miércoles, 17 de diciembre de 2014

Nueve - Rodrigo Hasbún



Elegido por la revista Granta en 2010 como uno de los 22 mejores autores de lengua española menores de 35 años, Rodrigo Hasbún (Bolivia, 1981) recopila en este libro nueve cuentos ya aparecido en otras publicaciones suyas, incluyendo el único libro editado en España hasta la fecha, Los días más felices (Duomo, 2011).

Nueve relatos cuyo eje central, los cuentos cuatro, cinco y seis, están conectados entre sí. Así, en Futuro, un grupo de estudiantes realiza un viaje de fin de curso. El narrador va focalizando en los distintos compañeros de clase, cada uno con sus sueños, sus ansías de comerse el mundo, pero también su miedo al futuro, ese que parece que se abre más ampliamente cuando se cierra un ciclo vital en nuestras vidas, como puede ser el caso de una graduación. En Reunión, los mismos protagonistas se dan cita años después. Como era de esperar, la vida no les ha tratado por igual. Por último, Los nombres da cuenta de un nuevo encuentro entre estos antiguos compañeros, ya amigos, y como uno de ellos comienza a salir con la amiga de la hija de otro de los amigos.. Tres cuentos tristes, que dejan un poso amargo, como el resto de las narraciones que componen el libro.

Quizás, los dos más terribles sean Syracuse, donde unos alumnos de un taller literario redactan sus diarios y donde Russo y Grace comienzan con un juego que se les va de las manos; y Tanta agua tan lejos de casa en el que un grupo de amigas organizan un viaje en el complejo hotelero de una de ellas. Este cuento tiene un marcado estilo decadente y gris, lo que no deja de resultar llamativo teniendo en cuenta que el resort se encuentra en plena playa idílica.

La soledad, la imposibilidad de relacionarse o las relaciones sociales son solo alguno de los temas que retrata Hasbún con un estilo algo lacónico aunque certero. 

Narraciones todas ellas ancladas en el pasado. Incluso la titulada Futuro no es sino la visualización de algo que va a llegar y que irremediablemente será peor de lo que imaginamos por lo tanto se volverá la vista atrás para recordar aquello que añoramos, aquello que nunca llegó a existir pero que ya habíamos idealizado.

Mondadori publicará el año que viene su novela Los afectos. Estaremos pendientes.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Física familiar - Jon Bilbao

Por el año 2008 me encontraba trabajando en una librería, la primera vez que trabajaba en una. Siempre me había apetecido hacerlo y hoy, tres librerías después y seis años más tarde, sigo cada día rodeado de libros. El trabajo es menos idílico de lo que imaginaba en aquel año pero sigue dando alguna que otra alegría. Sobre la mesa de novedades de aquella primera librería, un libro me llamó la atención: Como una historia de terror, de un tal Jon Bilbao y editado por Salto de página. Ni idea, ni autor ni editorial me sonaban. Lo hojeé. Era un libro de relatos, género al que tengo especial cariño. Estuve tentado a comprarlo en varias ocasiones, pero trabajar en una librería es una condena para el bolsillo así que lo fui dejando. El libro desapareció de la mesa de novedades y no me volví a acordar de él.

Un par de años después aparecía en Páginas de espuma el libro que confirmaba el repóker del cuento en el mundo hispanohablante, Pequeñas resistencias 5. Jon Bilbao era uno de los antologados; Rata, su cuento. Me gustó mucho su relato inquietante ambientado en el mundo de la empresa. Fue de los mejores del libro. Aprovechando un viaje que hice a Bilbao por esas fechas para ver a una antigua novia, mientras ella estaba en clase yo me acerqué a Bidebarrieta, la biblioteca del casco viejo. Leí la mayoría de los cuentos de Bajo el influjo del cometa. Cuando volví a Madrid me hice con ese mismo libro aparte de Como una historia de terror que, curiosamente, sigo sin leer. Bilbao tiene también varias novelas publicadas, pero de eso hablaré en otra ocasión. Hoy toca cuento.

