Mostrando entradas con la etiqueta Premio Setenil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Premio Setenil. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de octubre de 2012

Historias de un Dios menguante - José Mateos

Nueve cuentos (yo aprecio un guiño a Salinger) componen este libro de relatos del poeta gaditano José Mateos. Nueve cuentos bien diferenciados en cuanto a temas, estructuras y estrategias narrativas, donde priman la prosa sencilla y directa y los silencios y el poso de amargura o de pérdida que queda tras la lectura de los relatos hace que te hagan volver al principio para volver a leerlos.

El volumen se abre con Alexis y la razón histórica, donde un terrorista arrepentido piensa en dejarlo y vivir junto a su familia mientras conduce, junto con otro compañero, una furgoneta llena de armamento. ¿Cuándo ocurre lo imposible? trata de un profesor francés que va a dictar un curso de verano en El Escorial durante los últimos años del franquismo. El profesor, en otra época más idealista, vive una existencia gris y desengañada de la sociedad. En el curso conocerá a un joven estudiante que, de alguna manera, es él mismo cuando era joven. Por último, La piedad, retrata la relación de una madre y una hija a lo largo de toda su vida. Estos tres relatos, los tres primeros, son los de mayor fuerza.

Le siguen Hora de cobrar, donde se juega con el lector que cree asistir a un relato de mafias y que finalmente Mateos le da la vuelta al argumento. Este cuento consigue mantener el suspense en el lector. La cueva sin eco, que trata sobre la pérdida de la esposa; Viñetas del lado oscuro, que nos muestra en pequeñas pinceladas la decadencia y destrucción de dos yonquis; La voz de la sangre, un relato desgarrador sobre un padre militar que participó en una emboscada en Bosnia y se lo cuenta, a petición, al hijo; Fútbol, sobre los entresijos de la prostitución de menores; y El tratamiento, donde Mateos desmonta de nuevo las expectativas que nos habíamos formado en el primer párrafo.

De esto se deduce que la característica más sobresaliente de este libro de cuentos es la mirada, siempre acertada, con la que José Mateos aborda estos nueve relatos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Geometría del azar - Fernando Palazuelos

Por segundo año consecutivo la obra de Fernando Palazuelos consigue, por méritos propios, entrar a formar parte de los diez finalistas del Premio Setenil. Si el anterior año lo hacía con Ficcionarium, libro de microrrelatos, este año el finalista es el título que nos ocupa.

Este último libro de Palazuelos gira en torno al azar, a la casualidad, a lo fortuito. A través de experiencias que vivió el propio autor, no sabemos si enmascarándolas de ficción o no (ni importa) el escritor bilbaíno construye una serie de relatos, o crónicas, de diversas situaciones donde el azar es el protagonista.

Dividido en tres partes (La danza del poliedro, La lentitud del péndulo y La rúbrica del azar), la primera y la tercera se basa en la casualidad más fortuita, si bien es cierto que en la tercera parte me parece vislumbrar una casualidad más inesperada. La segunda parte del libro me parece la más interesante. Esta parte se centra, como indica el título, en el tiempo, en las relaciones entre el ahora, o el antes, y el después. Palazuelos plantea a través de estos cuentos lo inevitable del reloj de la vida. Allí donde hay un "tic" habrá un "tac" en el futuro que complete ese movimiento pendular. El paso del tiempo hace que se cierre el círculo de algo que sucedió.

Más allá de las historias que cuenta Palazuelos, con una gran capacidad para narrar, lo que me parece más importante en este libro es, por un lado, las conjeturas que va desarrollando a lo largo del libro a modo de introducción a las tres partes en las que se divide, más el epílogo; de otro lado, el poso filosófico que rezuma sus páginas. De poco sirven estos cuentos si no te detienes en cada uno de ellos para reflexionar sobre ellos, sobre el azar, sobre el tiempo, sobre la vida.

martes, 25 de septiembre de 2012

Trastornos literarios - Flavia Company

Este libro de cuentos de la escritora argentina Flavia Company podría quedarse en un mero juego literario, en un artefacto simplón, en un pequeño divertimento. Y sin embargo, y pese a lo complicado de la empresa (cerca de 150 microrrelatos), Company ha completado un gran libro.

Lo dicho anteriormente se debe a que el libro está construido en tres apartados: "Trastornos literarios" donde escribe un cuento basado en algún tropo literario; "Frases (muy) hechas", donde hace literal la frase hecha en cuestión; y "La vida en prosa" en la que, partiendo de la base de titulares reales aparecidos en prensa, imagina una posible historia. Al autoimponerse un círculo tan cerrado, el libro podría haber caído en el maniqueísmo y la simpleza. Pero no es así. No diremos que todos los cuentos son brillantes, pues nos estaríamos engañando (y porque si Flavia Company hubiera escrito 150 cuentos maestros no solo podría dejar de escribir, si no que podría reclamar para sí y de manera exclusiva la eternidad literaria). Sin embargo, cualquier relato de este libro podría estudiar en un seminario dedicado al microrrelato.

