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lunes, 10 de febrero de 2014

Mario Levrero - Desplazamientos

Últimas de las novelas de Mario Levrero que podré leer en un tiempo, al menos hasta que me haga con otro paquete proviniente del otro lado del charco. Por fortuna aún me queda un libro de entrevistas y una recopilación de artículos sobre su obra, ambos editados por dos sellos argentinos: Mansalva, en el primer caso; Eterna Cadencia, en el caso de los artículos.

Desplazamientos viene compilado junto con otro título que ya comenté la vez pasada, Fauna.

El protagonista de esta novela corta recorre los apartamentos de un bloque de edificios que ha heredado para cobrar la renta a sus inquilinos. Hasta ahora la labor correspondía a su padre que ejercía la tiranía de propietario con sus arrendatarios. Una vez fallecido este, es el hijo el encargado de llevar a cabo la tarea. Los inquilinos se muestran reacios y fríos ante él, al que ven como el sucesor del padre; sin embargo, la intención del vástago es llevar a cabo una serie de reformas en el edificio y tener una relación cuanto menos cordial con sus vecinos.

Lo interesante de esta obra es el desdoblamiento que se produce en las acciones llevadas a cabo por su protagonista. En un momento dado la narración se corta en un punto y comienza en un estado inmediatamente anterior para continuar por otra vía. Es decir, si el protagonista ha decidido hacer "A", se nos narran las consecuencias de esa decisión para, acto seguido, comenzar un nuevo párrafo donde el protagonista decide hacer "B". Siempre uno, al tomar una decisión, se pregunta "qué hubiera pasado si". Eso es precisamente lo que hace el escritor uruguayo con esta novela: intentar dar respuesta a la decisión no tomada.

Una vez más Mario Levrero demuestra su habitual estilo sencillo y de carácter lúdico, no exento de gran calidad literaria.

lunes, 27 de enero de 2014

Fauna - Mario Levrero

"Era un sueño borrascoso, cargado de significados ocultos. Cuando sonó el teléfono, el sonido introdujo momentáneamente en el sueño, modificando algunas imágenes, torciendo el sentido de la historia que quería representarse, y maldito si puedo recordarla; pero al fin consiguió rasgar el velo onírico y llamarme a eso que llaman la realidad".

Así empieza esta novela del escritor uruguayo, editada en Random Argentina, para variar. En este párrafo podemos encontrar toda la esencia levreriana de su segunda etapa. El sueño, la vigilia, la delgada linea que separa ambos mundos y las convergencias que se producen entre el mundo "real" y el mundo onírico.

Quien llama al teléfono es una mujer rubia que le pide que vigile a su hermana. El protagonista ha escrito algunos artículos de parapsicología en el periódico y la mujer rubia cree que es la persona ideal para proteger a su hermana de Monsieur Victor, un mentalista influyente. Dice que ha acudido a él porque tienen un amigo en común. Cuando la mujer rubia se va, el protagonista ya ha quedado prendado de esta especie de femme fatale. Ya tenemos otro elemento característico en la obra de Levrero: la parodia de las novelas policiales, esas que tanto leía el autor de La novela luminosa.

Comienza así el vagabundeo del alter ego de Levrero en busca de la hermana de Fauna (nombre con el que bautiza a la rubia). Lo primero, busca una sustituto para el quiosco en el que trabaja. Después se echa a andar y para en más de una ocasión en establecimientos de máquinas recreativas donde nos describe de manera minuciosa el funcionamiento de dos máquinas diferentes de pinball. El propio Mario Levrero era un gran aficionado a los juegos electrónicos.

