar el cuerpo de una chica a la que él no conoce. Sin embargo, fue voluntad de la chica que esto así fuera.
Gogol compagina los ratos de despreocupación mientras bebe o el cuentan anécdotas los parroquianos durante el día, con las misteriosas y aterradoras noches compartiendo habitación con la difunta.
Y si no os vale con esto, decir que en una hora y media lo tenéis leído; vamos que mientras que hacéis la digestión, tumbados en una toalla, os da tiempo de sobra.
viernes, 22 de julio de 2011
Por qué se pelearon los dos Ivanes - Nikolai Gogol
Continuando con la relectura veraniega de Gogol, hoy es el turno de esta nouvelle que, en mi caso, más que relectura es descubrimiento porque no la conocía.
Los Ivanes, Ivanovich y Nikiforovich, son dos amigos de toda la vida. Vecinos, incluso, un buen día Iván Ivanovich descubre una escopeta que pertenece a Iván Nikiforovich. Le hace una oferta por ella, pero Nikiforovich no está dispuesto a venderla. Una cosa lleva a la otra, comienzan a insultarse y, en un momento dado, Nikiforovich llama a Ivanovich ganso. ¡Y hasta aquí podíamos llegar! Ivanovich se va muy ofendido. A partir de este momento, comienzan las rencillas: uno invade su terreno y construye un corral para gansos, el otro lo destruye a martillazos; Uno denuncia, el otro también. La disputa van en aumento, poco a poco, hasta el desolador final.
Total, que Gogol demuestra que el ser humano es el animal más gilipollas que hay sobre la faz de la tierra, y lo hace tan bien que te da igual pertenecer a esa especie.
Dices: “coño que Gilipollas son, son como yo, unos gilipollas sin remedio”. Y te hace hasta gracia que te demuestre lo vil y estúpidos que somos.
Por cierto, que igual es obsesión mía con Kafka, pero la parte de las denuncias y la posterior resolución del conflicto que se alarga años y años me recuerda tanto al amigo Franz. Quizás porque ambos abordan en sus obras a personajes de a pie, unos cualesquiera; y esos son esos tipos grises (aunque lleven la corbata naranja) que pululan por la vida con papeles e informes incomprensibles.
domingo, 17 de julio de 2011
El capote - Nikolai Gogol

El verano es un buen momento para releer y redescubrir a los clásicos. O eso dicen. Yo creo que cualquier momento es bueno, y que si bien durante las vacaciones estivales tienes más tiempo, si lees, lo vas a hacer siempre. ¡Qué más da leerse una novela decimonónica en marzo que en agosto! El caso es que como ser humano que soy me contradigo, y este verano lo estoy dedicando a volver a leer a Nikolai Gogol, maestro de maestros (esto suena muy bien). Además no lo digo yo, lo dice Dostoievsky: “todos venimos de El capote de Gogol (esto también suena muy bien, lo de citar a alguien. Me estoy cubriendo de gloria en este post).
El primero que he cogido de la estantería ha sido precisamente El capote. Recuerdo que la primera vez que lo leí fue en un taller literario y quedé asombrado. Me pareció tan kafkiano (antes de Kafka). Adoro a este tipo de personajes: oficinescos y grises. K., Bartleby y Akaki Akákievich son la triada perfecta.
Decir de qué va el libro a estas alturas es vergonzoso, pero como no tengo vergüenza ninguna os cuento brevemente y a mi manera, claro. Akaki Akákievich es un oficinista fruto de las bromas de sus compañeros. No tiene un duro, pero necesita un capote nuevo para pasar el duro invierno en San Petersburgo, así que pasa calumnias hasta que consigue costearse el abrigo. Pero se lo roban a las primeras de cambio. Pide audiencia a un personaje importante para que interceda por él y recupere su capote. Claro que el personaje importante es un déspota y no le hace caso. Al final, el relato adquiere tintes fantásticos.
Esa denuncia de clases, esa superioridad de unos sobre otros, la importancia de las apariencias, etc. escrito en los años cuarenta del siglo diecinueve. Eso es un Clásico, con C mayúscula (autoplagio autorizado)
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