Tiene este libro de cuentos unos altibajos muy marcados. De los quince relatos que lo componen, algunos tienen calidad literaria y otros, sin embargo, se deshacen en la lectura. Entre estos últimos hay algún que otro cuento que no pasa de mera anécdota, de contar una historia, pero sin tener la sensación de haber leído un cuento. Así ocurre, por ejemplo, con El estigma, un hombre al que le crece un pene en la cabeza. No deja de ser un chiste, no pasa a relato, amén de llevar una frase hecha a la práctica que, no por ser obvia, el autor nos explicita en la primera linea del relato: "Decían de Jacinto Peña que siempre tenía el sexo en la cabeza".
Otros relatos, como Zona cero, plantea los cambios que va a producirse en el mundo tras los atentados del once de septiembre y lo equipara con la situación de los vagabundos donde, el cambio es que en ellos no se va a producir cambio. Una comparación algo coja.
Estilísticamente también peca Rodríguez Pérez de metáforas trilladas tales como: "larga como un día sin pan" (pág. 48) o, "me dio hostias hasta en el carnet de identidad" (pág. 121). De repetición de palabras en la misma frase: "cuando vi arder los relatos perdedores del año anterior no pude dejar de pensar de nuevo en el relato leído el día anterior" (pág. 30); "pasados los diez primeros minutos sin que Jacinto hubiese pasado de los prolegómenos" (pág. 68). Y de cacofonías: "rezonga algo entre dientes y luego parece olvidar el incidente" (pág. 45).
Por contra, los primeros cuatro relatos sí que me han parecido buenos; en especial el que lleva por título El círculo esférico, que narra la posibilidad de que un cuento de Borges se presentara a un concurso de una localidad española. Este relato me parece el mejor con diferencia.
Otros aciertos son: el sarcástico Un artista realizado, sobre la "fama" de ganar un concurso literario de provincias; el que da título al libro, El viajero inmóvil, una parábola sobre la lectura; o la misiva de A un joven poeta, lleno de socarronería y mala baba contra el destinatario.
Un conjunto, pues, bastante irregular.
jueves, 16 de agosto de 2012
martes, 14 de agosto de 2012
Los pequeños placeres - Miguel Sanfeliu
Los pequeños placeres es un título engañoso. Pocos placeres hay en estos relatos, ni pequeños ni grandes. Los pequeños placeres son los que hay que disfrutar antes de llegar a lo que llegan estos personajes en sus relatos. Porque los cuentos de Sanfeliu nos narra la cara oculta de esos placeres. Lo que sucede después de la calma; de la monotonía; de la vida anodina.
Hay mucho terror en este libro. Terror cotidiano, que asusta bastante más que los fantasmas y los castillos embrujados. Como por ejemplo, la narración en forma de monólogo de un padre de un asesino, de un hijo que "siempre fue un buen chico", en Dolor.
También es aterrador el que unos padres hagan pasar a su hija por muerta antes que reconocer que se les está yendo de las manos su dura adolescencia. Así ocurre en La muerta.
O ese amor de la primera infancia, ese amor puro que guardas en la memoria con muy grato recuerdo. Ese es un pequeño placer. Pero eso no lo cuenta Sanfeliu; eso lo intuyes. Sanfeliu da un paso más y es cuando aparece el ex compañero de colegio y te dice que esa chica tan guapa, tan dulce, esa de la que te enamoraste tan platónicamente es prostituta. Y se la ha tirado. En este cuento, titulado La niña, hay un juego de contrastes entre el mundo infantil e inocente, y la edad adulta y la maldad muy interesante.
Terrorífico también es reencontrate con un compañero de clase ahora vagabundo y ver que su vida, tan parecida a la tuya, se ha desmoronado. Esto ocurre en Eutanasia.
En esta colección hay cabida para las parejas desechas, tanto las jóvenes, La cara de Marte; como las ancianas, Tanto tiempo, un relato también bastante desasosegante.
Por último, tienen cabida en este libro, la crítica a los medios de comunicación, Reality Show; el mundo de las apariencias, Vacaciones con Edi; la inseguridad, El semáforo; incluso los pequeños chistes, La foto; o los cuentos fallidos, Encuentro casual.
Ventiún relatos narrados con bastante solvencia y un pulso narrativo firme.
