jueves, 22 de enero de 2015

Sueños de trenes - Denis Johnson

No recuerdo muy bien cuando leí Hijo de Jesús (en aquella colección de Debolsillo que llevaba un 21 y que estaba compuesta por autores como Foster Wallace, Palahniuk o Letehm, entre otros. Por cierto, el año pasado Random reeditó Hijo de Jesús). Debió ser hace diez o doce años, cuando me encontraba perdido en la facultad  y no sabía qué rumbo iba a tomar mi vida, hacia dónde quería redirigirla. Aquellos años fueron los que me formaron como lector. No fui un niño muy lector (aunque si me recuerdo leyendo libros, sobre todo en verano), ni tampoco un adolescente que devorara hojas. Fue en la veintena cuando empecé a descubrir autores, obras, librerías. Iba picoteando de aquí y de allá, sin mucho criterio, un poco por impulso y otro poco por lo que recomendaban diversas revistas. Supongo que una de las recomendaciones fue Denis Johnson. Del libro, tampoco tengo un especial recuerdo. Un libro de cuentos con algún tipo de relación entre ellos y personajes extravagantes (hablo de memoria, que conste. Igual estoy metiendo la pata hasta el fondo. Podría revisar de qué iba, pero prefiero dejarlo estar). No se parecía a nada de lo que hubiera leído hasta entonces pero, ya digo, tenía pocas lecturas encima. Ahora puedo aventurarme y decir que, si la memoria no me falla, se puede emparentar un poco con Bukowski o Carver. Tengo que releer ese libro.

Toda esta introducción larga e innecesaria para situar un poco la elección de un libro u otro a la hora de abordar mis lecturas. Dejé pasar Árbol de humo, en su momento no me interesó, pero he oído maravillas de él y al final seguro que caerá. Y este mes ha salido Sueños de trenes, una nouvelle que no hay que perderse.

En ella se nos narra la vida de un don nadie. Se llama Robert Grainier pero qué más da su nombre si ni él mismo tiene muy claro si nació en Estados Unidos o Canadá; si una vez muerto en su cabaña, tardan en encontrar el cadáver más de seis meses. Y eso que, como otros cientos de miles de trabajadores, contribuyó a la modernización del continente americano. Trabajó para diferentes empresas, construyendo puentes que acortaban las distancias y hacían la vida un poco más fácil a la hora de desplazarse. O cortando árboles. O de transportista. Pasó temporadas fuera de su hogar, apenas un terruño en mitad del Oeste americano. En una de esas ausencias, ocurre. Lo imprevisto. La catástrofe. Sin embargo, Robert Grainier no se replantea su vida sino que sigue, más o menos, como hasta ahora. Trabajando. Huraño. Casi invisible.

La prosa de Denis Johnson es seca, como la tierra en la que habita su protagonista. No le hace falta mucho alarde técnico para contar toda una vida gris y monótona en medio de un país en constante evolución. Johnson sazona esa sequedad con tintes de humor absurdo; en ese sentido, es impagable la conversación entre Robert Grainier y un hombre que ha sido disparado por su perro. Además, aparecen pinceladas de carácter epifánico o simbólico, lo que convierte este pequeño texto, en cuanto a dimensión, en una obra inmensa.

viernes, 16 de enero de 2015

Los hermosos años del castigo - Fleur Jaeggy

He de reconocer que no conocía nada de esta autora suiza cuya lengua de expresión es el italiano hasta que no leí una reseña de la escritora sevillana Sara Mesa para Estado Crítico (curiosamente una reseña no demasiado positiva. Podéis echarle un vistazo aquí). La obra en cuestión, El dedo en la boca, no era la más representativa de Jaeggy; era la primera novela que publicaba y, en palabras de la propia Sara, "es una historia a medio cocer". Sin embargo recomendaba dos novelas breves con las que poder iniciarse en el universo de la escritora suiza: Los hermosos años del castigo y Proleterka. Como ambos compartimos admiración por el "raro" uruguayo Mario Levrero y, por mi parte, considero la obra de la propia Mesa como una de las voces más originales del panorama narrativo español, me hice con el libro que intentaré comentar a continuación.