Toda esta larga digresión para hablar de la tercera colección de relatos del autor asturiano. En realidad, el libro está compuesto por 3 relatos, publicado originalmente por la editorial Nobel y por el que obtuvo el premio Asturias joven de Narrativa. Un libro inencontrable a día de hoy (y revisado para la nueva edición). La segunda parte se compone de cuatro relatos publicados en diferentes antologías de las que ha sido partícipe. Por último, la tercera parte consta de tres relatos inéditos. A todos ellos, sin embargo, les une el nexo de la familia en sus diferentes variantes: parejas, hermanas, amistades, padres e hijos.

Como en toda colección de relatos hay unos por encima de otros, sin embargo, el conjunto no desmerece lo más mínimo. La escritura de Jon Bilbao es un cruce entre Julio Cortázar y Raymond Carver. Toda comparación es odiosa y es fácil hablar de estos dos monstruos del relato, cada uno en su estilo, a la hora de hablar de un cuentista, pero es más complicado que en la escritura de un autor se aúnen estos dos estilos tan diferentes y salga airoso. Más que nada porque el estilo que da como resultado es el suyo propio, el estilo Jon Bilbao. Esto es, a vuelapluma, una realidad cotidiana, casi cayendo en la rutina donde solo asoman pequeñas grietas por donde vislumbras que algo va a suceder, que algo no va bien, en esa calma va a pasar algo inesperado. Ese algo que puede ser un elemento digamos fantástico dentro de la realidad. El becerro de Lego sería un buen ejemplo de lo que trato de explicar.

Historias todas ellas oscuras, inquietantes, Bilbao domina el tempo narrativo, insinúa sin mostrarnos, crea atmósferas decadentes y nos deja tambaleándonos tras la lectura, con el final abierto, elucubrando una posible salida, si es que la hay.

jueves, 27 de noviembre de 2014

La librería quemada - Sergio Galarza

En Paseador de perros un inmigrante peruano, viendo que sus planes de prosperar en la Madre Tierra no daban sus frutos ya que no tenía siquiera permiso de residencia, se ganaba la vida paseando a perros por los distintos barrios de Madrid mientras la rabia le consumía; en JFK un scort de lujo conducía bajo las estrellas de la capital al encuentro de clientes anónimo; ahora, en La librería quemada, es todo un grupo el que sobrevive a la gran ciudad.

Un grupúsculo de libreros se van adaptando a los cambios que sufre el sector. Trabajan en "La gran librería", que no es otra que la "Casa del libro" de Gran Vía, lugar donde el propio Sergio Galarza trabaja. Y es que ciertos aspectos solo los puede describir de esa manera alguien que haya trabajado en una librería. Tal es el caso de clientes que no entienden que un libro esté agotado o descatalogado y te lo hagan buscar entre los estantes, que te miren con un deje de reproche porque creen que no le quieres vender el libro; la carga y descarga de cubetas llenas de libros donde cualquier trabajo intelectual que pensabas que ibas a llevar a cabo en la librería cuando firmaste el contrato es pura fantasía; o la creación de terciarias casi hasta el infinito llegando al punto de que la cantidad de terciarias se corresponde con el número de volúmenes de una materia. Un ciudadano, un voto. Un libro, una terciaria.