Hay mucho terror en este libro. Terror cotidiano, que asusta bastante más que los fantasmas y los castillos embrujados. Como por ejemplo, la narración en forma de monólogo de un padre de un asesino, de un hijo que "siempre fue un buen chico", en Dolor.
También es aterrador el que unos padres hagan pasar a su hija por muerta antes que reconocer que se les está yendo de las manos su dura adolescencia. Así ocurre en La muerta.
O ese amor de la primera infancia, ese amor puro que guardas en la memoria con muy grato recuerdo. Ese es un pequeño placer. Pero eso no lo cuenta Sanfeliu; eso lo intuyes. Sanfeliu da un paso más y es cuando aparece el ex compañero de colegio y te dice que esa chica tan guapa, tan dulce, esa de la que te enamoraste tan platónicamente es prostituta. Y se la ha tirado. En este cuento, titulado La niña, hay un juego de contrastes entre el mundo infantil e inocente, y la edad adulta y la maldad muy interesante.
Terrorífico también es reencontrate con un compañero de clase ahora vagabundo y ver que su vida, tan parecida a la tuya, se ha desmoronado. Esto ocurre en Eutanasia.
En esta colección hay cabida para las parejas desechas, tanto las jóvenes, La cara de Marte; como las ancianas, Tanto tiempo, un relato también bastante desasosegante.
Por último, tienen cabida en este libro, la crítica a los medios de comunicación, Reality Show; el mundo de las apariencias, Vacaciones con Edi; la inseguridad, El semáforo; incluso los pequeños chistes, La foto; o los cuentos fallidos, Encuentro casual.
Ventiún relatos narrados con bastante solvencia y un pulso narrativo firme.
jueves, 9 de agosto de 2012
La casa pierde - Juan Villoro
Hoy es uno de esos días en que la reseña no es tal. En realidad, pocas veces lo es; solo son pequeños apuntes que dejo que salgan casi a vuelapluma, sin demasiada profundidad y, desde luego sin dedicarle más de quince o veinte minutos al post. Lo siento, pero prefiero leer a escribir sobre lo que leo, al menos de manera concienzuda.
En este caso, apenas voy a hablar del libro de cuentos de Villoro, si no más bien de la impresión que me ha causado. Son diez cuentos de media distancia, todos ellos entre las treinta y cuarenta páginas algo que, salvo en contadas ocasiones, no me gusta especialmente. Prefiero la concentración a la dispersión. En el relato.
Luego las historias, las tramas. Hombres perdedores pero especiales, historias sin grandezas y con muchas miserias. Acababa de leer un cuento y pasaba a otro, sin pena ni gloria, sin pararme a recapacitar, sin saber muy bien si me había parecido bueno o no, sin ni siquiera plantearme qué me aportaba.
Pero, como me ocurre generalmente con los clásicos, esta es la magia de la Literatura, de repente me sorprendo a mí mismo repasando los cuentos, siguiendo de nuevo la pista de los protagonistas: del escritor que se apoya en otro para escribir, del amigo que sentencia su vida por él, del boxeador que recibe golpes para pagar su deuda con la vida (sí, incluso este relato con metáfora facilona e historia bastante vulgar, me viene a la mente de nuevo).
Entonces, me pregunto, por algo será. Y eso me basta para volver a Villoro.
En este caso, apenas voy a hablar del libro de cuentos de Villoro, si no más bien de la impresión que me ha causado. Son diez cuentos de media distancia, todos ellos entre las treinta y cuarenta páginas algo que, salvo en contadas ocasiones, no me gusta especialmente. Prefiero la concentración a la dispersión. En el relato.
Luego las historias, las tramas. Hombres perdedores pero especiales, historias sin grandezas y con muchas miserias. Acababa de leer un cuento y pasaba a otro, sin pena ni gloria, sin pararme a recapacitar, sin saber muy bien si me había parecido bueno o no, sin ni siquiera plantearme qué me aportaba.
Pero, como me ocurre generalmente con los clásicos, esta es la magia de la Literatura, de repente me sorprendo a mí mismo repasando los cuentos, siguiendo de nuevo la pista de los protagonistas: del escritor que se apoya en otro para escribir, del amigo que sentencia su vida por él, del boxeador que recibe golpes para pagar su deuda con la vida (sí, incluso este relato con metáfora facilona e historia bastante vulgar, me viene a la mente de nuevo).
