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jueves, 22 de enero de 2015

Sueños de trenes - Denis Johnson

No recuerdo muy bien cuando leí Hijo de Jesús (en aquella colección de Debolsillo que llevaba un 21 y que estaba compuesta por autores como Foster Wallace, Palahniuk o Letehm, entre otros. Por cierto, el año pasado Random reeditó Hijo de Jesús). Debió ser hace diez o doce años, cuando me encontraba perdido en la facultad  y no sabía qué rumbo iba a tomar mi vida, hacia dónde quería redirigirla. Aquellos años fueron los que me formaron como lector. No fui un niño muy lector (aunque si me recuerdo leyendo libros, sobre todo en verano), ni tampoco un adolescente que devorara hojas. Fue en la veintena cuando empecé a descubrir autores, obras, librerías. Iba picoteando de aquí y de allá, sin mucho criterio, un poco por impulso y otro poco por lo que recomendaban diversas revistas. Supongo que una de las recomendaciones fue Denis Johnson. Del libro, tampoco tengo un especial recuerdo. Un libro de cuentos con algún tipo de relación entre ellos y personajes extravagantes (hablo de memoria, que conste. Igual estoy metiendo la pata hasta el fondo. Podría revisar de qué iba, pero prefiero dejarlo estar). No se parecía a nada de lo que hubiera leído hasta entonces pero, ya digo, tenía pocas lecturas encima. Ahora puedo aventurarme y decir que, si la memoria no me falla, se puede emparentar un poco con Bukowski o Carver. Tengo que releer ese libro.

Toda esta introducción larga e innecesaria para situar un poco la elección de un libro u otro a la hora de abordar mis lecturas. Dejé pasar Árbol de humo, en su momento no me interesó, pero he oído maravillas de él y al final seguro que caerá. Y este mes ha salido Sueños de trenes, una nouvelle que no hay que perderse.

En ella se nos narra la vida de un don nadie. Se llama Robert Grainier pero qué más da su nombre si ni él mismo tiene muy claro si nació en Estados Unidos o Canadá; si una vez muerto en su cabaña, tardan en encontrar el cadáver más de seis meses. Y eso que, como otros cientos de miles de trabajadores, contribuyó a la modernización del continente americano. Trabajó para diferentes empresas, construyendo puentes que acortaban las distancias y hacían la vida un poco más fácil a la hora de desplazarse. O cortando árboles. O de transportista. Pasó temporadas fuera de su hogar, apenas un terruño en mitad del Oeste americano. En una de esas ausencias, ocurre. Lo imprevisto. La catástrofe. Sin embargo, Robert Grainier no se replantea su vida sino que sigue, más o menos, como hasta ahora. Trabajando. Huraño. Casi invisible.

La prosa de Denis Johnson es seca, como la tierra en la que habita su protagonista. No le hace falta mucho alarde técnico para contar toda una vida gris y monótona en medio de un país en constante evolución. Johnson sazona esa sequedad con tintes de humor absurdo; en ese sentido, es impagable la conversación entre Robert Grainier y un hombre que ha sido disparado por su perro. Además, aparecen pinceladas de carácter epifánico o simbólico, lo que convierte este pequeño texto, en cuanto a dimensión, en una obra inmensa.

lunes, 17 de noviembre de 2014

El Círculo - Dave Eggers

"Te dedicas a comentar cosas y eso sustituye el hacerlas".

Esta frase hecha por Mercer, el exnovio de la protagonista, Mae, resume a las claras el concepto de Red Social. Nos pasamos parte de nuestros días pegados a la pantalla del ordenador, de la tablet, del móvil o cualquier otro dispositivo electrónico. Allí comentamos lo que nos está pareciendo la película que estamos viendo. Nos está pareciendo muy buena. Tanto, que queremos compartirlo con el resto de los mortales aun a riesgo de perdernos parte de esa maravilla del séptimo arte. Si vamos a un restaurante, sacamos la foto de la gran hamburguesa que nos acaban de servir 100% puro vacuno. Localizamos el chiringuito con el gps y lo subimos a la nube para que quien quiera pueda venir a probar este manjar. En la foto la hamburguesa está intacta así que ni siquiera sabemos cómo sabe. Pero eso es lo de menos. Lo importante es la inmediatez y en que todo el mundo sepas lo que haces. Que vean que tienes una vida social activa.

La última novela del escritor norteamericano Dave Eggers trata precisamente de los peligros que conlleva la utilización desmesurada de las redes sociales. En un futuro indefinido, aunque en cualquier caso no muy lejano, la gran red, El Círculo, va tejiendo su telaraña acaparando a su paso millones de usuarios potenciales y empresas privadas. Mae Holland entra a trabajar en la empresa recomendada por su amiga desde el instituto Annie, una de las cuarenta personas más influyente de El Círculo. El campus donde trabaja, que se encuentra en la ciudad ficticia de Sant Vincenzo pero que perfectamente podría ser Silicon Valley, dispone de todo lo necesario para que sus más de diez mil trabajadores puedan sentirse como en casa: de hecho, disponen hasta de habitaciones por si se les hace tarde y no quieren regresar. Cafeterías, restaurantes, bibliotecas, piscinas, pistas de todo tipo de deportes, etc. hacen de este complejo una gran ciudad donde pasar el resto de tus días sin necesidad de coger el coche. Si a esto le sumamos las fiestas, conciertos o monólogos que se celebran de manera periódica, ¿Quién no adoraría El Círculo?