La crisis del sector, esa que lleva vigente desde que a los sumerios les diera por cocer tablillas de arcilla, ha trasformado profundamente no solo la imagen sino también la esencia de la librería. Donde antes había cientos de referencias bibliográficas, ahora ocupa su lugar pantallas líquidas, papelería de baja calidad o merchandising emparentado de manera remota con el mundo del libro, como puede ser una bolsa con la foto de Virginia Woolf. Las cálidos mesas de madera que decoraban las diferentes plantas del local han dado lugar a muebles blancos de diseño industrial, más prácticos y con menos personalidad. Y en el salón de actos, cuando antaño se llenaba para la presentación de un autor de renombre se ha convertido en un sitio de reunión para que charlen  familiares y amigos con el escritor autoeditado. Por si fuera poco, los viernes es el día que se dedica a los despidos del personal. Solo se despide a empleados, los altos directivos siguen en sus puestos cobrando lo mismo sino más y contratando a dedo (a pesar de que no hay dinero para contratar, solo para despedir) a amigos o antiguos compañeros de estudios que llevan tal o cual empresa para que hagan una autoría con su informe correspondiente explicando los pasos a seguir para que la empresa se mantenga a flote. Como el lector habrá comprobado ya a estas alturas, "La gran librería" es un microcosmos representativo de la sociedaden la que vivimos. La misma crisis pagada por los de abajo mientras que los de arriba son igual de corruptos.

En medio de esta inestabilidad se encuentran los trabajadores de "La gran librería". Galarza se centra sobre todo en los dependientes de la tercera planta, la más conflictiva donde, entre otras secciones, se ubica la que mayor crecimiento ha experimentado en los últimos años, la de autoayuda (otro guiño del autor a los tiempos que corren).

La plantilla es de lo más variopinta, desde un ex seminarista facha hasta el aspirante a escrritor que lleva años corrigiendo su novela sobre Vallejo mientras se masturba con furia, pasando por la empleada que estaba de paso hasta sacarse las oposiciones y ya va para veinte años en la empresa, el que liga con sudamericanas por chat, o la depresiva a la que engañó su novio. Todos ellos personajes solitarios en medio del maremágnum de una gran empresa ubicada en pleno centro de Madrid. No estarían más solos si se echaran al monte.

Con esta ácida y crítica novela coral, Sergio Galarza cierra su trilogía sobre Madrid.

martes, 25 de noviembre de 2014

El idioma materno - Fabio Morábito

Hay libros que hay que celebrar cuando se editan. Por ser diferentes, por mantenerse al margen de mercados y modas, por tener una alta calidad literaria, por aportar algo más que unas cientos de páginas escritas. El idioma materno, de Fabio Morábito es uno de estos libros.

Son ochenta y cuatro textos cuya extensión no supera la página a doble cara los que componen este libro inclasificable del escritor de nacionalidad egipcia pero de pasado italiano y cuya lengua de comunicación es el español. De ahí el título, de ahí los diferentes textos dedicados a la traducción, al lenguaje, al modo de expresarnos. Ochenta y cuatro textos que nacieron en el diario argentino Clarín, cuando le propusieron escribir una columna de temática libre de no más de dos mil caracteres. Desde un primer momento, Morábito tenía claro de lo que quería hablar: del libro y de todo lo que conlleva, desde la escritura a la vocación literaria, pasando por la palabra escrita frente a la oralidad, sobre la poesía y la relación que uno tiene con los textos.

Morábito articula estos pequeños ensayos en hechos concretos de su vida; así, descubrió que quería ser escritor cuando se enamoró de un niño a los siete años y lo traicionó, porque un escritor es el que traiciona de algún modo a los que le rodean, porque se aleja un poco de eso que se llama vida para poder reflexionar sobre ella. Que se levanta temprano, muy temprano, a las cinco y media de la mañana, para velar y a la vez robar los sueños ajenos. También habla sobre libros leídos, sobre sus influencias o libros que leerá, como Anna Karenina que se leyó en tres semanas en constante visitas a su dentista pero que, en realidad, solo era un ensayo para poder leerlo en el futuro.

Al primar la brevedad, Fabio Morábito tiene que ser muy conciso, pero sin dejar de ser preciso, recurre a la analogía, a metáforas, a silencios significativos, dotando a estos textos de algo muy parecido a la prosa poética. Un libro para tener en la mesilla de noche, para cogerlo en cualquier momento del día y leer uno de los capítulos. Para releerlos una y mil veces, para disfrutar de la Literatura de verdad.


lunes, 17 de noviembre de 2014

El Círculo - Dave Eggers

"Te dedicas a comentar cosas y eso sustituye el hacerlas".