Dos cosa hay que me gustan especialmente de este libro: la capacidad de fabulación de Company y el riesgo literario que asume. En una literatura cada vez más trillada y en la narración corta donde, y a pesar de que se arriesga más que con las grandes distancias, se está dando un ligero anquilosamiento en los últimos años (esa es la sensación que tengo al menos), descubrir nuevas propuestas, nuevas formas de decir lo mismo (ya dijo aquel que los temas en literatura son cuatro) siempre es agradable ver como hay unos pocos (en realidad no tan pocos) que resisten.


sábado, 15 de septiembre de 2012

Esquina inferior del cuadro - Miguel A. Zapata

La esquina inferior del cuadro es lo que se oculta de nuestra personalidad, lo que no mostramos a otros, lo que late en nuestro interior. La esquina inferior del cuadro es el pedazo de lona que arranca el protagonista  de sus lienzos, inocentes y cristalinos, del relato homónimo. O el desván del viejo que alquila su casa en Coleccionismo. Pero también, la esquina inferior del cuadro es el secreto y tensión que mantienen dos amigas en Inventario de tedios; o  la transformación que sufre el protagonista de Procesos. Devastaciones.

Pero por encima de ellos se erige un cuento, el primero, En flor, donde se nos narra la infancia y adolescencia de un chaval que veranea en casa de sus tíos. El primo de este es el verdadero protagonista. Como una planta, primero están las semillas: los primeros encuentros con el primo, ya desde el primer momento algo raro. Algo huraño. Algo excéntrico. Después la fertilización, donde comienza el caldo de cultivo, la verdadera personalidad. Por fin, la floración, el resultado definitivo.

Once cuentos llenos de lirismo, algo barrocos, buscando en el lenguaje la manera de decir, la manera de narrar. Llenos de una voz personal, no es un libro de cuentos redondos; hay alguno que cojea, como Noé. O Prime time. Sin embargo, sí dejan ver a un gran cuentista con un gran oficio detrás.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Los ensimismados - Paul Viejo

Ha escrito Paul Viejo un libro muy personal y muy arriesgado. Una colección de relatos, o no-relatos, insinuantes y enigmáticos, a la par que magníficos. En ellos, la trama apenas velada no nos conduce a ningún sitio. Son cuentos estáticos donde no hay acción. Todo son detalles. Cosas no dichas.

Prácticamente todo el libro es una especie de teoría sobre el cuento, pero podemos acercarnos de manera más significativa a su poética en Cada noche y, en menor medida, Un cuento es un cuento es. Así, en el primero de ellos leemos: "los cuentos que yo podría contarle no son los que ella espera, salvo que quiera que le cuente cuentos sin apenas historia, tan quietos, en los que no pasa nada" (pág. 88) Y un poco más adelante: "más difícil es contar un cuento, como los míos, que casi son ventanas rotas, fotos rotas, juegos incompletos, rompecabezas a los que a veces le faltan fichas y donde tan importante es lo que se cuenta en el cuento como lo que no se quiere o no se sabe o no se debe contar" (pág. 90).

Así, Viejo interactúa con el lector, se posiciona como escritor, habla con los personajes, los saca del papel (de manera literal) en el que están construidos y se pasean por la mesa de su propio escritorio. Pirandello, Unamuno, Vila-Matas, deconstrucción, son palabras que me vienen a la cabeza para designar los textos de Paul Viejo.

Un libro en el que no empatizas con lo que te están contando, y sin embargo no hace falta. Con el que no te sientes del todo cómodo leyéndolo, ni falta que le hace. En el que sabes que estás leyendo cuentos, en un papel, escritos por Paul Viejo, donde casi te obliga a que reflexiones sobre ello; nada de sentir lo mismo que los personajes, evadirte y dejarte llevar por la historia. No. La Literatura es más que eso. La Literatura es para los valientes. En la Literatura participan dos partes: autor y lector y ambos se tienen que dejar la piel en ello o no habrá merecido la pena el trayecto.

lunes, 3 de septiembre de 2012

La suave piel de la anaconda - Raúl Ariza

Apenas necesita Raúl Ariza un par de páginas para mostrarnos las relaciones de pareja en todas sus vertientes; desde la crueldad al amor, pasando por los celos, las caricias o los amantes, Ariza construye a través de este medio centenar de relatos cortos la biografía de la vida en pareja.

De atrás hacia adelante, como en la película Irreversible de Gaspar Noé, en el primer conjunto de cuentos se encuentra la violencia más explícita para pasar de manera gradual, a la violencia verbal, a la psicológica, al sexo, al amor y, finalmente, al tonteo y primer enamoramiento. Ese camino inverso, proporciona una mayor fuerza al libro. Nos conduce al inevitable paso del tiempo, que todo lo arrasa y lo destruye.