Sin entrar en más detalles para que no se venga abajo la historia, podríamos decir que Fauna es una gran novela corta, como todas las obras de Levrero, pero que para leer estas últimas obras suyas que estoy leyendo primero tienes que estar entregado a su mundo. No me imagino a nadie empezando por estas obras y quedándose prendado de su prosa. 

lunes, 13 de enero de 2014

Aguas salobres/Los muertos - Mario levrero

La editorial uruguaya Hum recoge en este volumen dos libros de relatos del genial Mario Levrero, Aguas salobres, de 1983; y Los muertos, de 1986, correspondientes a su etapa intermedia, antes de situar en sus escritos a un yo protagónico, alter ego del autor.

Aguas salobres lo componen cuatro relatos cuya extensión media ronda las veinte páginas.

Abre el libro el cuento Casa abandonada. En ella se dan cita hombrecillos de once centímetros que salen de los tubos de la instalación de gas; una despensa donde conviven cientos de especies de araña; un ente, "ello", que no se sabe cómo es pero que vive en el altillo; mujercitas desnudas que salen del grifo y toman el sol en la jabonera; una lombriz interminable que sale del bidé; huracanas cuyo epicentro es el salón de la casa; la intuición de que un unicornio pasta en el jardín. Levrero en estado puro.

Las sombrillas, comienza cuando la niña de la casa donde viven diferentes personajes anuncia que "nohaymar", esto es, que ha desaparecido el mar. Preparan una expedición, casi un éxodo a través de la arena húmeda y ondulante donde antes descansaba el mar. Poco a poco, los personajes van desapareciendo.

En Aguas salobres un feto que ha logrado sobrevivir gracias a los cuidados de una cerda domina a todo un pueblo costero. En este relato, Levrero inventa toda una religión igual de coherente que el resto de las existentes. Hasta esboza una pequeña hagiografía.

Por último, Noveno piso, se inicia con el protagonista queriendo subir hasta ese piso. El ascensorista se apuesta con él a que no llegará arriba. El hombre se queda extrañado por la apuesta pero, en efecto, el ascensor se cae al vacío por el peso de sus ocupantes así que el hombre decide trepar por el hueco del ascensor para reunirse con la persona con la que había quedado. Y llega, pero tarde. Muy tarde.

Por su parte, Los muertos, se compone de tres relatos. El primero de ellos, el que da título al libro. El protagonista oye un disparo cuando está solo en casa de sus tías: el inquilino con el que conviven se ha suicidado. Sin saber muy bien qué hacer, sale a la calle. El tiempo va pasando y cada vez le parece menos conveniente ir a comunicar lo sucedido a la policía por si le acusan de haber tardado tanto o le interrogan.

En Espacios libres, un hombre busca a una prostituta que se ha ido de su casa desnuda. En un bar se encuentra con un grupo de gente que se une a esa búsqueda. Da comienzo una especie de road movie etílica e hilarante en busca de un perro rastreador capaz de encontrar a la prostituta.

Por último, Algo pegajoso, es un cuento de tres páginas donde la primera mitad habla de un caramelo y del envoltorio que se le pega en la palma de la mano y la otra mitad narra el encuentro casual con Antonieta a la que hacía seis años que no veía.

Estos tres relatos están ya mucho más próximos al Levrero de la segunda etapa, mucho más mesurado y menos dado al surrealismo, aunque dejándose llevar por la narración.

Si bien es cierto que algunos de los cuentos no he llegado a comprenderlos ni tan siquiera después de haberlos leído un par de veces, otros, como Aguas salobres o Los muertos son auténticas joyas que se merecerían mucho más espacio en la historia de la literatura hispanoamericana.

martes, 7 de enero de 2014

Todo el tiempo - Mario Levrero

Sin proponérmelo, esta es la tercera vez que acabo el año leyendo a Mario Levrero. Supongo que se deberá a la parte surrealista y grotesca de estas fechas navideñas, tan disparatadas que todo es posible, al igual que en la narrativa del escritor uruguayo. La novela luminosa en 2011; la relectura de la Trilogía involuntaria en 2012; y, ahora, Todo el tiempo, conjunto de relatos que compré vía Internet a una librería uruguaya hace casi un año.