Mae entra de manera titubeante, recibe un par de reprimendas por no hacer más uso de las redes sociales y estar tan abajo en su nivel de popularidad. Le gusta ir en kayak pero, sin embargo nunca hace fotos ni postea sobre el sitio en el que navega. Y no ha aparecido a algunas de las charlas que se han dado especialmente para novatos. Como solución, le van colocando pequeñas pantallas en su mesa de trabajo. La principal para responder a los clientes; una segunda para correo interno; la tercera para InnerCircle, la red social de la empresa. Y así hasta nueve pantalla. Por si fuera poco, tiene un dispositivo para ir respondiendo a un cuestionario infinito mientras resuelve dudas de sus clientes. Así, poco a poco, a Mae le va absorbiendo cada vez El Cículo hasta que decide hacerse transparente; esto es, colgarse una cámara del cuello y retransmitir su día a día en tiempo real.

Paralelamente a este supeditación de Mae a la empresa, los padres y el exnovio se van mostrando cada vez más reacios a quedar con ella, a verla, ya que no solo los ve ella, si no que millones de ciudadanos pueden ver la cena de Mae con sus padres. En este sentido, los discursos de Mercer previniéndola sobre las posibles consecuencias de no tener ni un mínimo de intimidad son muy lúcidas y de lo más sensatas.

Esta novela, que bien podría ser una especie de 1984 2.0 por las similitudes distópicas con la novela de Orwell, tiene su punto fuerte en el realismo con el que está escrito. Así, mientras que el libro de Orwell planteaba una tesis desde la ficción, la novela de Eggers nos aterroriza por lo muy plausible de la situación, por la manera tan natural con la que podríamos llegar a ese punto, casi sin darnos cuenta y de manera tan "democrática".

viernes, 23 de mayo de 2014

Alberto Olmos - Alabanza

Intemperie, de Jesús Carrasco; Es un decir, de Jenn Diaz; Por si se va la luz, de Lara Moreno; y ahora, Alabanza, de Alberto Olmos. Todas ellas tienen en común que están escritas por autores jóvenes que, lejos de posmodernismos y novelas de ciudad, sitúan sus últimos trabajos en lo rural. Y, a excepción de la novela de Carrasco, donde la acción parece situarse en un pasado en el que el pueblo era un pilar fundamental en esta sociedad nuestra, las otras se sitúan en el presente o, en el caso de Lara Moreno y el propio Olmos en un futuro inmediato y con personajes muy propios de esta época: con profesiones liberales y enganchados a las nuevas tecnologías.

La nueva novela del escritor segoviano habla principalmente de tres temas:

1. La falacia del amor verdadero que nos intentan vender.

2. El pasado de uno y como este, de una manera u otra, se refleja en el presente aunque queramos evitarlo.

3. El fin de la literatura. Al menos tal y como se conoce hasta ahora. 

Así dicho puede sonar a grandilocuente pretender abordar estos temas tan amplios y a tarea inabarcable, pero Olmos sabe cómo tocar cada uno de los puntos sin pecar de exceso o defecto.

La novela se inicia con una frase contundente "No estoy enamorado de ti" que, si se mira bien, es la declaración de amor más impactante que uno puede decir porque una persona puede dejar de estar enamorada de otra para quererla de manera mucho más sincera y menos "química". La frase la pronuncia Sebastian y va dirigida a Claudia, una pareja que va a pasar dos meses a un pueblo apartado de todo en el que viven poco más de veinte lugareños. Él es escritor y, tras pegar el pelotazo con un bestseller infumable, quiere volver a ser el autor de culto (porque nadie le leía) que era. La idea es componer un libro de relatos donde se de cuenta de las diferentes amantes de Sebastian a lo largo de su juventud. Esta primera parte de la novela está construída a base de focalizar la acción en él y en ella de manera sucesiva. Así, mientras que el está encerrado en la casa malgastando folios y recordando viejos amores, ella pasea por el pueblo y le cuentan una historia que le marca su estancia allí hasta el punto de llegar a obsesionarla: hace treinta años una mujer enloquecida quemó una de las iglesias del pueblo.

La segunda parte se centra en Sebastian, que sale por fin de su encierro para rememorar recuerdos de infancia. Esta parte me parece la más floja.

En la tercera parte sale a relucir el Alberto Olmos más beligerante y para dar buena cuenta del mercado editorial actual. La explicación de cómo subsiste una editorial que publica solo a autores noveles me parece de lo más acertada para todo aquel que sepa cómo funciona el mundo del libro. La tesis explica que la clave es publicar a bastantes autores, por muy mediocres que sean, ya que estos nuevos productos aseguran la supervivencia un mes más y compensan las devoluciones de libros anteriores. Y en realidad es así, el mundo del libro es un ir y venir constante de títulos de la editorial a la distribuidora y de ahí a la librería. Y una vez en la tienda y pasado dos meses, hacer el camino inverso.

No he leído gran cosa de Olmos. Disfruté mucho con Trenes hacia Tokio y la apostilla que era, de alguna manera, Pose. A bordo del naufragio me pareció un gran ejercicio de estilo para un chaval que contaba con poco más de veinte años. En cuanto a Ejército enemigo me pareció floja en comparación con estas obras citadas y creo que me pueden gustar bastante las publicadas en Lengua de trapo. Alabanza, me parece la obra más ambiciosa y conseguida hasta la fecha.

lunes, 10 de febrero de 2014

Mario Levrero - Desplazamientos

Últimas de las novelas de Mario Levrero que podré leer en un tiempo, al menos hasta que me haga con otro paquete proviniente del otro lado del charco. Por fortuna aún me queda un libro de entrevistas y una recopilación de artículos sobre su obra, ambos editados por dos sellos argentinos: Mansalva, en el primer caso; Eterna Cadencia, en el caso de los artículos.