Entonces, me pregunto, por algo será. Y eso me basta para volver a Villoro.
domingo, 5 de agosto de 2012
Piel roja - Juan Gracia Armendáriz
He tenido la suerte de recibir un ejemplar de la última novela de Juan Gracia Armendáriz que en septiembre publicará la editorial Demipage. Con este último libro, Armendáriz da por concluída su "Trilogía de la enfermedad" que comenzó con La línea Plimsoll (pendiente de lectura) y continuó con Diario del hombre pálido, una novela con forma de diario, o al revés; poco importa el orden y poco importa las clasificaciones y las etiquetas cuando hablamos de narrativa. De buena narrativa. Y esta lo es.
En esta tercera parte, Juan Gracia Armendáriz sigue el mismo patrón que en su anterior entrega: esto es, los apuntes a modo de confesión sobre su insuficiencia renal, sus días en diálisis, sus largas horas de hospital y sus ganas de salir adelante: cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, como dice el famoso cuento de Kafka, y con el que juega Armendáriz no solo en el título, El deseo de ser piel roja.
El título encierra una metáfora acerca de la salud del protagonista: debido a la diálisis y a los medicamentos inmunosupresores, los pacientes con insuficiencia renal carecen de un tono de piel luminoso. El deseo de ser piel roja es el deseo de sanar. De volver a ser "piel roja" tras haber sido un "hombre pálido".
Si en la anterior entrega muestra a su hija Alejandra como su motor para seguir adelante, en esta ocasión, aparte de seguir volcándose en su hija, nos presenta a su madre como un apoyo constante.
Pero no solo de enfermedad vive el hombre, y Armendáriz reflexiona sobre otros asuntos de diversa índole, así como repasa etapas de su vida y recuerdos familiares no muy gratos.
En esta tercera parte, Juan Gracia Armendáriz sigue el mismo patrón que en su anterior entrega: esto es, los apuntes a modo de confesión sobre su insuficiencia renal, sus días en diálisis, sus largas horas de hospital y sus ganas de salir adelante: cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, como dice el famoso cuento de Kafka, y con el que juega Armendáriz no solo en el título, El deseo de ser piel roja.
El título encierra una metáfora acerca de la salud del protagonista: debido a la diálisis y a los medicamentos inmunosupresores, los pacientes con insuficiencia renal carecen de un tono de piel luminoso. El deseo de ser piel roja es el deseo de sanar. De volver a ser "piel roja" tras haber sido un "hombre pálido".
Si en la anterior entrega muestra a su hija Alejandra como su motor para seguir adelante, en esta ocasión, aparte de seguir volcándose en su hija, nos presenta a su madre como un apoyo constante.
Pero no solo de enfermedad vive el hombre, y Armendáriz reflexiona sobre otros asuntos de diversa índole, así como repasa etapas de su vida y recuerdos familiares no muy gratos.
sábado, 4 de agosto de 2012
Hobo - Juan Vico
La editorial Isla de Siltolá, centrada especialmente en poesía, publica la primera novela de este, precisamente, poeta catalán.
A modo de biografía, Juan vico construye la historia de Bob Skinny Lunceford, un bluesman que vivió en la primera mitad del siglo XX. La narración tiene tono costumbrista y algo de picaresca. Comienza la novela con una descripción de los campos algodoneros del Mississippi donde trabajan y viven los padres de Bob y sus numerosos hermanos. A ninguno le espera un gran futuro más allá de continuar trabajando en el campo. Pero Bob descubre casi por casualidad la música: "Un sonido poco habitual le hace levantar la cabeza como un perro de presa, una especie de chirrido oscilante que a esa distancia solo él percibe (...) observa a un viejo sin dientes, sentado en el porche de su chabola, que toca una guitarra aún más vieja y castigada mientras entona con insistencia una misma frase cuyo significado se le escapa por completo. Aunque lo que fascina de verdad a Bobby (...) es la forma en que la mano izquierda del viejo desliza un cuchillo por encima de las cuerdas para obtener una serie de gemidos que van anudándose y desanudándose con los de su propia voz" (pág. 20). Será a partir de esta especie de epifanía cuando Bob ponga todo su empeño en aprender a tocar la guitarra.