El libro fue publicado en 1982, justo después del último título que cierra la Trilogía involuntaria, esto es, El lugar. O, lo que es lo mismo, en plena primera etapa levreriana, donde trataba de imitar, él mismo lo reconoció, el estilo de Franz Kafka. Si bien es cierto que donde más se aprecia la influencia del escritor checo es en el libro La ciudad, aún se puede rastrear el influjo de este en Todo el tiempo, aunque Levrero ya va puliendo su particular estilo, aquello que el crítico Ángel Rama llamó el grupo de "los raros" y que incluye a Felisberto Hernández, entre otros.

El libro está compuesto por tres narraciones de extensión media, entre treinta y sesenta páginas.

Alice Spring es el primer relato. Hace referencia a un pueblo australiano adonde llega un circo magnético regentado por Mariarrosa, una mujer-niña, y su padre inmortal tras vencer a un autómata en una partida de ajedrez. El tonto del pueblo, el gigante y bonachón Dante, se enamora perdidamente de Mariarrosa y prometen casarse cuando el circo regrese a la ciudad. El segundo capítulo de este relato largo comienza con la llegada del narrador a la ciudad. Un escritor mediocre que llegó por amor y ahí se quedó, plantado y deseando regresar a Uruguay pero sin un duro en el bolsillo. Comparte buhardilla con Dante y juntos intentan ahorrar para conseguir el pasaje a su país. Todo cambia cuando conoce a Marie, una francesa por la que está dispuesto a matar al marido, atracar un banco o irse con ella a París, como finalmente ocurre. Una vez en la capital francesa, el narrador descubre por casualidad el circo magnético del que tanto ha oído hablar a Dante. Dentro se desarrollan una serie de escenas encadenadas de manera surrealista. Por último, el circo regresa a Alice Spring, cerrando así el círculo y el relato.

Este primer cuento tiene dos características poco levrerianas. El primero, un desarrollo bastante realista para la obra de Levrero, salvo cuando el narrador se encuentra en el circo magnético; y el segundo, la tercera persona del narrador en el primer capítulo del cuento, si bien es cierto que en realidad es un engaño, puesto que el narrador está camuflado de narrador omnisciente, cuando en realidad es un narrador protagonista.

El segundo cuento es el más extenso y el mejor de la colección, al menos en sus dos primeras partes. Luego la acción de dispara en múltiples direcciones y no sabes por donde va a ir. Se titula La cinta de Moebius. Aquí vemos a Levrero en estado puro. Imaginación desbordante, concatenación de acontecimientos, sensualidad, sexualidad. A los padres del protagonista les ha tocado un viaje para recorrer Europa. Discuten si es conveniente que vaya el niño o no. Al final va y, por diferentes compromisos, buena parte de la familia y amigos se acaban uniendo a la expedición. Por el camino van muriendo algunos, otros se quedan en puntos intermedios a guardar luto por los difuntos. Nada de esto importa, todo ocurre con total (a)normalidad. Hasta la llegada a París, el relato es una delicia, está muy bien estructurado, los episodios breves e hilarantes tienen mucha fuerza. A raíz del encontronazo del protagonista con una prostituta, el cuento pierde fuerza pero, sobre todo, unidad. Aparece algún personaje salido de la chistera que no aporta prácticamente nada. Si fuera un cuento por si mismo quizás tendría más valor, pero al tratarse de una parte dentro de un todo, hace que cojee. Aún así, se trata de un gran relato.

Por último, cierra el libro el cuento que da título al volumen, Todo el tiempo, el más enrevesado y de dífícil comprensión. Al inicio el protagonista es atacado por un tigre en el laboratorio de un amigo. Luego da paso a otras cuestiones y comienza a hablarnos de su familia y de las diferentes casas que tiene. Nos planteamos si no será que el protagonista está muerto y se está reuniendo con antiguos familiares también fallecidos pero el propio narrador lo desmiente a lo largo de las páginas.