Su prosa es contundente, como un puñetazo en el estómago. No se anda por las ramas. Ariza escribe el cuento, casi parece que siempre ha estado ahí, y se va, dejándote doblado por la cintura, rumiando el final, intentando asimilar tanto en tan pocas palabras. Sin florituras. Sin miramientos. Prosa límpia, lúcida y certera.

martes, 28 de agosto de 2012

Lisboa - Javier Morales Ortiz

Tiene este libro cinco relatos que beben de la fuente de Carver. Pero en esta ocasión lo digo como algo negativo. Carver fue único e irrepetible (o Gordon Lish, quién sabe). El caso es que en sus cuentos aparentemente nimios, palpitaban con fuerza las constantes vitales del ser humano; sus miserias y su profundo vacío. En estos cuentos de Javier Morales me cuesta ver más allá de la nada que se cuenta.

Es cierto que perfila bien a los personajes, pero deambulan sin rumbo por las páginas sin que tengas la sensación de que la tormenta va a llegar tras la calma. Aunque sea después del relato. Al acabar de leer cada cuento sientes que el personaje se ha muerto. Y esa es una de las peores sensaciones a la hora de leer: no sentir al personaje vivo. Es curioso que si acabo de decir que construye bien a los personajes, cómo es posible que dos líneas después me contradiga argumentando que los personajes mueren con el final de la lectura. Bueno, porque les falta alma. Hace falta un paso más para que se materialicen y se personifiquen. No basta con armarlos, hay que hacerlos andar. Y ese es el principal fallo de estos cuentos.

Además, los cinco cuentos giran en torno a lo mismo, sin apenas variantes: relaciones que se truncan, dejarse llevar, ser infiel. Los personajes protagonistas parecen cortados por el mismo patrón, son muy parecidos entre si.

Y después de lo dicho, resulta que los cuentos no son para nada malos, más bien al contrario, solo que apuntar a Carver es complicado. La caída se nota más. Como dice Vila-Matas: "el escritor, como el artillero, debe apuntar alto porque sabe que la física le hará siempre quedarse corto". Pero luego apostilla: "pero cuidado: si uno apunta demasiado alto, el obús puede caerle a los pies".

martes, 21 de agosto de 2012

Crónicas de lo imposible - Lur Sotuela

Esto de "obligarte" (no leo por obliación desde que acabé la facultad) a leer todos los libros presentados a los Premios Setenil de este año trae consigo una serie de sorpresas y decepciones. Este libro de Lur Sotuela pertenece al primer grupo. Ha sido el primer gran descubrimiento en esta ingente tarea.

Construído con una prosa envolvente rayana en algunos casos a la poesía y con una gran cantidad de metáforas, los relatos que componen Crónicas de lo imposible, relatos breves o muy breves casi es su totalidad, suelen tener un trasfondo filosófico detrás; La invención del tiempo, La peculiar historia del Señor Sumers o En tránsito, reflexionan sobre el paso del tiempo, el miedo a la vida y la vida como viaje, no como destino final.

Además, Lur Sotuela hace partícipe al lector en sus relatos, no nos lo da todo mascado, algo de lo que adolecen algunos de los cuentistas que estoy leyendo últimamente. En este sentido, el cuento titulado El lector, sobre un tipo que vive encerrado en una biblioteca porque quiere saber más y más, se nos dice: "Cada día mi realidad se transforma por el hermoso encantamiento de la palabra. Cada día soy un ser diferente, un hombre distinto que reconoce su condición de extranjero (...) pero la lectura no es diversión, es entrever el conocimiento, compartir la sabiduría con el que alguna vez lo escribió, entender sus razones, sus obsesiones, observar la urdimbre de la literatura, de la historia, de la creación humana en su más profunda expresión, y después descubrir en ti ese majestuoso abanico de posibilidades, concebir conscientemente los senderos que rigen en esa infinita lluvia, y entender un poco más la idea de existir". (pág. 57). Si un escitro escribe esto, no puede por menos que respetar al lector. Y Sotuela lo hace.

Otros cuentos, como puede ser Leoncio, un gran gato que pertenece a una mujer mayor, o Las dos manos, sobre las atrocidades de la guerra, tienen un cierto aroma a clásico de terror, a Poe y a Maupassant. La bañera, también tiene ese estilo de cuento rápido, de unas pocas pinceladas cargadas de terror psicológico.