Desplazamientos viene compilado junto con otro título que ya comenté la vez pasada, Fauna.

El protagonista de esta novela corta recorre los apartamentos de un bloque de edificios que ha heredado para cobrar la renta a sus inquilinos. Hasta ahora la labor correspondía a su padre que ejercía la tiranía de propietario con sus arrendatarios. Una vez fallecido este, es el hijo el encargado de llevar a cabo la tarea. Los inquilinos se muestran reacios y fríos ante él, al que ven como el sucesor del padre; sin embargo, la intención del vástago es llevar a cabo una serie de reformas en el edificio y tener una relación cuanto menos cordial con sus vecinos.

Lo interesante de esta obra es el desdoblamiento que se produce en las acciones llevadas a cabo por su protagonista. En un momento dado la narración se corta en un punto y comienza en un estado inmediatamente anterior para continuar por otra vía. Es decir, si el protagonista ha decidido hacer "A", se nos narran las consecuencias de esa decisión para, acto seguido, comenzar un nuevo párrafo donde el protagonista decide hacer "B". Siempre uno, al tomar una decisión, se pregunta "qué hubiera pasado si". Eso es precisamente lo que hace el escritor uruguayo con esta novela: intentar dar respuesta a la decisión no tomada.

Una vez más Mario Levrero demuestra su habitual estilo sencillo y de carácter lúdico, no exento de gran calidad literaria.

lunes, 27 de enero de 2014

Fauna - Mario Levrero

"Era un sueño borrascoso, cargado de significados ocultos. Cuando sonó el teléfono, el sonido introdujo momentáneamente en el sueño, modificando algunas imágenes, torciendo el sentido de la historia que quería representarse, y maldito si puedo recordarla; pero al fin consiguió rasgar el velo onírico y llamarme a eso que llaman la realidad".

Así empieza esta novela del escritor uruguayo, editada en Random Argentina, para variar. En este párrafo podemos encontrar toda la esencia levreriana de su segunda etapa. El sueño, la vigilia, la delgada linea que separa ambos mundos y las convergencias que se producen entre el mundo "real" y el mundo onírico.

Quien llama al teléfono es una mujer rubia que le pide que vigile a su hermana. El protagonista ha escrito algunos artículos de parapsicología en el periódico y la mujer rubia cree que es la persona ideal para proteger a su hermana de Monsieur Victor, un mentalista influyente. Dice que ha acudido a él porque tienen un amigo en común. Cuando la mujer rubia se va, el protagonista ya ha quedado prendado de esta especie de femme fatale. Ya tenemos otro elemento característico en la obra de Levrero: la parodia de las novelas policiales, esas que tanto leía el autor de La novela luminosa.

Comienza así el vagabundeo del alter ego de Levrero en busca de la hermana de Fauna (nombre con el que bautiza a la rubia). Lo primero, busca una sustituto para el quiosco en el que trabaja. Después se echa a andar y para en más de una ocasión en establecimientos de máquinas recreativas donde nos describe de manera minuciosa el funcionamiento de dos máquinas diferentes de pinball. El propio Mario Levrero era un gran aficionado a los juegos electrónicos.

Sin entrar en más detalles para que no se venga abajo la historia, podríamos decir que Fauna es una gran novela corta, como todas las obras de Levrero, pero que para leer estas últimas obras suyas que estoy leyendo primero tienes que estar entregado a su mundo. No me imagino a nadie empezando por estas obras y quedándose prendado de su prosa. 

viernes, 27 de septiembre de 2013

La hora violeta - Sergio del Molino

Últimamente me ha dado por leer a autores del yo donde el narrador no es solo el protagonista; además es el propio escritor. Diarios, narrativa de viajes, o misceláneas donde se narra algo relacionado directamente con el escritor que necesita deshacerse de esos fantasmas interiores dejando constancia por escrito de las miserias de la vida laboral, como es el caso de Yo, precario, de Javier López Menacho; o Los versos del hambre, de Sara M. Bernard. En otras ocasiones, son los dietarios los que plasman el tedio del día a día y del poco glamour que tiene ser escritor: Dios nunca reza, de Patxi Irurzun, o el reciente descubrimiento de los diarios de Miguel Sánchez-Ostiz, especialmente de La casa del rojo y Liquidación por derribo que comentaré en el futuro. Por último, en algunos casos, es la pérdida de un ser querido lo que te impulsa a emborronar folios, a buscar alguna respuesta, en cierto modo. Es el caso de Luz de noviembre, por la tarde de Eduardo Laporte, que estuve releyendo hace unos días; la mítica Mortal y rosa, de Umbral, que reseñaré en otra ocasión; o la más reciente, La hora violeta, de Sergio del Molino.

Tiene esta novela la misma premisa que la de Umbral, intentar lograr entender una situación que por la ley de la naturaleza no se debe producir nunca: la muerte de un hijo antes que la del padre. Pero donde en el libro de Umbral la prosa es poética y abigarrada, en La hora violeta es mucho más llana, más pegada a la tierra., más desnuda. Umbral habla del paso del tiempo en su persona y solo va dejando pinceladas sobre la enfermedad de su hijo; no es hasta el último tercio donde se vuelca de manera definitiva con el hijo, aunque ese hijo es Umbral y se vuelve todo más oscuro. Sergio del Molino, por su parte, se presenta de manera mucho más clara y concisa. Narra los últimos meses de vida de Pablo, desde que se le descubre la leucemia hasta que muere pocos meses después sin llegar a cumplir dos años de edad. Gran parte del espacio se centra en el hospital, tanto en Zaragoza como en Barcelona, donde es trasladado para un trasplante de médula. Las enfermeras, las doctoras, las medicinas, los otros niños y padres, un mundo que me es ligeramente conocido ya que mi pareja es pediatra.