Tres cuentos, los primeros que me leo de Levrero, que siguen haciéndome preguntar para cuándo se tratará con respeto y se editará la obra de uno de los mejores escritores uruguayos, junto con Onetti y Felisberto Hernández o Quiroga, de todos los tiempos.

martes, 6 de agosto de 2013

El alma de Gardel - Mario Levrero

Al final pasó lo inevitable. En vista de que ni Random ni ningún otro grupo editorial en España quiere recuperar la figura de culto que es el autor uruguayo, no me quedó más remedio que hacerme con una serie de títulos vía Internet. Random Argentina, por contra, sigue reeditando la obra, las nouvelles más que los cuentos (acaban de sacar un nuevo título: Diario de un canalla). Así, me lancé a la búsqueda de librerías que distribuyeran los libros que me interesaban con un mínimo de seriedad. Me dacanté por Isadora Libros, una librería uruguaya que tenían todo lo que andaba buscando. En poco más de diez días un mensajero me traía un paquete con cuatro joyas levrerianas en perfecto estado. La primera que he leído es este Alma de Gardel.

Escrito el mismo año que El discurso vacío, 1996, con este libro Levrero se posiciona justo en el centro de lo que fueron sus dos tendencias más visibles a la hora de componer. Una primera mucho más surrealista, kafkiana y expresionista donde el mundo onírico estaba muy presente. Esta primera etapa tiene como obra cumbre su llamada Trilogía involuntaria; y una segunda etapa que se inaugura, precisamente con El discurso vacío, donde el narrador pasa a ser un yo que, podríamos decir, es el propio Levrero. Una narrativa casi autobiográfica que culmina con su mejor obra, La novela luminosa. Así pues, y a falta de leer algunos libros de entre estas dos épocas (algún día será posible, espero), El alma de Gardel sirve de nexo entre ambos ámbitos literarios.

En El alma de Gardel ya nos encontramos a ese yo trasunto del escritor uruguayo escribiendo pequeñas notas, apuntes de lo que podría ser algo mayor. Basado en la memoria, estas notas se dinamitan a raíz de que el narrador se lleve prestado un paraguas de la biblioteca en una tarde de lluvia. Comienza así a rememorar otros tiempos, o a intentarlo. Sabe que por algún rincón de la casa guarda una colección de paraguas, y cree que había uno rojo, pero no logra recordar a quién pertenecía. El narrador vuelve en varias ocasiones sobre sus pasos y nos narra en las breves notas el trayecto que hizo desde la biblioteca con el paraguas hasta su casa, en un viaje en autobús, lo que le sirve de excusa para contar diferentes anécdotas de otros viajes en autobús, de la tipología de los asientos o de las diferentes formas de ligar con los pasajeros. Toda esta parte introspectiva entronca perfectamente con el dietario de La novela luminosa. Sin embargo, el mundo de los sueños y las presencias también se manifiestan en esta novela.

El narrador está en la biblioteca buscando información de Gardel. Allí se cruza con un hombre de aspecto extraño que le insiste para que deje en paz a Gardel, para que deje de estudiarlo puesto que, si no lo olvidan, su alma no podrá descansar. En diferentes sueños y vigilias que el narrador siente como reales, se le aparecerá el mismísimo alma de Gardel, bien como un ente, bien ante una fotografía, o escondido en el cuerpo de una mujer. Y la culpa de todo es de ese señor de la biblioteca, por lo que comenzará una cruzada para acabar con él. Esta parte del libro recuerda por ese tono desenfadado y absurdo a Nick Carter o a La banda del ciempiés.