Otros cuentos a destacar podrían ser Dos hombres y un espejo donde, a través del recurso del Doppelgänger, se plantean cuestiones sobre el Yo; Cristóbla Peces, un cuento que sigue la línea del realismo mágico; o Finis Terrae y Gerard Bertoll, creador de sombras, dos cuentos que discurren en paralelo y que narran hasta qué punto es capaz de llegar el ser humano por perseguir sus sueños, el ligero trazado que va desde la autosuperación y la autocrítica a la locura más desatada.


sábado, 18 de agosto de 2012

El susurro de los arbustos - César Romero

Dieciséis son las piezas de las que se compone este libro. La mayoría versan sobre la soledad, las relaciones de parejas o personajes perturbados, asesinos concretamente. Centrémonos primero en estos últimos.

Hay dos cuentos de sendos asesinos, ambos en tercera persona. Estos son: Geometría del agua y El susurro de los arbustos. Ambos textos se construyen en un tono frío, calculador. Especialmente perturbador me parece el segundo cuento mencionado, donde se nos da cuenta de un asesinato y la manera de llevarlo a cabo de modo casi cinematográfico.

Otros relatos, como El reloj de arena, Cosas deshabitadas, o Envases sin retorno tienen una fuerte carga emotiva, sin caer en la ñoñería.

El tercer gran bloque temático, las relaciones de pareja, se puede ver en La hora de las oblicuas tristezas o La hormiga que se va al albor. Las parejas en estos relatos están al borde de la ruptura, o no, debido a la monotonía.

También hay sitio para el humor más burlón, en realidad en la práctica totalidad de los cuentos hay algo de humor, como es el caso de Si amanece para Rocco.

En general, cuentos más que correctos.

jueves, 16 de agosto de 2012

El viajero inmóvil - Ramón Rodríguez Pérez

Tiene este libro de cuentos unos altibajos muy marcados. De los quince relatos que lo componen, algunos tienen calidad literaria y otros, sin embargo, se deshacen en la lectura. Entre estos últimos hay algún que otro cuento que no pasa de mera anécdota, de contar una historia, pero sin tener la sensación de haber leído un cuento. Así ocurre, por ejemplo, con  El estigma, un hombre al que le crece un pene en la cabeza. No deja de ser un chiste, no pasa a relato, amén de llevar una frase hecha a la práctica que, no por ser obvia, el autor nos explicita en la primera linea del relato: "Decían de Jacinto Peña que siempre tenía el sexo en la cabeza".

Otros relatos, como Zona cero, plantea los cambios que va a producirse en el mundo tras los atentados del once de septiembre y lo equipara con la situación de los vagabundos donde, el cambio es que en ellos no se va a producir cambio. Una comparación algo coja.

Estilísticamente también peca Rodríguez Pérez de metáforas trilladas tales como: "larga como un día sin pan" (pág. 48) o, "me dio hostias hasta en el carnet de identidad" (pág. 121). De repetición de palabras en la misma frase: "cuando vi arder los relatos perdedores del año anterior no pude dejar de pensar de nuevo en el relato leído el día anterior" (pág. 30); "pasados los diez primeros minutos sin que Jacinto hubiese pasado de los prolegómenos" (pág. 68). Y de cacofonías: "rezonga algo entre dientes y luego parece olvidar el incidente" (pág. 45).

Por contra, los primeros cuatro relatos sí que me han parecido buenos; en especial el que lleva por título El círculo esférico, que narra la posibilidad de que un cuento de Borges se presentara a un concurso de una localidad española. Este relato me parece el mejor con diferencia.

Otros aciertos son: el sarcástico Un artista realizado, sobre la "fama" de ganar un concurso literario de provincias; el que da título al libro, El viajero inmóvil, una parábola sobre la lectura; o la misiva de A un joven poeta, lleno de socarronería y mala baba contra el destinatario.

Un conjunto, pues, bastante irregular.



martes, 14 de agosto de 2012

Los pequeños placeres - Miguel Sanfeliu

Los pequeños placeres es un título engañoso. Pocos placeres hay en estos relatos, ni pequeños ni grandes. Los pequeños placeres son los que hay que disfrutar antes de llegar a lo que llegan estos personajes en sus relatos. Porque los cuentos de Sanfeliu nos narra la cara oculta de esos placeres. Lo que sucede después de la calma; de la monotonía; de la vida anodina.

Hay mucho terror en este libro. Terror cotidiano, que asusta bastante más que los fantasmas y los castillos embrujados. Como por ejemplo, la narración en forma de monólogo de un padre de un asesino, de un hijo que "siempre fue un buen chico", en Dolor.

También es aterrador el que unos padres hagan pasar a su hija por muerta antes que reconocer que se les está yendo de las manos su dura adolescencia. Así ocurre en La muerta.

O ese amor de la primera infancia, ese amor puro que guardas en la memoria con muy grato recuerdo. Ese es un pequeño placer. Pero eso no lo cuenta Sanfeliu; eso lo intuyes. Sanfeliu da un paso más y es cuando aparece el ex compañero de colegio y te dice que esa chica tan guapa, tan dulce, esa de la que te enamoraste tan platónicamente es prostituta. Y se la ha tirado. En este cuento, titulado La niña, hay un juego de contrastes entre el mundo infantil e inocente, y la edad adulta y la maldad muy interesante.