He leído, a posteriori, críticas positivas y negativas de esta nouvelle. Lógico. Sin embargo no deja de ser curioso que gran parte de esas críticas, tanto las positivas como las negativas, se basaran en el mismo punto de partida: su prosa está compuesta por frases sencillas, breves, asépticas, deslavazadas en recuerdos de los años de la protagonista en un internado de Appenzell. Y aquí viene la diferencia; para los detractores, esas frases se les quedaban en nada, en vacío, en un no contar. Para los partidarios de este texto, esa aparente vacuidad está cargada de un ambiente sombrío, claustrofóbico, de una sexualidad latente que está aflorando en las muchachas internas en el cantón suizo. Y es que esta novela no tiene acción, es reflexiva, sensorial. Entiendo las dudas de los que no comulgan con este tipo de escritura. Son poco más de cien páginas, me lo leo en poco más de una hora y ya puedo poner otro palote a mi lista de libros leídos. La manía de la cantidad por la calidad. Pocas páginas, de corrido lo tengo hecho. Pero no es así, Los hermosos años del castigo es una novela densa, en tanto en cuanto que precisa de un lector predispuesto a completar lo que calla la narradora. Porque esas frases simples esconden una complejidad en su interior que no se te va a desvelar; eres tú, lector, el que tiene que participar. Ahí es donde entra la Literatura. Esa que siempre hay que escribirla con mayúscula. La que se nutre de autor y lector y no se entiende sin la aportación de uno sobre el otro y del otro sobre el uno. La Literatura es bidireccional. Lo otro son historias. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

Angustia - José Ángel Barrueco

Hace ya tres años de la primera novela de la trilogía de la vida de José Ángel Barrueco. Ese primer libro llevaba por título Asco, y giraba en torno a un viaje con todo programado. Hablaba del egoísta que todos llevamos dentro. Del profundo asco que sentía por estos pasajeros. Pero también de la vida. Del gozo de las pequeñas cosas.

Esta segunda parte se centra en la pérdida, la de la madre enferma de cáncer. Al igual que en Asco, la novela está narrada en primera persona, a modo de diario, casi de notas que vas apuntando en una moleskine. No son buenos tiempos para el protagonista y su familia, una serie de desafortunados acontecimientos han ido mermando la estabilidad que con grandes esfuerzos parecía que habían conseguido. La enfermedad de la madre, cáncer, es el detonante definitivo. Barrueco vive con M, su novia, en Madrid. Es difícil desplazarse de continuo a Zamora, su ciudad natal. Allí están sus hermanos y familiares cuidando de la progenitora. Viajes por Europa, invitaciones a presentaciones de libros propias y ajenas, citas con editores, son tareas que no puede descuidar uno. Pero por debajo late ese sentimiento de culpa por no poder estar del lado de la persona que te dio la vida todo el tiempo que te gustaría.

Paralelamente a la muerte, la vida: M está embarazada. La pareja se debate entre la inmensa alegría de la llegada de un nuevo ser, tu propio hijo, y la desesperanza más absoluta ante una marcha inminente por más que intentes agarrarte a una mínima esperanza, casi nula.

Barrueco va insertando a lo largo de las páginas pequeñas citas de diferentes libros con las que construye un mapa de la pérdida. C.S. Lewis, Bernhard, Cronenberg, Richard Ford, Eduardo Laporte o Juan Gracia Armendáriz, son solo algunos de los nombres que aparecen en este libro.

Sincera. Ese podría ser el adjetivo que más se aproxima a la escritura del escritor zamorano. Libre de todo efectismo, Barrueco compone un texto desgarrando su interior para honrar la memoria de su madre. La descendencia y el arte es lo que queda de uno cuando ya no está. No se me ocurre mayor homenaje que recordar a tu madre por escrito (o cualquier otra manifestación artística). Así nunca se irá del todo

Ansiedad cerrará la trilogía y versará, a priori, sobre la vida de ese bebé, de la paternidad. Ojalá no tengamos que esperar tres años más para poder disfrutarla.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Mis mejores lecturas del 2014

Es tan aburrido el que adora la Navidad como el que la detesta; el que hace listas como el que las rechaza de lleno. Así que ahí va la mía, sin pretensiones, por orden de lectura y leídas en 2014, no publicadas en este año que acaba.

1. Por el camino de Swann, Marcel Proust, Alianza editorial.

2. Técnicas de iluminación, Eloy Tizón, Páginas de espuma.

3. ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?, Hillel Halkin, Libros del asteroide.