Pronto empieza a frecuentar bares donde músicos locales tocan canciones oscuras y algo crípticas. Siempre que tiene ocasión, coge una guitarra de algún músico e intenta tocar. Descubre que tiene un talento innato para desesperación de su padre, que le prohibe tocar. Bob decide irse en busca de un futuro mejor.
Comienza así a forjarse el Skinny músico solitario, mujeriego y alcohólico. La vida le va dando alegrías y tristeza y su vida va fluctuando entre la música, las peleas y la cárcel.
Se trata de una novela corta, de apenas 130 páginas en formato cuartilla y, sin embargo, no es necesario dar más descripciones, ni meter más relleno para darle una identidad real a Bob ni a ningún otro personaje de la historia. Skinny es de los personajes que te acompañan una vez finalizada la novela.
Cada vez me gusta más leer novelas breves y, en muchas ocasiones, son más contundentes que muchos novelones de setecientas páginas (a pesar de que me quiero poner con Franzen). Menos es más.
A modo de biografía, Juan vico construye la historia de Bob Skinny Lunceford, un bluesman que vivió en la primera mitad del siglo XX. La narración tiene tono costumbrista y algo de picaresca. Comienza la novela con una descripción de los campos algodoneros del Mississippi donde trabajan y viven los padres de Bob y sus numerosos hermanos. A ninguno le espera un gran futuro más allá de continuar trabajando en el campo. Pero Bob descubre casi por casualidad la música: "Un sonido poco habitual le hace levantar la cabeza como un perro de presa, una especie de chirrido oscilante que a esa distancia solo él percibe (...) observa a un viejo sin dientes, sentado en el porche de su chabola, que toca una guitarra aún más vieja y castigada mientras entona con insistencia una misma frase cuyo significado se le escapa por completo. Aunque lo que fascina de verdad a Bobby (...) es la forma en que la mano izquierda del viejo desliza un cuchillo por encima de las cuerdas para obtener una serie de gemidos que van anudándose y desanudándose con los de su propia voz" (pág. 20). Será a partir de esta especie de epifanía cuando Bob ponga todo su empeño en aprender a tocar la guitarra.
Pronto empieza a frecuentar bares donde músicos locales tocan canciones oscuras y algo crípticas. Siempre que tiene ocasión, coge una guitarra de algún músico e intenta tocar. Descubre que tiene un talento innato para desesperación de su padre, que le prohibe tocar. Bob decide irse en busca de un futuro mejor.
Comienza así a forjarse el Skinny músico solitario, mujeriego y alcohólico. La vida le va dando alegrías y tristeza y su vida va fluctuando entre la música, las peleas y la cárcel.
Se trata de una novela corta, de apenas 130 páginas en formato cuartilla y, sin embargo, no es necesario dar más descripciones, ni meter más relleno para darle una identidad real a Bob ni a ningún otro personaje de la historia. Skinny es de los personajes que te acompañan una vez finalizada la novela.
Cada vez me gusta más leer novelas breves y, en muchas ocasiones, son más contundentes que muchos novelones de setecientas páginas (a pesar de que me quiero poner con Franzen). Menos es más.
jueves, 26 de julio de 2012
El viaje a Budapest - Daniel Barredo
Dificilmente podría haber llegado a esta novela si actualmente no viviera en Granada. O puede que sí. Hace poco comencé a trabajar en una librería de la capital andaluza y me topé con este libro. De primeras la portada me llamó la atención (es un fotograma de la película Rocco y sus hermanos, de Visconti). Bajo el título se lee que esta novela es Premio Andalucia Joven de Narrativa 2011. Así entendí que en la tienda hubiera unos cuantos ejemplares y estuviera en un sitio medianamente preferente. El caso es que leí la contra y, aunque normalmente no me suelo fiar de ellas, decidí leerme la novela.
El protagonista de esta novela es un alter ego del propio autor. Se llama igual y, por lo que pone en su biografía, muchas de las cosas que cuenta, le han ocurrido. Al menos esa verdad tiznada de narrativa. En narrativa nada es verdad, ni siquiera una autobiografía. En cualquier caso es su verdad, la del narrador.