Una nouvelle deliciosa que se queda corta y que termina de manera un tanto abrupta. Levrero en estado puro.



miércoles, 26 de diciembre de 2012

La ciudad - Mario Levrero

Tras varios meses dedicándome principalmente a las novedades editoriales, llevo todo diciembre releyendo algunas de las lecturas que más me impactaron hace unos años y que me sirvieron para hacer un pequeño trabajo que no viene al caso mencionar. Así, empecé por Kafka, estoy ahora con Levrero, y quiero acabar con el Jakob Von Gunten, Ferdydurke y El astillero; además de la obra de teatro El tintero, de Carlos Muñiz. También me gustaría retomar los cuentos de Felisberto Hernández y Bruno Schulz y leer a Juan Emar, Pablo Palacios y Macedonio Fernández. Todo ello porque quiero profundizar un poco más en el ambiente enrarecido y algo marciano que, cada uno en su estilo, tienen estos autores, o estas obras en concreto.

La ciudad podría decirse que ha sido releída del tirón esta misma mañana. No hay nada como dejarse llevar por la lectura y darte cuenta de que ha pasado parte del día mientras estabas imbuido en otro tiempo y lugar. Aunque decir esto de La ciudad no deja de ser irónico.

Porque La ciudad no sabemos dónde está; suponemos que en Uruguay porque el protagonista al final de la novela compra un billete de tren a Montevideo. Pero poco más sabemos de estas pocas casas donde las calles están embarradas y La Compañía parece mover los hilos de todo lo que allí sucede. También hay un reglamento que no se debe incumplir, aunque no sabemos a ciencia cierta cuáles son los puntos de dicho reglamento.

En cuanto al tiempo, se corresponde con esa extraña medida que se da en los sueños, que pueden pasar en segundos o en días sin apenas transición. El tiempo interno trascurre en cuatro o cinco días, pero no tenemos muy claro si es en la actualidad, en un futuro o en un pasado.

Y todo empieza porque el protagonista llega a una casa llena de humedades y decide salir de casa a buscar queroseno. Comienza así una especie de road movie donde el protagonista viaja en camión, andando, en bicicleta  y finalmente en tren. Por el camino se encuentra con hombres que apenas hablan, mujeres sexualmente muy activas, camareros apáticos y hasta un conato de amigo que, sin embargo, se debe a sus obligaciones con La Compañía.

Como se ha podido apreciar, toda la peripecia, tanto en el fondo como en la forma, es muy kafkiana, pero el propio Levrero nunca tuvo ningún reparo en admitir que trató de imitar deliberadamente al escritor checo en la construcción de esta novela y que, mientras por las noches leía El castillo, por la mañana escribía La ciudad. Puestos a copiar hay que elegir el mejor modelo. Sin embargo, la gran diferencia con respecto a su homólogo centroeuropeo radica en que, donde en Kafka es todo asfixia y opresión expresionista, en Levrero es un dejarse llevar existencialista.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Dejen todo en mis manos - Mario Levrero

Tercera y última novela recogida en el volumen de Debolsillo. Anteriormente la editorial Caballo de Troya (el sello casi más que editorial) fue la encargada de sacar a la luz esta obra del genial escritor uruguayo. Esa misma obra la tengo en mis manos y fue la que leí el uno de enero de 2010 (dato que sé porque lo tengo recogido en mi diario) entre las dos y las cinco de la mañana, aproximadamente. Ahora he vuelto a releerla.

Lo primero, y antes de meternos en materia, se podría decir que en realidad no tiene mucho sentido que esta novela se recoga en el mismo volumen que Nick Carter y La Banda del Ciempiés. Si bien las tres parodian de alguna manera el género policiaco, no es menos cierto que, mientras que las dos primeras tienen un ritmo alocado, surrealista y expresionista, la tercera se enmarca en una realidad física palpable, es de corte más realista y bastante más pausada y reflexiva que las dos anteriores.