Terrorífico también es reencontrate con un compañero de clase ahora vagabundo y ver que su vida, tan parecida a la tuya, se ha desmoronado. Esto ocurre en Eutanasia.

En esta colección hay cabida para las parejas desechas, tanto las jóvenes, La cara de Marte; como las ancianas, Tanto tiempo, un relato también bastante desasosegante.

Por último, tienen cabida en este libro, la crítica a los medios de comunicación, Reality Show; el mundo de las apariencias, Vacaciones con Edi; la inseguridad, El semáforo; incluso los pequeños chistes, La foto; o los cuentos fallidos, Encuentro casual.

Ventiún relatos narrados con bastante solvencia y un pulso narrativo firme.

lunes, 5 de marzo de 2012

Segunda residencia - Margarita Leoz

Margarita Leoz es heredera de la mejor narrativa norteamericana, esa que tiene como piedra angular a Carver, Cheever o Ford, amén de Wolf, y que tiene sus orígenes en Hemingway y, antes, en Chejov, y cuyo representante español más destacado, pero no por ello más reconocido, es Gonzalo Calcedo. En sus cuentos no se narran grandes acontecimientos; no se producen epifanías deslumbrantes; ni siquiera sus personajes parecen cambiar mucho. Se podría decir, incluso, que en muchos de estos cuentos el cambio es precisamente que no hay cambio.

Sin supersticiones, trece son los relatos de los que se compone este libro. En cinco de ellos la vida en pareja es la protagonista. Cinco parejas que están prácticamente rotas pero que siguen avanzando a fuerza de cotidianidad. Nadie se planta, nadie decide romper, aunque hayan tenido una aventura con otra mujer (Segunda residencia); la vida en común no era como la esperaban (Trajes granates al fondo del armario); o simplemente tu novio te resulte insoportable (Burbujas de cristal).

En otros dos cuentos (Estarán de obras y Llamaradas) se da un amor solo de ida. En ambos casos, el protagonista es un chico universitario, atraído en el primer caso por una compañera de facultad más mayor que él y en el segundo por su prima, con la que ha crecido. En realidad, más que amor, al menos en el primer cuento, lo que se da es una especie de aliciente a su insulsa vida. Como para probar, para tener algo de lo que preocuparse. En el segundo cuento puede que el protagonista sí que esté enamorado de su prima, pero también es un amor platónico acentuado ante la inminente boda de ella.

Por último, podríamos agrupar otros cuatro cuentos en los que sus protagonistas, todas ellas mujeres, viven una vida solitaria como doctora que se enfrenta, aunque de pasada, a sus años de infancia (En qué nos hemos convertido); como profesora (Callos a la madrileña y No es de verdad); o como fotógrafa (¿Te gusta Debussy?).

Algo que me ha parecido muy positivo y que vengo observando en las escritoras es la alternancia de narradores en primera tanto masculinos como femeninos. Los escritores normalmente escriben solo desde el punto de vista del hombre; cuesta ver un cuento o novela escrito por un hombre bajo el prisma de una mujer. Este caso en las escritoras no se da con tanta frecuencia. Una hipótesis apresurada puede apuntar hacia la formación. La historia literaria (como todas las historias de todas las artes) tiene un marcado carácter masculino, por lo que, por un lado, a las escritoras les viene dado biológicamente el punto de vista femenino, mientras que en las lecturas realizadas, en un alto porcentaje, serán narradas por hombres.

Sea como fuere, Margarita Leoz utiliza tanto la primera persona como la tercera con protagonistas hombres o mujeres, dotando a sus cuentos de una pluralidad que parece decirnos que ni unos, ni otros, nos libramos de nuestros pequeños fracasos.

             

lunes, 23 de enero de 2012

El heladero de Brooklyn - Fernando Molero

Decía Chéjov aquello de: "Si al comienzo de un relato se ha dicho que hay un clavo en la pared, ese clavo debe servir al final para que se cuelgue el protagonista". Pues bien, en los cuentos de Fernando Molero ese clavo pocas veces tiene una importancia relevante. Es un simple macguffin para que avance la trama. Así, en este sentido, poco importa que el protagonista de El heladero de Brooklyn apoye primero a Garibaldi y luego se sienta defraudado con su actuación. La reunificación italiana es solo la excusa para situar a su personaje huyendo del país para recalar en Estados Unidos. Tampoco es relevante el personaje que se hace pasar por el hijo del casero en El ojo de cristal. Ni la larga introducción de La cruz y la katana. 