El protagonista, decía, ha decidido romper con todo en busca de perseguir su sueño: ser escritor. Para ello malvive de concursos literarios de pueblos y comarcas de la geografía española, roba en los supermercados, o extrosiona y chantajea a viejas. Un día consigue reunir el suficiente dinero para marcharse con un amigo a Budapest. El amigo es músico y va a dar allí un concierto. Será en la ciudad magiar donde cambiará la vida de Daniel.
El libro está claramente definido en dos partes: en la primera el narrador es autodestructivo y en la segunda, el cambio de rumbo que toma su vida trastoca de alguna manera su forma de ser.
El lenguaje es explícito, quizás demasiado en alguna situación, y directo. Sin miramientos.
En cuanto al tema que plantea, es el que muchos pensamos como gran problema generacional (Barredo es del 81) y es la de que nos han vendido un mundo que no existe; nos han llenado la cabeza de sueños que son irrealizables; nos han dicho que si estudiábamos tendríamos un buen futuro y no es cierto; el protagonista siente resentimiento y rabia ante esta falta de expectativas y decide buscar su propio camino que desemboca en el semibucólico final.
El viaje a Budapest es una primera novela con algunos apuntes interesantes.
El protagonista de esta novela es un alter ego del propio autor. Se llama igual y, por lo que pone en su biografía, muchas de las cosas que cuenta, le han ocurrido. Al menos esa verdad tiznada de narrativa. En narrativa nada es verdad, ni siquiera una autobiografía. En cualquier caso es su verdad, la del narrador.
El protagonista, decía, ha decidido romper con todo en busca de perseguir su sueño: ser escritor. Para ello malvive de concursos literarios de pueblos y comarcas de la geografía española, roba en los supermercados, o extrosiona y chantajea a viejas. Un día consigue reunir el suficiente dinero para marcharse con un amigo a Budapest. El amigo es músico y va a dar allí un concierto. Será en la ciudad magiar donde cambiará la vida de Daniel.
El libro está claramente definido en dos partes: en la primera el narrador es autodestructivo y en la segunda, el cambio de rumbo que toma su vida trastoca de alguna manera su forma de ser.
El lenguaje es explícito, quizás demasiado en alguna situación, y directo. Sin miramientos.
En cuanto al tema que plantea, es el que muchos pensamos como gran problema generacional (Barredo es del 81) y es la de que nos han vendido un mundo que no existe; nos han llenado la cabeza de sueños que son irrealizables; nos han dicho que si estudiábamos tendríamos un buen futuro y no es cierto; el protagonista siente resentimiento y rabia ante esta falta de expectativas y decide buscar su propio camino que desemboca en el semibucólico final.
El viaje a Budapest es una primera novela con algunos apuntes interesantes.
sábado, 21 de julio de 2012
En el patio - Malcom Braly
Malcom Braly fue un ladrón que pasó, entre unas cosas y otras, más de tres lustros entre rejas; ninguna por delito de sangre. Por lo tanto, conocía bien el ambiente carcelario de los Estados Unidos de los años sesenta. Entre otras, pasó por la famosa cárcel de San Quintín. Es precisamente en esta cinéfila prisión donde se desarrolla la acción de En el patio. Aunque más que acción, cabría hablar de trama. En el patio de una penitenciaria no suele haber mucha acción por más que muchos blockbuster hollywodienses pretendan mostrar lo contrario. Los motines no son algo habitual ni tampoco los asesinatos; si bien de vez en cuando ocurren, no aparece un cadáver por día. En el patio de una cárcel más bien se contempla la vida pasar, experimentando un vacío y una monotonía que cada uno sobrelleva como mejor puede.
En el patio entra y sale de la mente de varios de sus residentes habituales. Nos da pequeñas pinceladas de algunos presos, más que suficientes para hacernos una idea de su personalidad, y se centra un poco más en otros, como en Hielo Willy, el que más influencias y contactos tiene; Juleson, el burgués que entra en prisión por un acto impulsivo, pero que es improbable que vuelva a recaer, o, por contra, Nunn y Sociedad Rojo, los secuaces de Hielo Willy que tienen en su haber varias salidas y entradas en prisión. A través del microcosmos que simboliza la cárcel, Braly nos da una visión de la América de los sesenta.