Un escritor, trasunto del propio Levrero, se ve apurado económicamente por lo que decide ir a visitar a su editor para que le coloque una novela o le dé al menos un adelanto. El Gordo, su editor, le propone un trabajo a cambio: investigar quién se esconde bajo la figura de Juán Pérez, la persona que ha enviado un gran manuscrito a la editorial pero que ha olvidado poner dirección para contactar con él. Y la novela es buena. Muy buena. El protagonista necesita el dinero así que acepta el encargo.

Comienza así un viaje a una ciudad de interior uruguaya, semidesierta, lúgubre, con el ambiente enrarecido. No en vano, la ciudad es Penurias. Donde la gente te mira con desconfianza, a ciertas horas todo el mundo anda sesteando y el periódico sale una vez a la semana y no es local sino comarcal. En Penurias lo mismo te encuentras a un antiguo compañero de clase que te robaba los lápices de colores como a un tipo que fotografía cosas minúsculas. Lo mismo visitas librerías donde no tienen un solo libro, y sí alguna revista, que te enamoras de la prostituta del lugar.

Así, las investigaciones del escritor metido a detective acaba, como es de esperar, sin ningún resultado. Pero todo el viaje ha sido una gran experiencia. Incluso el lector puede obviar las tres últimas páginas donde se "resuelve" todo y el resultado seguiría siendo brillante.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La Banda del Ciempiés - Mario Levrero

La Banda del Ciempiés es otra de las novelas publicadas en un solo tomo y que el sello DeBolsillo ha calificado como "policiacas".

Siguiendo la estela de Nick Carter, en esta ocasión la trama disparatada gira en torno a una peligrosa banda que actúa como los dragones chinos, solo que sus miembros forman un ciempiés que siembra el caos allá por donde pasan. Carmody Trailler es el detective privado de encargarse del caso y restaurar la paz en la ciudad. Para ello cuenta con la ayuda de varios colaboradores. Así comienza la novela, pero rápidamente esta trama se disuelve para dar paso a diferentes personajes que, si bien están todos relacionados con la banda del ciempiés, guían sus pasos hacia otros derroteros.

Si en la reseña de Nick Carter comentaba que tenía la sensación de que Levrero había avanzado continuamente en su narración sin detenerse a mirar lo escrito, en esta ocasión se dan multitud de acciones que ocurren en paralelo. Mientras que a un personaje le está ocurriendo una cosa en un determinado sitio, otro de los personajes está teniendo otras peripecias en otro lugar, por lo que Levrero va y viene en la naracción sin que al final te quede muy claro cuánto tiempo transcurre en la novela. 

Al final, después de narrrar todo en tercera persona, el último capítulo lo está en primera todo ha sido un trabajo de documentación que ha llevado a cabo el narrador. Quedan muchos cabos sueltos, inumerables, y así se lo hace saber a uno de sus personajes (que a estas alturas sabemos que no es personaje, sino que es "real") pero este le comenta que no se inquiete, que así está bien. Levrero, hablando a través del narrrador comienza un breve discurso acerca de la creación. Este culmina de la siguiente manera "me importa que el relato se conserve como un todo viviente, y para ello debe satisfacerme a mí en primera instancia".

Visto este relato no sé si Levrero se sentía satisfecho con su escritura, pero lo que está claro es que la narración funciona como un todo muy vivo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo - Mario Levrero