Novela dura, supongo que no apta para todos los públicos, que va mucho más allá de lo narrado. 

martes, 6 de agosto de 2013

El alma de Gardel - Mario Levrero

Al final pasó lo inevitable. En vista de que ni Random ni ningún otro grupo editorial en España quiere recuperar la figura de culto que es el autor uruguayo, no me quedó más remedio que hacerme con una serie de títulos vía Internet. Random Argentina, por contra, sigue reeditando la obra, las nouvelles más que los cuentos (acaban de sacar un nuevo título: Diario de un canalla). Así, me lancé a la búsqueda de librerías que distribuyeran los libros que me interesaban con un mínimo de seriedad. Me dacanté por Isadora Libros, una librería uruguaya que tenían todo lo que andaba buscando. En poco más de diez días un mensajero me traía un paquete con cuatro joyas levrerianas en perfecto estado. La primera que he leído es este Alma de Gardel.

Escrito el mismo año que El discurso vacío, 1996, con este libro Levrero se posiciona justo en el centro de lo que fueron sus dos tendencias más visibles a la hora de componer. Una primera mucho más surrealista, kafkiana y expresionista donde el mundo onírico estaba muy presente. Esta primera etapa tiene como obra cumbre su llamada Trilogía involuntaria; y una segunda etapa que se inaugura, precisamente con El discurso vacío, donde el narrador pasa a ser un yo que, podríamos decir, es el propio Levrero. Una narrativa casi autobiográfica que culmina con su mejor obra, La novela luminosa. Así pues, y a falta de leer algunos libros de entre estas dos épocas (algún día será posible, espero), El alma de Gardel sirve de nexo entre ambos ámbitos literarios.

En El alma de Gardel ya nos encontramos a ese yo trasunto del escritor uruguayo escribiendo pequeñas notas, apuntes de lo que podría ser algo mayor. Basado en la memoria, estas notas se dinamitan a raíz de que el narrador se lleve prestado un paraguas de la biblioteca en una tarde de lluvia. Comienza así a rememorar otros tiempos, o a intentarlo. Sabe que por algún rincón de la casa guarda una colección de paraguas, y cree que había uno rojo, pero no logra recordar a quién pertenecía. El narrador vuelve en varias ocasiones sobre sus pasos y nos narra en las breves notas el trayecto que hizo desde la biblioteca con el paraguas hasta su casa, en un viaje en autobús, lo que le sirve de excusa para contar diferentes anécdotas de otros viajes en autobús, de la tipología de los asientos o de las diferentes formas de ligar con los pasajeros. Toda esta parte introspectiva entronca perfectamente con el dietario de La novela luminosa. Sin embargo, el mundo de los sueños y las presencias también se manifiestan en esta novela.

El narrador está en la biblioteca buscando información de Gardel. Allí se cruza con un hombre de aspecto extraño que le insiste para que deje en paz a Gardel, para que deje de estudiarlo puesto que, si no lo olvidan, su alma no podrá descansar. En diferentes sueños y vigilias que el narrador siente como reales, se le aparecerá el mismísimo alma de Gardel, bien como un ente, bien ante una fotografía, o escondido en el cuerpo de una mujer. Y la culpa de todo es de ese señor de la biblioteca, por lo que comenzará una cruzada para acabar con él. Esta parte del libro recuerda por ese tono desenfadado y absurdo a Nick Carter o a La banda del ciempiés.

Una nouvelle deliciosa que se queda corta y que termina de manera un tanto abrupta. Levrero en estado puro.



jueves, 11 de julio de 2013

Los fantasmas - César Aira

La primera vez que oí hablar de César Aira fue en la facultad. En una asignatura titulada "La novela hispanoamericana en el siglo XX" teníamos una serie de lecturas obligatorias más o menos académicas, clásicas, tópicas. Además, para complementar, nos facilitó un listado con otro tipo de novelas más experimentales. Recuerdo La ciudad, de Levrero; Basura, de Héctor Abad Faciolince; y Varamo, de César Aira. Estoy seguro de que había otros títulos, pero solo recuerdo los que leí. Tengo que buscar ese listado, a ver si descubro a algún otro autor interesante porque, al menos estas tres novelas, me sorprendieron. A tal punto, que Mario Levrero se ha convertido en un escritor básico en mi canon personal. 

De Varamo recuerdo vagamente el argumento, pero sí que toda la trama era un continuo avanzar por el libro, como si el autor no releyera lo que ha escrito, como si el fin mismo del libro fuera llegar a la meta. Más tarde comprendí que, en líneas generales, ese es el planteamiento del escritor argentino. Su particular manera de entender la literatura le permite publicar cuatro o cinco novelas cortas todos los años. Así, considera de mayor importancia la creación de toda producción literaria de un autor, con sus aciertos y sus fallos, más que una obra en concreto.