Esta frase hecha por Mercer, el exnovio de la protagonista, Mae, resume a las claras el concepto de Red Social. Nos pasamos parte de nuestros días pegados a la pantalla del ordenador, de la tablet, del móvil o cualquier otro dispositivo electrónico. Allí comentamos lo que nos está pareciendo la película que estamos viendo. Nos está pareciendo muy buena. Tanto, que queremos compartirlo con el resto de los mortales aun a riesgo de perdernos parte de esa maravilla del séptimo arte. Si vamos a un restaurante, sacamos la foto de la gran hamburguesa que nos acaban de servir 100% puro vacuno. Localizamos el chiringuito con el gps y lo subimos a la nube para que quien quiera pueda venir a probar este manjar. En la foto la hamburguesa está intacta así que ni siquiera sabemos cómo sabe. Pero eso es lo de menos. Lo importante es la inmediatez y en que todo el mundo sepas lo que haces. Que vean que tienes una vida social activa.

La última novela del escritor norteamericano Dave Eggers trata precisamente de los peligros que conlleva la utilización desmesurada de las redes sociales. En un futuro indefinido, aunque en cualquier caso no muy lejano, la gran red, El Círculo, va tejiendo su telaraña acaparando a su paso millones de usuarios potenciales y empresas privadas. Mae Holland entra a trabajar en la empresa recomendada por su amiga desde el instituto Annie, una de las cuarenta personas más influyente de El Círculo. El campus donde trabaja, que se encuentra en la ciudad ficticia de Sant Vincenzo pero que perfectamente podría ser Silicon Valley, dispone de todo lo necesario para que sus más de diez mil trabajadores puedan sentirse como en casa: de hecho, disponen hasta de habitaciones por si se les hace tarde y no quieren regresar. Cafeterías, restaurantes, bibliotecas, piscinas, pistas de todo tipo de deportes, etc. hacen de este complejo una gran ciudad donde pasar el resto de tus días sin necesidad de coger el coche. Si a esto le sumamos las fiestas, conciertos o monólogos que se celebran de manera periódica, ¿Quién no adoraría El Círculo?

Mae entra de manera titubeante, recibe un par de reprimendas por no hacer más uso de las redes sociales y estar tan abajo en su nivel de popularidad. Le gusta ir en kayak pero, sin embargo nunca hace fotos ni postea sobre el sitio en el que navega. Y no ha aparecido a algunas de las charlas que se han dado especialmente para novatos. Como solución, le van colocando pequeñas pantallas en su mesa de trabajo. La principal para responder a los clientes; una segunda para correo interno; la tercera para InnerCircle, la red social de la empresa. Y así hasta nueve pantalla. Por si fuera poco, tiene un dispositivo para ir respondiendo a un cuestionario infinito mientras resuelve dudas de sus clientes. Así, poco a poco, a Mae le va absorbiendo cada vez El Cículo hasta que decide hacerse transparente; esto es, colgarse una cámara del cuello y retransmitir su día a día en tiempo real.

Paralelamente a este supeditación de Mae a la empresa, los padres y el exnovio se van mostrando cada vez más reacios a quedar con ella, a verla, ya que no solo los ve ella, si no que millones de ciudadanos pueden ver la cena de Mae con sus padres. En este sentido, los discursos de Mercer previniéndola sobre las posibles consecuencias de no tener ni un mínimo de intimidad son muy lúcidas y de lo más sensatas.

Esta novela, que bien podría ser una especie de 1984 2.0 por las similitudes distópicas con la novela de Orwell, tiene su punto fuerte en el realismo con el que está escrito. Así, mientras que el libro de Orwell planteaba una tesis desde la ficción, la novela de Eggers nos aterroriza por lo muy plausible de la situación, por la manera tan natural con la que podríamos llegar a ese punto, casi sin darnos cuenta y de manera tan "democrática".

jueves, 6 de noviembre de 2014

Los últimos - Juan Carlos Márquez

BIENVENIDOS AL APOCALIPSIS

El primer día fue el fogonazo donde los mamíferos ardieron como teas. El segundo, murieron las aves y los peces. Al tercer día, no salió el sol ni le sucedió la luna. El cuarto, los árboles y las plantas se secaron. El quinto día, el cielo y el mar dejaron de existir. Al sexto día, anocheció. El séptimo, por supuesto, el creador descansó.