La frase que abre la novela es de Los hermanos Karamazov: "Por regla general, la gente, incluso los malvados, son mucho más cándidos y simples de lo que imaginamos". Esta frase resumiría bastante bien la novela; Braly nos muestra un retablo de gente corriente que ha cometido algún tipo de delito y que por ello se encuentra privada de libertad pero que, en realidad, solo en eso se distingue de la gente de fuera.
* Tirón de orejas para Sajalín por la cantidad de errores ortotipográficos que pueblan el libro. Especialmente la ausencia de preposiciones.
* Tirón de orejas para Sajalín por la cantidad de errores ortotipográficos que pueblan el libro. Especialmente la ausencia de preposiciones.
martes, 17 de julio de 2012
Los mutilados - Hermann Ungar
Si he de ser sincero, y tengo que serlo (solo faltaba mentir en mi propio espacio y engañarme a mí mismo) no conocía a este autor. Fue gracias a la entrada de La medicina de Tongoy (blog que creo que le pierden las formas y los comentarios anónimos, aunque Carlos me parece un lector suficientemente inteligente y exigente), donde oí por primera vez el nombre de este autor checo, contemporáneo de Kafka. Como hacemos todos ante una buena crítica, busqué más información por internet para contrastar. Todos los comentarios eran positivos, las críticas favorables y las comparaciones (todas horribles) con grandes escritores coincidentes. Decidí leer el libro.
La historia gira en torno a Franz Polzer, un trabajador de banco anodino y sin ambiciones cercano a la órbita kafkiana. Vive en su propia monotonía, sin sueños que cumplir ni aspiraciones a las que llegar. Cualquier mínimo detalle que le saque de la rutina lo altera. Su vida cambia cuando un buen día se pone un sombrero viejo. La novela adquiere tintes gogolianos y comparte semejanzas con El capote; cómo una prenda de vestir puede cambia tu vida.
Los mutilados es un libro desagradable. Muy desagradable. A Polzer le dan miedo las mujeres por un par de experiencias juveniles con la criada y al ver a su tía desnuda (además hay un velo de incesto entre su tía y su padre). Por ello ve a las mujeres como un compendio de carnes desbordadas, grasas y aperturas anatómicas. Su casera, Frau Polster, encaja a la perfección en esta descripción. El sexo es sucio, depravado, violento. Todo esto sin apenas descripciones; no necesitamos de grandes adjetivos ni largos párrafos para sentir esa suciedad y esa náusea. Como las que produce al ver al amigo de Polzer, Karl Fanta, lleno de pústulas y amputado de piernas.
Pero no solo Karl Fanta es un mutilado: él es el único mutilado físicamente, pero el resto de los personajes están mutilados psicológicamente: todos son ruines y oportunistas; codiciosos y embusteros; locos, en definitiva, cada uno a su manera.
Los mutilados, en fin, somos todos.
La historia gira en torno a Franz Polzer, un trabajador de banco anodino y sin ambiciones cercano a la órbita kafkiana. Vive en su propia monotonía, sin sueños que cumplir ni aspiraciones a las que llegar. Cualquier mínimo detalle que le saque de la rutina lo altera. Su vida cambia cuando un buen día se pone un sombrero viejo. La novela adquiere tintes gogolianos y comparte semejanzas con El capote; cómo una prenda de vestir puede cambia tu vida.
Los mutilados es un libro desagradable. Muy desagradable. A Polzer le dan miedo las mujeres por un par de experiencias juveniles con la criada y al ver a su tía desnuda (además hay un velo de incesto entre su tía y su padre). Por ello ve a las mujeres como un compendio de carnes desbordadas, grasas y aperturas anatómicas. Su casera, Frau Polster, encaja a la perfección en esta descripción. El sexo es sucio, depravado, violento. Todo esto sin apenas descripciones; no necesitamos de grandes adjetivos ni largos párrafos para sentir esa suciedad y esa náusea. Como las que produce al ver al amigo de Polzer, Karl Fanta, lleno de pústulas y amputado de piernas.
Pero no solo Karl Fanta es un mutilado: él es el único mutilado físicamente, pero el resto de los personajes están mutilados psicológicamente: todos son ruines y oportunistas; codiciosos y embusteros; locos, en definitiva, cada uno a su manera.