4. Juego y distracción, James Salter, Salamandra.

5. La muerte del padre, Karl Ove Knausgard, Anagrama.

6. Barbarismos, Andrés Neuman, Páginas de espuma.

7. Canciones de amor a quemarropa, Nickolas Butler, Libros del asteroide.

8. El vigilante, Peter Terrin, Rayo verde.

9. El círculo, Dave Eggers, Mondadori.

10. El idioma materno, Fabio Morábito, Sexto piso.

Un clásico, un libro de cuentos (o dos, si contamos el de Neuman; o tres, si contamos el de Morábito), dos novelas distópicas, una novela de no ficción (o real-novela, o como queráis llamarla con la manía de nombrar) y tres novelas "al uso". El año que viene más.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Nueve - Rodrigo Hasbún



Elegido por la revista Granta en 2010 como uno de los 22 mejores autores de lengua española menores de 35 años, Rodrigo Hasbún (Bolivia, 1981) recopila en este libro nueve cuentos ya aparecido en otras publicaciones suyas, incluyendo el único libro editado en España hasta la fecha, Los días más felices (Duomo, 2011).

Nueve relatos cuyo eje central, los cuentos cuatro, cinco y seis, están conectados entre sí. Así, en Futuro, un grupo de estudiantes realiza un viaje de fin de curso. El narrador va focalizando en los distintos compañeros de clase, cada uno con sus sueños, sus ansías de comerse el mundo, pero también su miedo al futuro, ese que parece que se abre más ampliamente cuando se cierra un ciclo vital en nuestras vidas, como puede ser el caso de una graduación. En Reunión, los mismos protagonistas se dan cita años después. Como era de esperar, la vida no les ha tratado por igual. Por último, Los nombres da cuenta de un nuevo encuentro entre estos antiguos compañeros, ya amigos, y como uno de ellos comienza a salir con la amiga de la hija de otro de los amigos.. Tres cuentos tristes, que dejan un poso amargo, como el resto de las narraciones que componen el libro.

Quizás, los dos más terribles sean Syracuse, donde unos alumnos de un taller literario redactan sus diarios y donde Russo y Grace comienzan con un juego que se les va de las manos; y Tanta agua tan lejos de casa en el que un grupo de amigas organizan un viaje en el complejo hotelero de una de ellas. Este cuento tiene un marcado estilo decadente y gris, lo que no deja de resultar llamativo teniendo en cuenta que el resort se encuentra en plena playa idílica.

La soledad, la imposibilidad de relacionarse o las relaciones sociales son solo alguno de los temas que retrata Hasbún con un estilo algo lacónico aunque certero. 

Narraciones todas ellas ancladas en el pasado. Incluso la titulada Futuro no es sino la visualización de algo que va a llegar y que irremediablemente será peor de lo que imaginamos por lo tanto se volverá la vista atrás para recordar aquello que añoramos, aquello que nunca llegó a existir pero que ya habíamos idealizado.

Mondadori publicará el año que viene su novela Los afectos. Estaremos pendientes.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Física familiar - Jon Bilbao

Por el año 2008 me encontraba trabajando en una librería, la primera vez que trabajaba en una. Siempre me había apetecido hacerlo y hoy, tres librerías después y seis años más tarde, sigo cada día rodeado de libros. El trabajo es menos idílico de lo que imaginaba en aquel año pero sigue dando alguna que otra alegría. Sobre la mesa de novedades de aquella primera librería, un libro me llamó la atención: Como una historia de terror, de un tal Jon Bilbao y editado por Salto de página. Ni idea, ni autor ni editorial me sonaban. Lo hojeé. Era un libro de relatos, género al que tengo especial cariño. Estuve tentado a comprarlo en varias ocasiones, pero trabajar en una librería es una condena para el bolsillo así que lo fui dejando. El libro desapareció de la mesa de novedades y no me volví a acordar de él.

Un par de años después aparecía en Páginas de espuma el libro que confirmaba el repóker del cuento en el mundo hispanohablante, Pequeñas resistencias 5. Jon Bilbao era uno de los antologados; Rata, su cuento. Me gustó mucho su relato inquietante ambientado en el mundo de la empresa. Fue de los mejores del libro. Aprovechando un viaje que hice a Bilbao por esas fechas para ver a una antigua novia, mientras ella estaba en clase yo me acerqué a Bidebarrieta, la biblioteca del casco viejo. Leí la mayoría de los cuentos de Bajo el influjo del cometa. Cuando volví a Madrid me hice con ese mismo libro aparte de Como una historia de terror que, curiosamente, sigo sin leer. Bilbao tiene también varias novelas publicadas, pero de eso hablaré en otra ocasión. Hoy toca cuento.