Con esta creación inversa comienza la última novela del bilbaíno Juan Carlos Márquez, que edita Salto de página. El Apocalipsis parece que ha llegado y el mundo tal y como lo conocemos va a dejar de existir. A modo de diario, Adam Crowley nos relata el día a día de los supervivientes en el nuevo mundo, cómo los militares construyen una ciudad subterránea a la par que lanzan bombas de oxígeno al aire para poder respirar sin máscaras al menos un par de horas al día, o cómo Disney World se convierte en hospital de campaña primero y en campamento base, después. Pero algo sucede cuando descubren alarmados pirámides de huesos apilados a modo de esculturas en los márgenes de la carretera. No todos los habitantes que han sobrevivido a la devastación de la Tierra conservan su forma humana; algunos han mutado convirtiéndose en seres rápidos, ágiles y ultramusculados que practican el canibalismo. La única solución parece pasar por trasladarse a Marte, dando comienzo el Diario de Marte, donde lo que primará será la necesidad de crear un nuevo mundo habitable, un nuevo Génesis. Allí, a Marte, se irán la mujer de Adam con su hijo, el propio Adam, un vecino que se quedó huérfano, un militar experto en biología, y una enfermera con pocas ganas de vivir.

Después de la excelente colección de relatos que bebía de la narrativa americana (Norteamérica profunda) y del no menos interesante Tangram donde un conjunto de relatos se convertía en novela y coqueteaba con el género negro, Juan Carlos Márquez se adentra en esta ocasión en el territorio de la ciencia ficción pero marcando siempre su propio estilo que se va reconociendo a través de sus diferentes obras: un sutil humor negro en ocasiones más hilarante como sucedía en Oficios o Llenad la tierra o de manera más comedida como en esta ocasión, y los guiños a la cultura popular. También está presente en esta obra las relaciones humanas, muy especialmente en la segunda parte de la novela, donde tiene que comenzar una nueva vida para salvar a la raza humana, pero también en la primera parte, en ese Diario de la Tierra, donde en medio del caos se puede ver a un padre jugar con su hijo y el amigo de este a pasarse el balón de rugby o donde un par de niños hacen carreras con una silla de ruedas. O aquella otra estampa familiar donde los adultos y los niños patinan por carreteras desiertas persiguiendo una masa homogénea de gusanos blancos.


Reconozco que nunca he sido un gran aficionado a la ciencia ficción y que conozco poco los códigos en los que se mueve, sin embargo el autor sí que conoce estos códigos que trasgrede y reelabora en esta novela distópica. Poco importa, además, que el lector sea o no seguidor del género. Una vez que tenga el libro entre las manos, se olvidará de las etiquetas que nos autoimponemos y disfrutará de este particular Apocalipsis