Los fantasmas comienza el treinta y uno de diciembre en un edificio en construcción donde los futuros inquilinos van a comprobar cómo avanzan las obras. En principio ya tenían que estar entregadas las llaves, pero hoy es un día de celebración y nadie quiere acabar mal el año, por lo que la visita se limita a vislumbrar cómo serán sus futuras estancias y a medir paredes y suelos. César Aira nos describe minuciosamente el espacio por el que los personajes, en realidad es un solo personaje global, van pasando. Así, Aira se demora especialmente en la luz y el calor del verano argentino. Finalmente los inquilinos se van y los obreros almuerzan. Al ser el último día del año, solo trabajan media jornada, por lo que, tras la comida, todos marcharán a casa, excepto uno, un chileno que vive junto a su mujer, sus tres hijos y su hijastra en la planta superior, vigilando la obra. A partir de este punto la narración se centra en esta familia chilena y en la preparación del fin de año. Los fantasmas a los que alude el título, y que suponemos que son antiguos propietarios del edificio que habría allí en otra época, pululan desnudos por el esqueleto del edificio. Nadie ve extraño el hecho de que haya fantasmas, en todo caso son algo fastidiosos. La novela finaliza justo cuando el reloj da las doce de la noche.

Creo que hay textos que hay que leer, que poco o nada puede aportar una crítica, y menos una hecha por un servidor que, dicho sea de paso, no hace críticas, sino que se limita a comentar a vuelapluma algunos libros que lee. Este libro es uno de esos textos que difícilmente puedo desgranar. Se puede hacer una nota de la sinopsis pero con el mero argumento no llega a ningún lector. Obvio. Pero tampoco puedo desarrollar más la idea. César Aira no se parece a nadie. La imaginación desbordante o la forma de dejarse llevar en la narración puede tener ecos de unos y de otros, pero nada como ir a la fuente, esto es, leer a César Aira.

jueves, 21 de junio de 2012

Cazadores - Marcelo Llillo

Iba con mucha precaución a la hora de leer este libro. Llevaba un par de años o quizás más oyendo hablar de los cuentos de Marcelo Llillo. Primero de El fumador y otros relatos, y luego de este, Cazadores, que en realidad es la suma del primer libro más el segundo, Gente que baila sola (inédito en España). De este último libro, no me pregunten por qué, se han eliminado cuatro cuentos que sí aparecen en la versión chilena. Cosas de la edición y que nunca entenderé.

A lo que iba, tantos elogios y ninguna crítica negativa me invitaba a ir con pies de plomo (a la vez que tenía ganas de leerlo). Y lo cierto es que el resultado es espectacular, un libro a tener muy en cuenta para todo amante del género, especialmente del realismo sucio de Carver y de la teoría del iceberg de Hemingway.

Los cuentos de Lillo son duros, secos, violentos como puñetazos directos, no al estómago, si no a lo más profundo de nuestro ser. Su estilo lacónico es sobrecogedor y pesimista. Los personajes parecen no esperar nada de la vida, todos pululan por ella arrastrando su mal cotidiano, su rutina, su pequeña falla arquitectónica a punto del terremoto. En sus silencios se repira una tensión que desasosiega. Son, pues, diecinuevo cuentos que giran en su mayoría en torno a la familia y a la pareja salvo honrosas excepciones, como Noche de reyezuelos, el relato más largo del libro y que cuenta el viaje iniciático de tres chicos que van de duros por la vida, pero que les espera una desagradable sorpresa en su devenir nocturno.

En un conjunto tan compacto es difícil resaltar algún ralato en particular, pero podríamos citar Hielo, Felicidad, Apaga la luz o ¿Hasta cuándo crees que voy a amarte? En este caso, es más fácil señalar algún relato que, si bien no es fallido, chirría en contraposición con el resto. Este cuento es el que lleva por título Los pobres no pueden esperar, donde la historia que se cuenta no me acaba de parecer verosímil casi nunca.

Aun y todo, los diecinueve cuentos aceptan más de una relectura, es decir, lo que se le pide a un buen libro.

domingo, 6 de mayo de 2012

Al desnudo - Chuck Palahniuk

Chuck Palahniuk siempre se ha caracterizado por ser un tipo macabro y lleno de excesos. Sus narraciones están llenas de violencia, sangre, secreciones y provocación. Sin embargo este libro no tiene nada de eso. Al menos teniendo en cuenta que es un  libro Made in Palahniuk, es bastante light. En esta ocasión se centra sobre todo en la crítica al mundo del Hollywood de los años 40 y 50, la época dorada.

Hazie Coogan es el cerebro de Katherine Kenton. Mientras que la primera administra, aconseja y, sobre todo, aparta de personajes indeseables a su protegida, esta es la famosa actriz venida a menos de la que se intentan aprovechar diferentes hombres. Esa actriz que va recibiendo homenajes y condecoraciones porque actuar ya lo hace más bien poco. Y, entre medias, aparece Webster Carlton Westward III, dispuesto a conquistar a la actriz. Pronto, Hazie descubre que en realidad está escribiendo una biografía de Katherine para publicarla en cuanto muera. Claro, y si muere de manera trágica posiblemente venderá más. Así que pronto sabremos que Webster pretende asesinar a Katherine Kenton.

Además de la trama, más o menos ramplona, Palahniuk intenta criticar la soledad de la estrella rodeada de multitud y, a la vez, tan sola y desquiciada. Sin embargo, esta propuesta, no la consigue.