El otro día comentaba, o al menos dejaba entrever, que no me gusta nada esto que ha hecho Random de sacar tres novelas de Mario Levrero, directamente en su sello DeBolsillo, sin darle un ápice de atención, mientras que esa misma empresa, de nombre que no de fondo (editorial), va sacando a la luz de manera tranquila pero constante la obra de este genial escritor uruguayo al otro lado del Atlántico (concretamente en Random Argentina). Por si fuera poco, es imposible pedir estos libros a la propia editorial o distribuidora; trabajo en una librería y el comercial me comenta que, si bien son la misma empresa, a la vez cada una funciona de manera independiente. Me da un teléfono de contacto, que ya poseo, para llamar a administración, pero la pobre mujer que me atiende al teléfono poco sabe, más allá de que en su base de datos no aparece el título por el que pregunto. Por si fuera poco, sé que en Madrid hay una librería (habrá más) que sí te consiguen esos títulos, pero a precios un poco elevados. Entiendo que al cruzar varias aduanas se encarezca el prodcuto y estoy dispuesto a pagar más por ello (nunca he tenido pudor alguno en dejarme el dinero en libros ya que lo considero como dinero bien invertido). El problema viene cuando, haciendo una búsqueda de las obras de Mario Levrero que tienen en su catálogo, me encuentro con que Caza de conejos, libro ilustrado editado por la editorial Libros del zorro rojo (Barcelona) cuesta tres euros más que en cualquier librería del resto del país. Entonces me pregunto, ¿por qué cobra más por un libro editado en España cuando este hecho es denunciable ya que, por ley, todos los libros tienen el mismo precio fijado por el Ministerio y la editorial? Así las cosas, ¿qué me hace pensar que no me esté cobrando de más los gastos de gestión del pedido por cruzar el charco? Me hace desconfiar un poco aunque sé que pagaré en algún momento. Aunque por el mismo precio, prefiero comprarlo en una librería Argentina y pagar los portes que acercarme a la librería de Madrid. En fin, dediquémonos a la novela que al fin y al cabo es de lo que se trata.
 
En Nick Carter es todo tan extravagante, tan surrealista, tan divertido, tan sexualmente marciano, que es una delicia. Sé que no es su mejor novela, pero poco importa. Está todo tan desconectado de la literatura al uso, que es literatura en estado puro. Con guiños a Lovecraft, Kafka, las novelas policiacas, los folletines del XIX donde se descubre en las últimas páginas que todos los personajes son parientes. 

Es una novela que recuerda a la escritura automática de los surrealistas, solo que en la novela de Levrero sí que está todo interconectado. La obra es un continúo seguir avanzando, seguir escribiendo, como única forma posible de llevar a buen puerto la narración. De carácter marcadamente expresionista y esperpéntico, de una oralidad envidiable, Nick Carter, dinamita las normas y tanto le podemos ver escribiendo en tercera como en primera, como que la acción trascurre en los espejos, en la televisión o o en la propia narración.

Diferente, inclasificable, único, todo el mundo debería leer a Levrero. 

martes, 13 de noviembre de 2012

Caza de conejos - Mario Levrero

Hay que leer a Mario Levrero. Todo lo que se pueda (que en España no es mucho). Si Libros del zorro rojo saca una edición ilustrada por Sonia Pulido y se desmarca con este libro-objeto, pues mejor que mejor. Que Random a través de su sello DeBolsillo saca tres novelas cortas (una de ellas ya editadas en Caballo de Troya, también de Random) pues también, qué se le va a hacer si han decidido sacarlo directamente en bolsillo. Pero el texto es el mismo. Entre nada y algo, mejor algo, ¿no? Aunque siempre es preferible hacer las cosas bien.

Dicho lo cual, y tras el tirón de orejas, Caza de conejos, un texto compuesto por cien microrrelatos en torno al título: la caza del conejo. El conejo, el guardabosques, el castillo, los cazadores, y el Idiota que monta la cacería se dan cita y juntos y revueltos conviven, malviven, se confunden entre ellos, se juega a los espejos, se dinamita la realidad y se vuelve al origen pero ya todo está trastocado. Así es Mario Levrero.

Aunque en este libro aparece otro Mario Levrero mucho más paródico es fácil distinguir su sello, su naturalidad para el absurdo, para desenmascarar la realidad (a veces tan falsa), su tono erótico en alguno de los micros, su obsesión (como esa, verdadera, por leer todas las novelas policiacas por muy malas que fueran y que nos cuenta en La novela luminosa).