RESEÑA APARECIDA EN LA REVISTA QUIMERA ENERO 2015 NÚMERO 374

lunes, 27 de octubre de 2014

El vigilante - Peter Terrin

Michel y Harry, dos vigilantes de un bloque de apartamentos de lujo mantienen todo bajo control haciendo rondas por los sótanos del inmueble. Cada quince días reciben la visita de un repartidor que les trae provisiones para las siguientes dos semanas; además, otro vigilante vendrá a relevarlos en breve. Un día, sin previo aviso, comienzan a irse todos los propietarios. Posteriormente le siguen los criados y cocineros. Todos se van. Harry ha contado treinta y nuevo propietarios que se han ido de un día para otro. Por lo tanto, falta uno que se mantiene en el edificio. Además, el repartidor ha dejado de venir y el sustituto tampoco llega. Comienza así las elucubraciones de estos dos vigilantes, sobre todo de Harry. Dos teorías son las que mantiene: o bien esto es una prueba de sus superiores para ver si están capacitados de dar el salto al cuerpo de élite, lo que les garantiza casi  una jubilación anticipada, vigilar en una gran mansión, por los jardines llenos de luz y salir por fin del zulo en el que trabajan; o bien algo ha sucedido ahí fuera, una catástrofe, una epidemia o o una guerra bacteriológica. Sea lo que fuere, lo mejor es mantenerse firmes en sus puestos de trabajo, llevando a cabo las rondas con más celo si cabe e implantado algunas nuevas reglas que llevar a cabo.

Narrada desde el punto de vista de Michel nunca sabremos, al igual que le ocurre a los dos protagonistas, que es lo que pasa realmente ahí fuera. Vivimos en la era de la información, con un solo click tenemos a nuestra disposición más información de la que podemos asimilar y es por ello que cada vez sabemos menos, leemos información sesgada y no comprendemos la mitad de las cosas. Peter Terrin compone una gran metáfora de la vida actual aislando a estos dos vigilantes en el edificio de alto standing.

Novela oscura y claustrofóbica muy bien dosificada en pequeños capítulos que se van haciendo cada vez más densos e impenetrables. No olvidemos que se nos narra en primera persona, por lo que Michel cada vez está más confuso. Comienza siendo descriptivo pero a medida que avanza la trama se vuelve más introspectivo, se plantea más preguntas y se adentra en el mundo de la psique para intentar comprender la situación. A este respecto, la última parte te mantiene pegado al sillón, divagando por los meandros de la mente de Michel sin saber en qué momentos le está jugando malas pasadas su conciencia. El final, escalofriante. La novela, un acierto de Rayo Verde.

miércoles, 22 de octubre de 2014

En el café de la juventud perdida - Patrick Modiano

He de confesar que no tenía pensado leer al último premio Nobel de manera inmediata. Quizás echarle un ojo por encima y decidir si seguía con su lectura o no. En cualquier caso, este si que era el título que quería hojear. Uno de mis compañeros de trabajo lo leyó y me dijo que le apetecía que lo leyera así que me lo pasó el fin de semana y me lo leí del tirón. Porque sus apenas 140 páginas dan para leerlo de esa manera. 

Estamos en los años sesenta parisinos y un grupo de jóvenes sin mucho futuro se reúnen en el café Le Condé, en la bohemia rive gauche, a pasar las horas. Un día, entre los parroquianos habituales aparece una joven muchacha de apenas veinte años a la que bautizan con el nombre de Louki. La tal Louki es un personaje misterioso del que poco sabemos. Modiano nos va dando pequeñas pinceladas de la chica a través de los cuatro narradores que aparecen en la novela: un joven asiduo al café que es un nño de papá en comparación con el resto de clientes; un detective cuarentón que investiga a Louki; la propia Louki; Una pareja que tuvo Louki.

Lo interesante de la novela, aparte del tono melancólico y pausado que desprende sus páginas, una morosidad de aquel que siente la nostalgia de unos años que no volverán, esa juventud perdida que aparece ya en el mismo título, es la descripción que hace Modiano de los personajes. Los coge en un momento dado de la trama, nos cuenta muy someramente de ellos algún detalle, y los deja marchar. Ese "pasar de puntillas" por ellos permite al lector participar en el libro, de manera muy especial pasa con Louki. Al hablar cuatro personajes de ella, cada uno bajo un punto de vista, cada uno un poco enamorado a su manera, el lector completará la misteriosa biografía de la muchacha. También el ambiente me parece un dato a tener en cuenta en el libro, el París mítico de los sesenta, poco antes de la revolución de Mayo del 68. El lector pasa por las páginas como un flâneur callejeando por una ciudad que ya no existe, observando a sus gentes, viendo escaparates y fachadas.