Un libro flojo, donde Palahniuk se imita a sí mismo sin conseguirlo. Particularmente me gusta más el Palahniuk corrosivo y desopilante. Recuerdo que en un taller narrativo nos preguntaban por nuestra familia literaria. Aquella que se sienta en nuestra mesa cuando leemos o escribimos. Yo colocaba una silla para Palahniuk, por si le daba por pasarse a última hora. Palahniuk es el tío lejano que está un poco loco pero que de vez en cuando, cuando viene, logra que pases un buen rato con sus historias disparatadas. Porque no esperas otras cosas de él, porque cuando viene algo melancólico y se intenta poner algo más profundo, te aburre. Pues eso.

sábado, 21 de abril de 2012

Un buen chico - Javier Gutiérrez


Cuando en el 2009 trabajaba en una librería una chica vino un día preguntándome por un libro titulado Esto no es una pipa. Por más que intenté buscar la información (no se acordaba del nombre del autor), solo conseguí información sobre el cuadro de Magritte y sobre el libro de Focault. Me dio mucha rabia porque me tomaba las búsquedas raras de los clientes como algo personal. Tres años después me ha hecho ilusión encontrarme con este título en la biografía de Javier Gutiérrez.

Después de la anécdota, vamos al libro.

Un buen chico es una grata sorpresa, de lo mejor que llevo leído del año junto con Compañía K. Una de sus mejores bazas es el estilo narrativo que utiliza. Está narrado, al menos en parte, en segunda persona y, que recuerde, he leído muy pocas narraciones con este tipo de narrador (recuerdo la magistral Aura, de Carlos Fuentes, por ejemplo). Además se intercalan diferentes conversaciones en el espacio y en el tiempo, lo que la convierte en una novela muy interesante. Por si fuera poco, el autor nos va desgranando la información en pequeñas cápsulas y, aunque vamos intuyendo qué ocurre, no cerramos la historia hasta las últimas páginas.

En cuanto al argumento, gira en torno a un grupo de jóvenes que en los años noventa formaron un grupo de música. Excesos, drogas y una manera un tanto "peculiar" (llamémoslo así) de divertirse provoca la disolución de la banda. Diez años después, el pasado sigue persiguiendo a algunos de sus componentes.

sábado, 31 de diciembre de 2011

La novela luminosa - Mario Levrero

No recuerdo bien cómo llegué a Levrero, o bien a través de un taller literario o bien a través de la facultad. Lo que sí recuerdo es que me recomendaron La ciudad. Por aquel entonces solo había una edición de Plaza & Janés de 1999 que solo podías conseguir a través de la segunda mano. Hice un intento de búsqueda algo apático y finalmente me olvidé de ella.

Un día, estaba trabajando en una librería,  vi en el catálogo de Debolsillo que sacaban un pack llamado la Trilogía involuntaria compuesto por La ciudad, París y El lugar. La edición salía en octubre de 2008 y creo que no hubo paso previo a la edición de bolsillo, es decir, que nunca salieron estos títulos en Trade en España. Los devoré con gran placer, especialmente el primero y el tercero. Eran puro Kafka. Los adoré. Descubrí que también salía en octubre de ese mismo año La novela luminosa. Así que también lo pedí. Sin embargo, y a pesar de lo que había disfrutado con los otros tres, no lo leí, sino que me puse a buscar más libros sobre este "raro" uruguayo.

Caballo de Troya había publicado en Junio de 2007 El discurso vacío y Dejen todo en mis manos. De inmediato los pedí al distribuidor. Descubro ahora, revisando unas notas, que este último libro lo leí el uno de enero de 2010 de madrugada (ya dos de enero). Según apunto en mi diario, me dormí y al par de horas me desperté como si hubiera dormido toda la noche. En vista de que sabía que no me iba a dormir de nuevo, cogí el el libro y me lo leí del tirón. Apunté: "Novelita corta, muy bien escrita, bastante kafkiana. Parece mentira cómo se puede crear algo que merece la pena con esa aparente sencillez. No es que sea una obra maestra, no me refiero a eso, es que Levrero consigue con un argumento sencillo una gran novela corta".

Todo este rollo parece que no tiene sentido, por qué no habla de una vez del libro, os preguntaréis. Bueno, creo que de alguna manera estoy hablando de él. Este libro es distinto, especial y, por ello, se merecía una reseña también distinta. En realidad estoy intentando plagiar su estilo en esta reseña; una licencia que me permito para despedir el año, por ejemplo. O porque es mi blog y escribo lo que quiero. Esa es mejor razón.

El caso es que no sé muy bien por qué, pero he dejado que La novela luminosa durmiera el sueño de los justos en mi estantería hasta ahora. Y visto con perspectiva, creo que he hecho bien, que hice bien en no leerla tras la Trilogía involuntaria. Porque esta novela es, de alguna manera, de muchas maneras, la summa (sí, con dos emes) literaria de Levrero. Bien es cierto que no he podido leer toda su obra, entre otras cosas porque no hay más editado en España. Se habla de unos cuentos escogidos que estaban prácticamente para salir de la imprenta allá por el 2008 pero, a día de hoy, ese libro no existe y, según me ha comentado un conocido que habló con la representante de ventas de Mondadori, para 2012 podemos esperar sentados.

Y de eso trata La novela luminosa. (Los que han leído la novela espero que hayan entendido el intento de homenaje a Levrero y los que no, a ver si les pica la curiosidad y la leen).

lunes, 26 de diciembre de 2011

Cuentos rusos - Francesc Serés

Antología de cuentos rusos de cinco autores nacidos en la antigua Unión Soviética. Con esta recopilación se repasa todo el siglo XX y comienzos del XXI, de una de las cunas de la Literatura del XIX. La traducción corre a cargo de Anastasia Maxímovna y la antología es obra de Francesc Serés. En total veintiún relatos que narran algunos de los episodios más importantes de la reciente historia de este inmenso país aunque, sin embargo, y a pesar de que se haga referencias, en algunos casos, a acontecimientos puntuales, estos cuentos son extrapolables a casi cualquiera de las coordenadas espacio-tiempo porque sus autores tratan temas universales. Como en toda antología, hay mejores cuentistas y peores; mejores relatos y peores.