Toda esta larga digresión para hablar de la tercera colección de relatos del autor asturiano. En realidad, el libro está compuesto por 3 relatos, publicado originalmente por la editorial Nobel y por el que obtuvo el premio Asturias joven de Narrativa. Un libro inencontrable a día de hoy (y revisado para la nueva edición). La segunda parte se compone de cuatro relatos publicados en diferentes antologías de las que ha sido partícipe. Por último, la tercera parte consta de tres relatos inéditos. A todos ellos, sin embargo, les une el nexo de la familia en sus diferentes variantes: parejas, hermanas, amistades, padres e hijos.

Como en toda colección de relatos hay unos por encima de otros, sin embargo, el conjunto no desmerece lo más mínimo. La escritura de Jon Bilbao es un cruce entre Julio Cortázar y Raymond Carver. Toda comparación es odiosa y es fácil hablar de estos dos monstruos del relato, cada uno en su estilo, a la hora de hablar de un cuentista, pero es más complicado que en la escritura de un autor se aúnen estos dos estilos tan diferentes y salga airoso. Más que nada porque el estilo que da como resultado es el suyo propio, el estilo Jon Bilbao. Esto es, a vuelapluma, una realidad cotidiana, casi cayendo en la rutina donde solo asoman pequeñas grietas por donde vislumbras que algo va a suceder, que algo no va bien, en esa calma va a pasar algo inesperado. Ese algo que puede ser un elemento digamos fantástico dentro de la realidad. El becerro de Lego sería un buen ejemplo de lo que trato de explicar.

Historias todas ellas oscuras, inquietantes, Bilbao domina el tempo narrativo, insinúa sin mostrarnos, crea atmósferas decadentes y nos deja tambaleándonos tras la lectura, con el final abierto, elucubrando una posible salida, si es que la hay.

jueves, 27 de noviembre de 2014

La librería quemada - Sergio Galarza

En Paseador de perros un inmigrante peruano, viendo que sus planes de prosperar en la Madre Tierra no daban sus frutos ya que no tenía siquiera permiso de residencia, se ganaba la vida paseando a perros por los distintos barrios de Madrid mientras la rabia le consumía; en JFK un scort de lujo conducía bajo las estrellas de la capital al encuentro de clientes anónimo; ahora, en La librería quemada, es todo un grupo el que sobrevive a la gran ciudad.

Un grupúsculo de libreros se van adaptando a los cambios que sufre el sector. Trabajan en "La gran librería", que no es otra que la "Casa del libro" de Gran Vía, lugar donde el propio Sergio Galarza trabaja. Y es que ciertos aspectos solo los puede describir de esa manera alguien que haya trabajado en una librería. Tal es el caso de clientes que no entienden que un libro esté agotado o descatalogado y te lo hagan buscar entre los estantes, que te miren con un deje de reproche porque creen que no le quieres vender el libro; la carga y descarga de cubetas llenas de libros donde cualquier trabajo intelectual que pensabas que ibas a llevar a cabo en la librería cuando firmaste el contrato es pura fantasía; o la creación de terciarias casi hasta el infinito llegando al punto de que la cantidad de terciarias se corresponde con el número de volúmenes de una materia. Un ciudadano, un voto. Un libro, una terciaria.

La crisis del sector, esa que lleva vigente desde que a los sumerios les diera por cocer tablillas de arcilla, ha trasformado profundamente no solo la imagen sino también la esencia de la librería. Donde antes había cientos de referencias bibliográficas, ahora ocupa su lugar pantallas líquidas, papelería de baja calidad o merchandising emparentado de manera remota con el mundo del libro, como puede ser una bolsa con la foto de Virginia Woolf. Las cálidos mesas de madera que decoraban las diferentes plantas del local han dado lugar a muebles blancos de diseño industrial, más prácticos y con menos personalidad. Y en el salón de actos, cuando antaño se llenaba para la presentación de un autor de renombre se ha convertido en un sitio de reunión para que charlen  familiares y amigos con el escritor autoeditado. Por si fuera poco, los viernes es el día que se dedica a los despidos del personal. Solo se despide a empleados, los altos directivos siguen en sus puestos cobrando lo mismo sino más y contratando a dedo (a pesar de que no hay dinero para contratar, solo para despedir) a amigos o antiguos compañeros de estudios que llevan tal o cual empresa para que hagan una autoría con su informe correspondiente explicando los pasos a seguir para que la empresa se mantenga a flote. Como el lector habrá comprobado ya a estas alturas, "La gran librería" es un microcosmos representativo de la sociedaden la que vivimos. La misma crisis pagada por los de abajo mientras que los de arriba son igual de corruptos.