Se aprecia en estos nueve cuentos la capacidad de fabular de Molero, a veces en su propio perjuicio, como en el último cuento nombrado más arriba, donde la historia se va diluyendo y va atravesando meandros, si bien es cierto que su larga extensión le permite este tipo de narración.


Tienen además, estos cuentos, mucho de homenaje al cine, desde el propio macguffin, hasta clásicos como El padrino o Uno de los nuestros en el relato que da título al volumen; El gabinete del Doctor Caligari en La tesis y el Dr. Melgari, no solo en el guiño del título, sino que toda la historia es una revisión de la cinta de Robert Wiene. También el Museo de espejos tiene algo de expresionismo alemán: "Una atmósfera de misterio lo envolvía todo. Tres tristes focos que proyectaban sendos arcos de luz sobre la pared iluminaban apenas el vestíbulo. A la derecha, detrás de un mostrador de más de dos metros de altura, un hombre sentado a una silla de vértigo, con un ridículo sombrerito y ridículos quevedos, le pidió que se acercara". Luego el propio protagonista señala: "acababa de entrar en un universo extraño y denso, a lo David Lynch". Y, en efecto, ese juego de espejos y ese mundo onírico hace pensar en el autor de Terciopelo azul.

Gusto por narrar y pasión por el cine caracterizan, pues, este conjunto de relatos.

martes, 10 de enero de 2012

Ficcionarium - Fernando Palazuelos

Casi un centenar de microrrelatos y seis cuentos de mediana extensión componen este libro del escritor bilbaíno Fernando Palazuelos. Tiene, a mi modo de ver, mucho de juego la parte de los microrrelatos, de taller de experimentación. Dije en una entrada muy reciente que no era amante de los microficciones pero reconozco que es en este campo, seguido del cuento, donde los autores más arriesgan, donde más buscan nuevas formas de expresión. Otra cosa es el resultado final.

Da la sensación de que el autor se ha divertido mucho montando estas dos partes (la parte primera y tercera del libro). Y quiere que nosotros, en cuanto a lector, también juguemos. Para ello ha creado un índice al final donde nos indica, en cada caso, si la microficción es verídica, ficcional o híbrida. Así, descubrimos que muchos hechos inverosímiles de la historia son reales y otros, que parecen auténticos, son pura invención. Este me parece un gran acierto del libro, la creación de ficciones partiendo de la Historia, pero dándoles un giro y fantaseando con otro futuro. Al fin y al cabo la Historia no es objetiva y depende mucho del autor que nos la cuente.

En cuanto a los seis relatos, integrados en la segunda parte del libro, todos giran en torno a la creación. Tienen estos cuentos un aire borgeano: la biblioteca inmensa e inabarcable de Obsesión o el cierto tono ensayístico en Vigilante nocturno, con sus universo paralelo incluido. Los personajes, asimismo, están muy bien construídos, el limpiabotas de La vida desde abajo o el ascensorista de El hombre que pudo pisar la luna me parecen de una profundidad admirable, más aún teniendo en cuenta de que no son los protagonistas absolutos de los respectivos cuentos si no, más bien, los catalizadores de la acción.

lunes, 9 de enero de 2012

Los ojos de los peces - Rubén Abella

Antes de ponerme con la reseña propiamente dicha he de hacer una pequeña aclaración: no soy muy amante de los microrrelatos. He leído unos cuantos cientos de ellos, puede que miles, y apenas he logrado rescatar cinco o seis que realmente me hayan impactado. Pienso en el magistral de Arreola ("La mujer que amo es un fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones"); en alguno de José Balza; en gran parte de Ajuar funerario de Fernando Iwasaki, y poco más. Es tan cercana la frontera entre el microrrelato y la simple anécdota o el chiste que, unas veces porque yo no logro diferenciar esa barrera y otras porque el autor no se molesta en que la diferencie, al final tengo una actitud un tanto escéptica ante este tipo de narrativa.  


Después de dicho lo anterior, si ahora digo que este libro se compone de 117 microrrelatos y que me los he leído todos sin poner pegas, es un gran elogio lo que estoy haciendo. Como es lógico, y ante tal cantidad de variables, los resultados son dispares; sin embargo, y en conjunto, el resultado es más que satisfactorio. Además tienen una pequeña particularidad, de alguna manera están interconectados por lo que si algún micro queda un poco cojo, al leer el siguiente, o dos más adelante, nos encontramos con su continuidad que sirve para cerrar mejor el anterior. Esto algún purista dirá que es demérito porque cada pieza debería responder por sí misma. O si no, no es un conjunto de microrrelatos, sino una micronovela. Bueno, sí y no. Quiero decir que me da absolutamente igual si la intención de Abella era construir lo uno o lo otro y si luego mediante acuerdo con la editorial han decidido llamarlo X. No creo en las etiquetas, menos aún en el arte donde lo que interesa es, al menos a mí,  por un lado producirme un placer estético y, por otro, hacerme reflexionar. Este libro lo consigue. Para mí es suficiente.

viernes, 6 de enero de 2012

Vidas prometidas - Guillermo Busutil

Las vidas prometidas son todos aquellos sucesos que te deberían pasar y no pasan o no como tú esperabas. O puede, incluso, que sí que pasen.