Y hasta aquí podría llegar la crítica si no fuera porque no existen ninguno de los autores, ni la traductora que realiza el prefacio. El único verdadero es Francesc Serés, aunque no es el antólogo, sino el autor de todas las piezas que componen este libro.

Se trata, por ello, de un gran ejercicio de estilo, sin bien es cierto que no hay tanta diferencia entre estos cinco autores ficticios y llegamos, sí no a ver, sí a intuir que la mano que ha escrito estos cuentos es la misma. 

La prenda, lleno de ternura o El camino ruso, pura socarronería y mala leche, son dos joyas.

Curiosidad: el cuento titulado La campesina y el mecánico es igual en forma y fondo al titulado La vuelta, recogido en La fuerza de la gravedad. ¿Autoplagio?

martes, 20 de septiembre de 2011

Caribou Island - David Vann

Si en Sukkwan Island la segunda mitad del libro mejoraba toda la tediosa primera parte dándole sentido al libro y se nos mostraba un David Vann mucho más visceral, en esta nueva isla, el desenlace, que se precipita en las últimas quince páginas, es inverosímil y, por mucha belleza poética que se esfuerce en mostrar, el resultado es bastante débil. Digo que el desenlace es inverosímil, pero no imprevisible, de hecho desde la segunda página sabes lo que va a pasar, más si cabe si se ha leído el anterior libro de Vann. Y es que el argumento, en una de las historias, es el mismo. Si en la otra un padre y un hijo distanciados se marchaban a una isla inhóspita a vivir a una cabaña para ver si podían limar asperezas, en esta ocasión es un matrimonio cincuentón el que trata de arrimar posturas construyendo una cabaña para pasar el invierno en una isla (también inhóspita y también de Alaska). No sé vosotros, pero yo cada vez que he trabajado con alguien conocido hemos acabado discutiendo por eso de que cada uno tiene su punto de vista y como la confianza da asco, nos soltamos sapos y culebras por la boca. Luego la cosa se soluciona tomando unas cervezas. Pero si te va mal con tu mujer y no se te ocurre mejor idea que llevarla a construir una cabaña con cuatro maderas en la que vais a pasar tres meses a unos diez grados bajo cero pues igual la crisis matrimonial no la solucionáis.

La otra historia es la de la hija del matrimonio, que vive con un dentista adinerado. Estos también viven su propia crisis: ella quiere compromiso y casarse; él quiere tirarse a todo lo que tenga piernas, si tiene dos mejor, pero no es un requisito imprescindible. Para muestra, un botón:

" De pie ante el fregadero, mientras lavaba la lechuga, Jim encontró la solución. Dedicaría el resto de su vida al sexo. Se pondría en forma para poder acostarse con tantas mujeres como pudiera".

En fin, que el libro no es malo; David Vann sabe narrar, tiene un estilo aséptico y seco, e hilvana bien la historia, pero que necesito reconciliarme con la literatura, leer ese libro que me deje destrozado, como cuando era joven e impresionable.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Autobiografía novelada J.M. Coetzee

A través de tres libros, el Premio Nobel sudafricano J.M. Coetzee elaboró una autobiografía novelada. El primer volumen llevaba por título Infancia y en él se nos narra los primeros años del niño Coetzee en la pequeña localidad de Worcester, cerca de Ciudad del Cabo. Coetzee es un niño bastante solitario e introvertido, que para compensar decide ser el mejor de su clase. Vive con su madre, su padre y su hermano. La relación con ellos es como la de cualquier niño de su edad: quiere a su madre, odia a su padre e ignora al hermano.

A este primer libro de memorias le pondría un pero: las reflexiones que hace el narrador no son demasiado adecuadas para un niño de ocho años. Son propias de un Coetzee adulto recordando su etapa infantil, pero al ser un narrador en tercera persona focalizado en el niño, chirrían un poco los pensamientos y conclusiones a los que llega el infante. Un ejemplo de esto que estoy hablando sería el siguiente:

El agua de la cantimplora está mágicamente fresca, pero él no necesita más de un sorbo cada vez que bebe. Está orgulloso de lo poco que bebe. Eso le será útil, espera, si alguna vez se pierde en el veld. Quiere ser una criatura del desierto, de este desierto, como un lagarto.

No creo que un niño de ocho años se sienta "orgulloso" de beber poca agua, y mucho menos que eso lo considere de utilidad si se pierde en el desierto. No obstante, sí que el niño puede pensar algo parecido pero no saber explicarlo, y en ese caso sí está justificado que el narrador (un Coetzee maduro) nombre los recuerdos.

El segundo título Juventud, nos muestra a un Coetzee asqueado de la vida sudafricana y, ante las revueltas raciales, decide irse a Londres. Allí pretende ahorrar y escribir poesía. Pero, su trabajo como programador informático no le deja demasiado tiempo para él y poco a poco va sucumbiendo a la rutina. 

Quizás sea, de los tres, el libro que más interesante me ha parecido. Una novela de aprendizaje, la de un veinteañero que se quiere formar como escritor pero al que el trabajo le va alineando y oprimiendo poco a poco; el miedo ante la página en blanco y la búsqueda de la voz narrativa. Uno siente el desasosiego y el inmovilismo que atenaza al joven. Por el tema, recuerda vagamente al Retrato del artista adolescente o, incluso, a El guardián entre el centeno.