En medio de esta inestabilidad se encuentran los trabajadores de "La gran librería". Galarza se centra sobre todo en los dependientes de la tercera planta, la más conflictiva donde, entre otras secciones, se ubica la que mayor crecimiento ha experimentado en los últimos años, la de autoayuda (otro guiño del autor a los tiempos que corren).

La plantilla es de lo más variopinta, desde un ex seminarista facha hasta el aspirante a escrritor que lleva años corrigiendo su novela sobre Vallejo mientras se masturba con furia, pasando por la empleada que estaba de paso hasta sacarse las oposiciones y ya va para veinte años en la empresa, el que liga con sudamericanas por chat, o la depresiva a la que engañó su novio. Todos ellos personajes solitarios en medio del maremágnum de una gran empresa ubicada en pleno centro de Madrid. No estarían más solos si se echaran al monte.

Con esta ácida y crítica novela coral, Sergio Galarza cierra su trilogía sobre Madrid.

martes, 25 de noviembre de 2014

El idioma materno - Fabio Morábito

Hay libros que hay que celebrar cuando se editan. Por ser diferentes, por mantenerse al margen de mercados y modas, por tener una alta calidad literaria, por aportar algo más que unas cientos de páginas escritas. El idioma materno, de Fabio Morábito es uno de estos libros.

Son ochenta y cuatro textos cuya extensión no supera la página a doble cara los que componen este libro inclasificable del escritor de nacionalidad egipcia pero de pasado italiano y cuya lengua de comunicación es el español. De ahí el título, de ahí los diferentes textos dedicados a la traducción, al lenguaje, al modo de expresarnos. Ochenta y cuatro textos que nacieron en el diario argentino Clarín, cuando le propusieron escribir una columna de temática libre de no más de dos mil caracteres. Desde un primer momento, Morábito tenía claro de lo que quería hablar: del libro y de todo lo que conlleva, desde la escritura a la vocación literaria, pasando por la palabra escrita frente a la oralidad, sobre la poesía y la relación que uno tiene con los textos.

Morábito articula estos pequeños ensayos en hechos concretos de su vida; así, descubrió que quería ser escritor cuando se enamoró de un niño a los siete años y lo traicionó, porque un escritor es el que traiciona de algún modo a los que le rodean, porque se aleja un poco de eso que se llama vida para poder reflexionar sobre ella. Que se levanta temprano, muy temprano, a las cinco y media de la mañana, para velar y a la vez robar los sueños ajenos. También habla sobre libros leídos, sobre sus influencias o libros que leerá, como Anna Karenina que se leyó en tres semanas en constante visitas a su dentista pero que, en realidad, solo era un ensayo para poder leerlo en el futuro.

Al primar la brevedad, Fabio Morábito tiene que ser muy conciso, pero sin dejar de ser preciso, recurre a la analogía, a metáforas, a silencios significativos, dotando a estos textos de algo muy parecido a la prosa poética. Un libro para tener en la mesilla de noche, para cogerlo en cualquier momento del día y leer uno de los capítulos. Para releerlos una y mil veces, para disfrutar de la Literatura de verdad.


lunes, 17 de noviembre de 2014

El Círculo - Dave Eggers

"Te dedicas a comentar cosas y eso sustituye el hacerlas".

Esta frase hecha por Mercer, el exnovio de la protagonista, Mae, resume a las claras el concepto de Red Social. Nos pasamos parte de nuestros días pegados a la pantalla del ordenador, de la tablet, del móvil o cualquier otro dispositivo electrónico. Allí comentamos lo que nos está pareciendo la película que estamos viendo. Nos está pareciendo muy buena. Tanto, que queremos compartirlo con el resto de los mortales aun a riesgo de perdernos parte de esa maravilla del séptimo arte. Si vamos a un restaurante, sacamos la foto de la gran hamburguesa que nos acaban de servir 100% puro vacuno. Localizamos el chiringuito con el gps y lo subimos a la nube para que quien quiera pueda venir a probar este manjar. En la foto la hamburguesa está intacta así que ni siquiera sabemos cómo sabe. Pero eso es lo de menos. Lo importante es la inmediatez y en que todo el mundo sepas lo que haces. Que vean que tienes una vida social activa.