Los conejos, ¿qué querrán decir? Seguro que es una metáfora. Sí, pero, ¿de qué? Levrero sabía que esta pregunta se la harían muchos críticos y muchos lectores así que él da la respuesta en el microrrelato LXVII: comienza a enumerar una serie de posibles alegorías todas ellas válidas, o no, para acabar con un "etcétera". Para decir a ese crítico que busca desencriptar la leve oscuridad que se desprende de los textos de Levrero: "es inútil, no trates de buscar una verdad, porque no la hay. Esto es literatura, no un problema matemático donde se despeja la X".

Las ilustraciones, donde predomina el rojo, marrón y negro, se empastan a la perfección con el texto, juega de ese mundo real-irreal, a veces onírico, a veces sencillamente surrealista del uruguayo.


sábado, 31 de diciembre de 2011

La novela luminosa - Mario Levrero

No recuerdo bien cómo llegué a Levrero, o bien a través de un taller literario o bien a través de la facultad. Lo que sí recuerdo es que me recomendaron La ciudad. Por aquel entonces solo había una edición de Plaza & Janés de 1999 que solo podías conseguir a través de la segunda mano. Hice un intento de búsqueda algo apático y finalmente me olvidé de ella.

Un día, estaba trabajando en una librería,  vi en el catálogo de Debolsillo que sacaban un pack llamado la Trilogía involuntaria compuesto por La ciudad, París y El lugar. La edición salía en octubre de 2008 y creo que no hubo paso previo a la edición de bolsillo, es decir, que nunca salieron estos títulos en Trade en España. Los devoré con gran placer, especialmente el primero y el tercero. Eran puro Kafka. Los adoré. Descubrí que también salía en octubre de ese mismo año La novela luminosa. Así que también lo pedí. Sin embargo, y a pesar de lo que había disfrutado con los otros tres, no lo leí, sino que me puse a buscar más libros sobre este "raro" uruguayo.

Caballo de Troya había publicado en Junio de 2007 El discurso vacío y Dejen todo en mis manos. De inmediato los pedí al distribuidor. Descubro ahora, revisando unas notas, que este último libro lo leí el uno de enero de 2010 de madrugada (ya dos de enero). Según apunto en mi diario, me dormí y al par de horas me desperté como si hubiera dormido toda la noche. En vista de que sabía que no me iba a dormir de nuevo, cogí el el libro y me lo leí del tirón. Apunté: "Novelita corta, muy bien escrita, bastante kafkiana. Parece mentira cómo se puede crear algo que merece la pena con esa aparente sencillez. No es que sea una obra maestra, no me refiero a eso, es que Levrero consigue con un argumento sencillo una gran novela corta".

Todo este rollo parece que no tiene sentido, por qué no habla de una vez del libro, os preguntaréis. Bueno, creo que de alguna manera estoy hablando de él. Este libro es distinto, especial y, por ello, se merecía una reseña también distinta. En realidad estoy intentando plagiar su estilo en esta reseña; una licencia que me permito para despedir el año, por ejemplo. O porque es mi blog y escribo lo que quiero. Esa es mejor razón.

El caso es que no sé muy bien por qué, pero he dejado que La novela luminosa durmiera el sueño de los justos en mi estantería hasta ahora. Y visto con perspectiva, creo que he hecho bien, que hice bien en no leerla tras la Trilogía involuntaria. Porque esta novela es, de alguna manera, de muchas maneras, la summa (sí, con dos emes) literaria de Levrero. Bien es cierto que no he podido leer toda su obra, entre otras cosas porque no hay más editado en España. Se habla de unos cuentos escogidos que estaban prácticamente para salir de la imprenta allá por el 2008 pero, a día de hoy, ese libro no existe y, según me ha comentado un conocido que habló con la representante de ventas de Mondadori, para 2012 podemos esperar sentados.

Y de eso trata La novela luminosa. (Los que han leído la novela espero que hayan entendido el intento de homenaje a Levrero y los que no, a ver si les pica la curiosidad y la leen).