Por último, Verano cierra la trilogía autobiográfica. Lo más interesante aquí es el punto de vista: un investigador se ocupa de la biografía de Coetzee, ya difunto, a través de cinco entrevistas. Cuatro de estas entrevistas son con mujeres con las que tuvo algún tipo de relación, lo que nos da una visión sesgada de Coetzee y nos plantea la duda de que cualquier biografía es poco objetiva y se posiciona.

Puede que de las tres, Verano sea el más sencillo de seguir, ya que al estar estructurado en forma de entrevista, es más ligero. Con las dos primeras entregas, el estilo riguroso y certero en una tercera persona distanciada, dificultaba de alguna manera el adentrarte en sus páginas.

En cualquier caso, estamos ante tres novelas que a buen seguro sobrevivirán al paso del tiempo, convirtiéndose, por derecho propio, en un clásico futuro.

domingo, 10 de julio de 2011

Patricio Pron - El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia


Creo que Patricio Pron es un gran narrador, domina la técnica, el estilo, la estructura y hasta el ordenador con el que escribe. Pero también creo que me ha engañado con esta novela. Más aún teniendo en cuenta lo que esperaba de ella. La crítica (la crítica de la que me fío, no la de los suplementos literarios, de esa me fío poco o nada) le ensalza, el librero que me lo vendió me dijo que le dejó tocado cuando la acabó (también es un buen librero, no es un reponedor de Carrefour, a pesar de que sea la librería que más vende), e incluso estaba predispuesto a que la novela me gustara, me produjera una catarsis brutal y, en definitiva, me cambiara la vida para siempre. Y creo que ese ha sido el principal problema.

Porque, no nos engañemos, la novela no es mala, ni mucho menos, y Patricio sabe lo que hace. A Pron lo que es de Pron. Pero tampoco es esa novela que todo buen lector (sí, me considero buen lector, de hecho creo que es lo que mejor se me da hacer) espera leer algún día, esa que te deja tirado en la cama, mirando al techo, sin apenas comer, preguntándote qué coño significa estar aquí, en el planeta Tierra, con gente alrededor, yendo a trabajar, relacionarte con los demás, etc. No, esta definitivamente no es esa novela.

¿Y qué es entonces? Pues, obviamente, si no es esa novela, será otra, vamos digo yo.

Y esa otra novela está dividida en cuatro partes más un epílogo, a saber:

La primera parte muestra a un narrador, un tal Patricio Pron, (si, esto va de autoficción), que se ha pasado ocho años en Alemania, drogado, amnésico, tomando pastillas (muchas, de hecho demasiadas para darnos el nombre de todas y cada una), y en los ratos libres estudiaba y daba clases. Vamos que es el tipo que más años ha estado de Erasmus. Al narrador se le pone malo el padre, así que decide volver a su Argentina natal para despedirse de él.

En la segunda carta PatricionarradorPron encuentra una carpeta que su padre tenía guardada en su despacho. En la carpeta hay numerosos recortes de prensa sobre la desaparición de un hombre y su posterior asesinato. Resulta que el hombre desaparecido es hermano de una chica a la que “desaparecieron” años atrás, durante la dictadura de Videla. Esta chica era amiga de su padre. Luego sabremos de qué la conoce. Casi en la totalidad de esta segunda parte, Pron transcribe los recortes de periódico que estaban en la carpeta. Y los transcribe tal cual, con todas las faltas de ortografía que cometen los periodistas y no son pocas). Esto no sé muy bien por qué lo hace. Cosas suyas.

En la tercera parte, a parte de transcribir algún recorte más, el narrador se pone malo, así que tiene unos sueños muy raros, sacados directamente de Twin Peaks (y no del mundo onírico de Bolaño, como algunos apuntan. ¡Por favor!).

En la cuarta parte, casi de manera milagrosa, el narrador cobra la memoria, y se acuerda de que sus padres pertenecían a la Guardia de Hierro, un movimiento juvenil peronista (de ahí conoce el padre a la chica desaparecida). También recuerda que había perdido la memoria porque “quería” perderla, porque su infancia no fue especialmente alegre. Así que se siente culpable, y quiere redimir su culpa, y que mejor manera de hacerlo que escribir un libro, lo titulará: El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia.

Por último, nos cuela un epílogo donde nos dice que lo que ha ocurrido es verdad, pero que tiene el permiso de sus padres. Y bien, ¿a mí qué más me da? Cuando leo literatura no busco rigor histórico ni científico, eso lo busco con el ensayo.

Después de la crítica parece que el libro es lo peor que se ha escrito en mucho tiempo. Y no lo es para nada, solo que le ha tocado ser a Patricio Pron cabeza de turco. De hecho, tengo El comienzo de la primavera pendiente y me apetece mucho leer sus relatos. Lo que no acabo de entender es el valor que le dan a esta novela. Creo que gran parte del mérito se lo lleva el hecho de que sea autoficción y de que los hechos ocurrieran realmente. De que los sentimientos del narrador sean los de una persona de carne y hueso. Pero el hecho de que para el autor significara una verdadera catarsis escribirlo, no implica que para el lector también lo sea. Todos estamos de acuerdo en que lo que ocurrió en Argentina (en casi toda Sudamérica) con los dictadores es inadmisible, pero lo que estamos valorando es el carácter literario de una obra, no el dolor y lo putas que se pasó allí (o aquí) hace años. Y por eso creo que Pron me ha engañado.

Por último y no menos importante, alguién me puede explicar por qué razón la numeración de los capítulos va saltándose algunos números o no sigue la correlación, porque por más que le busco un sentido no lo encuentro.