Trece son los relatos de los que se compone el último libro del granadino Guillermo Busutil. Simplemente por La siesta de Odiseo ya merece la pena el libro. Es así de sencillo. En este cuento, Busutil hace un homenaje a los libros y a sus defensores; en este caso, el abuelo del protagonista que en un momento dado dice al niño rebelde:

"Los libros son los mapas de la vida. Te enseñan a imaginarte y reconocerte en otros, te abrigan del dolor y de la soledad más fría y son lo mejor que te queda después de haber vivido. En ellos he llegado a conocerme y ya es hora de que empieces tú a descubrir las enseñanzas que encierran".

A mí con frases como estas se me aflojan las piernas.

Decía que con este único relato ya merece la pena el libro. Pero hay más, mucho más. El enternecedor La señorita Margot, sobre esa profesora que todos hemos tenido y a veces nos sorprendemos preguntándonos qué habrá sido de ella; o el conmovedor La Promoción Oxford, donde se reúnen los antiguos alumnos y la protagonista espera volver a ver a su amor de juventud. 

Guillermo Busutil no necesita de grandes historias para construir un magnífico libro de relatos, le basta con estar atento a la realidad que le rodea. Busutil es ese felino que aparece en todos sus cuentos, como de pasada, pero que está ahí para componer un mapa del hombre contemporáneo.

jueves, 5 de enero de 2012

Distorsiones - David Roas

Último ganador del Premio Setenil al mejor libro de relatos, las veintinueve piezas que componen este volumen tienen en común la cotidianidad interrumpida por algún tipo de elemento extraño. Además, Roas construye la mayoría de sus narraciones a base del humor, la ironía o el descreimiento, según el caso.

Estructuralmente se divide en dos apartados: Espejismo, donde se reúnen veinte cuentos; y Asimetrías, compuesto por nueve microrrelatos.

Hace unos cuantos días que terminé de leer los relatos y no me había atrevido a manifestar mi opinión porque no estaba seguro de ella. Por un lado, reconozco la capacidad de construir historias de David Roas pero, precisamente por eso, no sé hasta qué punto todas las historias son cuentos. Con esto quiero decir que en alguna ocasión me ha parecido más bien una primera versión de un futuro cuento que nunca aparecerá, o un esbozo a mata caballo apuntado en un cuaderno de ideas para su posterior desarrollo. Otras narraciones carecen de pulso narrativo y siento que se van desinchando las historías hasta llegar a un final desinflado o precipitado.

Luego está el asunto de los clichés; en estas narraciones se hace uso y abuso de ellos y, si bien es cierto que la gran mayoría de las veces David Roas da un giro a la narración por medio de una frase, ese darle la vuelta al cliché no deja de ser otro cliché desde hace ya tiempo: esto es, por poner un ejemplo, el miedo a los fantasmas desde el punto de vista del fantasma.

No obstante, solo es un acercamiento a su obra. Si un autor me provoca dudas con su escritura, lo que consigue es que me interese más por otras obras suyas para poder opinar de manera más consecuente.

martes, 27 de diciembre de 2011

Los pobres desgraciados hijos de perra - Carlos Marzal

Quien se acerque a estos doce cuentos del poeta Carlos Marzal se percatará de que la prisa no lleva a ningún lado. Lejos del giro en el último párrafo, del comienzo in media res, de sobresaltos varios, estos relatos están narrados con calculada morosidad; las historias avanzan lentamente pero con paso firme, con una prosa cuidada al detalle. Cada cuento necesita su espacio vital para palpitar por sí mismo y Marzal se lo cede.

Porque sus protagonistas en la mayoría de los casos evocan pasajes de su juventud; aquellos sí eran tiempos rápidos: fiestas con sus respectivos excesos, paseos en moto, una novia nueva cada semana o, incluso, cada día. Sí aquella época se vivió deprisa quizás lo mejor sea rememorarlo con calma, disfrutando de esos tiempos en los que la mayor preocupación era ganar el torneo de fútbol de verano con los amigos.

Hay dos cuentos que, por temática, me recuerdan a Velocidad de los jardines y La vida intermitente de Eloy Tizón. Tienen esa voz lírica y ese tono nostálgico del que cuenta algo sobre el final de la adolescencia. Se trata de Tierras Hondas y El primer tren de la mañana. Son dos de los mejores cuentos de la colección. En el primero el protagonista recuerda su primer amor verdadero, sus primeras veces con María, la chica más deseada de la pandilla. En el segundo, los viejos amigos se reúnen en una comida muchos años después y allí está ella. Solo que en este relato se llama Adriana, pero bien podría ser la María del otro.