Los mutilados, en fin, somos todos.
lunes, 9 de julio de 2012
Concesiones al demonio - Óscar Sipán
De sobra es conocida la labor editorial de la
aragonesa Tropo con Óscar Sipán a la cabeza. Lo que quizás ya no es tan
conocido es que este oscense ha sido galardonado en múltiples premios y tiene
en su haber una decena de títulos publicados. Concesiones al demonio
está catalogada como su primera novela.
Se trata de una novela coral donde en cada
capítulo el narrador se centra en un vecino del edificio Zabulón. El narrador
va cambiando indistintamente de la tercera a la primera persona. Se podría
pensar en un libro de cuentos con puntos en común entre ellos, pero me parece
una polémica un tanto estéril. Si el autor y la editorial sienten que es una
novela, o así quieren expresarlo, es lícito. De hecho, el último capítulo es el
que le da el armazón de novela. En cualquier caso, no me voy a detener más en
este asunto. Insisto, es lo de menos.
Lo que me interesa resaltar es la cuidada prosa
de Sipán, pulida hasta límites insospechables; la facilidad para las metáforas;
sus frases cortas, afiladas, acertadas siempre.
También me interesa destacar el humor negro que, en pequeñas pinceladas, salpica la novela.
Este libro podría haberse titulado Museo de la
soledad (pero Carlos Castán ya lo había elegido antes) o Seis personajes
en busca de amor (pero igual Pirandello lo acusaba de semi-plagio. Además,
en realidad son siete los personajes que tienen voz) porque los personjes, es
una novela de personajes, son seres a medio camino entre la soledad y la
derrota. Seres golpeados por la vida, algunas veces; por la apatía y los
miedos, otras. Así, el ciclista que saboreó las mieles del éxito y ahora vive
gracias a un taller de reparación de bicicletas; el hombre mayor que no logra
superar la jubilación; la adolescente marcada con una esvástica; o los vecinos,
puerta con puerta, escritores que comparten sin ni siquiera saberlo, celos,
fobias, y falta de autoestima. Personajes todos, que coexisten más allá de sus
páginas.
viernes, 6 de julio de 2012
Una familia normal - Santiago Gascón
Hay lectores que en verano lee esos grandes clásicos que tienen pendientes (todos tenemos grandes obras que posponemos para una ocasión mejor). Guerra y paz, Moby Dick, o cualquier novela de Dickens que pueblan las librerías con motivo del bicentenario de su nacimiento.
Otros, prefieren evadirse y leen novelas criminales, se acercan a la trilogía de Steig Larsson o se embarcan en alguna novela con tintes históricos.
Yo, que este verano trabajo y tengo menos tiempo que en cualquier otra época del año, me he decidido por un término medio. En realidad, me he visto obligado. La idea era leer (releer en algún caso) las novelas de Fante, tanto padre como hijo. Otra opción era ponerme de una vez con Onetti hasta acabar harto de sus libros. Pero creo que ninguna de las dos opciones van a poder ser de momento, así que me decanto por seguir leyendo lo que hasta ahora; esto es: normalmente novedades de autores de habla hispana, editoriales independientes, y un mínimo de calidad.
En esta ocasión, el libro es de la editorial Xordica, una editorial aragonesa de la que hasta ahora no había hablado y que, sin embargo tiene en su catálogo a autores tan interesantes como Ismael Grasa, Daniel Gascón o Cristina Grande; amén de Labordeta y Félix Romeo.
Una familia normal narra a cuatro voces (la del padre, Darío; la madre, Pepa; y los hijos, Guillermo y Fran) el día a día de una familia española. Ni más ni menos.Ahora bien, ¿qué es una familia normal? A lo largo de las poco más de doscientas páginas la narración se ve salpicada de diferentes posturas teóricas sobre qué es ese grupo definido como familia. Descripciones antropológicas, sociológicas o filosóficas disertan sobre este asunto. Pero una familia moderna, actual, poco o nada tiene que ver con las apostillas científicas. Quizás quede algún vestigio muy remoto. Solo quizás. Pero lo que está claro es que no es lo que postulan.
Y para explicarnos que es esto de la familia aparecen esas cuatro voces pertenecientes al grupo. Así, cada miembro tiene su propia mirada y acentúa lo que más le interesa destacar de su existencia. Un mismo suceso se ve desde diferente prisma según los ojos con que se miren. Incluso la familia tiene un significado diferente para cada uno de sus miembros.
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