Me apetece seguir con el autor, aunque mucho me temo que sus obsesiones literarias de reconstrucción de la memoria y la ciudad de París no harán más que repetir la misma fórmula en otras novelas. No obstante, me apunto estos libros que el escritor peruano Ricardo Sumalavia recomienda del reciente Nobel francés.


lunes, 13 de octubre de 2014

Canciones de amor a quemarropa - Nickolas Butler

Cuatro amigos se reencuentran en su pueblo natal tras varios años sin verse. Acuden a la boda de Kip, el agente de bolsa que se había trasladado a Chicago a triunfar en los negocios. Ahora regresa no solo para su boda, sino para instalarse de nuevo en el pueblo. Ha comprado una vieja fábrica abandonada para rehabilitarla y dar con ello vida al pueblo. Henry, por su parte, nunca salió de allí, se casó con Beth, su primera novia, y vive junto con sus dos hijos de granjero. Ronny no ha vuelto a ser el mismo desde que le dio aquel colapso fruto de tanto alcohol en su sangre. Lee es el gran triunfador, se ha convertido en un cantante de fama mundial, se rodea de grandes estrellas, incluso estuvo unos meses casado con una; sin embargo, es el que más solo se siente, el más vacío, el que más echa de menos el pueblo.

Nickolas Butler va dando voz a cada uno de los personajes; cada capítulo es narrado bajo el punto de vista de uno de los protagonistas, los cuatro amigos y Beth. Al tratarse de una novela polifónica, el propio lector puede ir reconstruyendo la historia de sus vidas.La narración es lineal y va avanzando con las diferentes voces, aunque está muy presente el pasado de cada uno de ellos, cuando eran poco más que un grupo de veinteañeros soñadores que acudían a la fábrica a beber cerveza en el tejado hasta que amanecía. Ahora han pasado los años, ya no vale con reunirse en torno a unas latas y dejar que los problemas se disipen a medida que se van vaciando litros. Es el momento de afrontar la realidad, volver al pasado e intentar poner remedio a lo que te ha atormentado todos estos años. La amistad no parece ya tan duradera y las fisuras son cada vez mayores.

Tiene la virtud este libro de atraparte desde las primeras páginas, por ese estilo sencillo y desenfadado, tocando temas tan universales como el amor, la amistad y el apego a la tierra. Muy buena primera novela que no creo que tarde en rodarse su adaptación al cine. Da pie para ello. De hecho, en ocasiones, parece el esbozo de una película indie. El tiempo lo dirá.


miércoles, 1 de octubre de 2014

En lugar seguro - Wallace Stegner

Continúa mi labor de lectura de parte del catálogo de libros del asteroide. En esta ocasión otra de las joyas que la editorial catalana editó hace ya seis años: En lugar seguro.

Larry y Sid son dos jóvenes profesores de universidad con vocaciones parecidas; ambos quieren dedicar su vida a la literatura pero, mientras que Larry sí que lo consigue, la vena poética de Sid es cortada de raíz por su esposa Charity, mucho más práctica que le insta a que publique trabajos académicos para poder ganarse la vida cómodamente. A Charity le gusta tenerlo todo bajo control y, Larry acepta y convive con esta circunstancia. Esta es la única nota discordante que se da en toda la novela. Aquí no hay adulterio entre amigos, traiciones ni fracasos superados a base de alcohol. Lo que se cuenta es una historia íntima de cuatro amigos que comparten sus vidas a lo largo de treinta años. El encargado de poner por escrito estas vidas es el escritor de los cuatro, Larry, que rememora su vida desde la casa de veraneo de sus amigos. Han ido a despedirse de Charity, que padece un cáncer terminal.

Novela que trascurre sin sobresaltos, es una vida apacible la que viven sus cuatro protagonistas, que para muchos puede parecer que no ocurre nada, cuando en realidad está llena de matices. Me recuerda en algunos pasajes a James Salter solo que Stegner es más naturalista mientras que Salter es más cosmopolita. Canto al amor y a la amistad, que no es si no otra forma de amar.