A pesar de que son doce cuentos individuales persiste una mirada en todos ellos, un mismo punto de vista: la mirada del poeta.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Cuentos rusos - Francesc Serés

Antología de cuentos rusos de cinco autores nacidos en la antigua Unión Soviética. Con esta recopilación se repasa todo el siglo XX y comienzos del XXI, de una de las cunas de la Literatura del XIX. La traducción corre a cargo de Anastasia Maxímovna y la antología es obra de Francesc Serés. En total veintiún relatos que narran algunos de los episodios más importantes de la reciente historia de este inmenso país aunque, sin embargo, y a pesar de que se haga referencias, en algunos casos, a acontecimientos puntuales, estos cuentos son extrapolables a casi cualquiera de las coordenadas espacio-tiempo porque sus autores tratan temas universales. Como en toda antología, hay mejores cuentistas y peores; mejores relatos y peores.

Y hasta aquí podría llegar la crítica si no fuera porque no existen ninguno de los autores, ni la traductora que realiza el prefacio. El único verdadero es Francesc Serés, aunque no es el antólogo, sino el autor de todas las piezas que componen este libro.

Se trata, por ello, de un gran ejercicio de estilo, sin bien es cierto que no hay tanta diferencia entre estos cinco autores ficticios y llegamos, sí no a ver, sí a intuir que la mano que ha escrito estos cuentos es la misma. 

La prenda, lleno de ternura o El camino ruso, pura socarronería y mala leche, son dos joyas.

Curiosidad: el cuento titulado La campesina y el mecánico es igual en forma y fondo al titulado La vuelta, recogido en La fuerza de la gravedad. ¿Autoplagio?

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Tanta pasión para nada - Julio Llamazares


Inciso: no suelo hacer reseñas negativas; no al menos desde hace un tiempo. Puedo valorar aspectos positivos y aspectos negativos (como es lógico), pero si los segundos superan a los primeros prefiero no hacer ningún tipo de reseña. En este caso, sin embargo, al querer dar cuenta de los diez finalistas de los Premio Setenil veo consecuente comentar cualquier tipo de opinión que me merezca el libro. Dicho lo cual, comenzamos.

Su verdadero problema era que no estaba dotado para el relato (...) Por eso él no escribía cuentos: porque no era su distancia.


Así define el narrador al protagonista de Un cuento por encargo, un escritor al que le solicitan que escriba un relato para llenar el vacío de noticias que se produce en el periódico en la temporada estival. Lo curioso es que, como el propio autor señala en el prólogo, este cuento lo escribió para un periódico, por entregas. Esto nos hace pensar que, muy probablemente, Llamazares se enfrentara con el mismo problema que el protagonista del cuento, esto es, que pasaran los días y no supiera qué escribir, cómo abordar un cuento. Finalmente optaría por la metaficción para salir airoso. En ese sentido, honra al autor el sincerarse con sus lectores y poner en boca del narrador las palabras arriba señaladas.

Por otro lado, creo que casi todo cuentista entrevistado al que se le pregunta por qué cree él que el cuento no goza de muy buena salud y el público mayoritario sigue decantándose por la novela, un amplio porcentaje señala, entre otras cosas, que uno de los principales problemas son los cuentos escritos por encargo, normalmente pedidos a novelistas que no suelen dedicarse al relato corto, para rellenar huecos en los diarios. El resultado de estos compromisos suelen hacer un flaco favor al género breve. Aun en el supuesto de que miremos para otro lado cuando se dan estas circunstancias, lo que ya no logro comprender es por qué, no contentos con eso, le ofrecen la posibilidad al autor de, con unos cuantos relatos más, hacer un libro. Una vez más, Un cuento por encargo, nos da la respuesta: Aparte de pagar bien, cosa que ya sabía por experiencia, el periódico le brindaba una oportunidad de oro de contactar de nuevo con sus lectores. Llevaba tres años sin publicar un libro.

Desde El cielo de Madrid, en 2005, Julio Llamazares no publicaba una obra de ficción. Parece posible que desde la editorial recomendaran a Llamazares  llevar algunos textos a imprenta para saciar a sus lectores.

El resultado de este despropósito son tres cuentos por encargo, uno en una antología y los otros dos para un periódico, y un puñado más, hasta doce, que se parecen más a apuntes para una narración futura que relatos trabajados. Cierra la colección un microrrelato que me parece una de las piezas más destacables del conjunto.

Lo que verdaderamente me da rabia de todo este asunto, es que considero a Julio Llamazares un gran escritor, por eso me pregunto si era necesario este libro.

Reseña publicada en Culturamas el 13 de diciembre de 2011.