La última novela del escritor norteamericano Dave Eggers trata precisamente de los peligros que conlleva la utilización desmesurada de las redes sociales. En un futuro indefinido, aunque en cualquier caso no muy lejano, la gran red, El Círculo, va tejiendo su telaraña acaparando a su paso millones de usuarios potenciales y empresas privadas. Mae Holland entra a trabajar en la empresa recomendada por su amiga desde el instituto Annie, una de las cuarenta personas más influyente de El Círculo. El campus donde trabaja, que se encuentra en la ciudad ficticia de Sant Vincenzo pero que perfectamente podría ser Silicon Valley, dispone de todo lo necesario para que sus más de diez mil trabajadores puedan sentirse como en casa: de hecho, disponen hasta de habitaciones por si se les hace tarde y no quieren regresar. Cafeterías, restaurantes, bibliotecas, piscinas, pistas de todo tipo de deportes, etc. hacen de este complejo una gran ciudad donde pasar el resto de tus días sin necesidad de coger el coche. Si a esto le sumamos las fiestas, conciertos o monólogos que se celebran de manera periódica, ¿Quién no adoraría El Círculo?

Mae entra de manera titubeante, recibe un par de reprimendas por no hacer más uso de las redes sociales y estar tan abajo en su nivel de popularidad. Le gusta ir en kayak pero, sin embargo nunca hace fotos ni postea sobre el sitio en el que navega. Y no ha aparecido a algunas de las charlas que se han dado especialmente para novatos. Como solución, le van colocando pequeñas pantallas en su mesa de trabajo. La principal para responder a los clientes; una segunda para correo interno; la tercera para InnerCircle, la red social de la empresa. Y así hasta nueve pantalla. Por si fuera poco, tiene un dispositivo para ir respondiendo a un cuestionario infinito mientras resuelve dudas de sus clientes. Así, poco a poco, a Mae le va absorbiendo cada vez El Cículo hasta que decide hacerse transparente; esto es, colgarse una cámara del cuello y retransmitir su día a día en tiempo real.

Paralelamente a este supeditación de Mae a la empresa, los padres y el exnovio se van mostrando cada vez más reacios a quedar con ella, a verla, ya que no solo los ve ella, si no que millones de ciudadanos pueden ver la cena de Mae con sus padres. En este sentido, los discursos de Mercer previniéndola sobre las posibles consecuencias de no tener ni un mínimo de intimidad son muy lúcidas y de lo más sensatas.

Esta novela, que bien podría ser una especie de 1984 2.0 por las similitudes distópicas con la novela de Orwell, tiene su punto fuerte en el realismo con el que está escrito. Así, mientras que el libro de Orwell planteaba una tesis desde la ficción, la novela de Eggers nos aterroriza por lo muy plausible de la situación, por la manera tan natural con la que podríamos llegar a ese punto, casi sin darnos cuenta y de manera tan "democrática".

jueves, 6 de noviembre de 2014

Los últimos - Juan Carlos Márquez

BIENVENIDOS AL APOCALIPSIS

El primer día fue el fogonazo donde los mamíferos ardieron como teas. El segundo, murieron las aves y los peces. Al tercer día, no salió el sol ni le sucedió la luna. El cuarto, los árboles y las plantas se secaron. El quinto día, el cielo y el mar dejaron de existir. Al sexto día, anocheció. El séptimo, por supuesto, el creador descansó.

Con esta creación inversa comienza la última novela del bilbaíno Juan Carlos Márquez, que edita Salto de página. El Apocalipsis parece que ha llegado y el mundo tal y como lo conocemos va a dejar de existir. A modo de diario, Adam Crowley nos relata el día a día de los supervivientes en el nuevo mundo, cómo los militares construyen una ciudad subterránea a la par que lanzan bombas de oxígeno al aire para poder respirar sin máscaras al menos un par de horas al día, o cómo Disney World se convierte en hospital de campaña primero y en campamento base, después. Pero algo sucede cuando descubren alarmados pirámides de huesos apilados a modo de esculturas en los márgenes de la carretera. No todos los habitantes que han sobrevivido a la devastación de la Tierra conservan su forma humana; algunos han mutado convirtiéndose en seres rápidos, ágiles y ultramusculados que practican el canibalismo. La única solución parece pasar por trasladarse a Marte, dando comienzo el Diario de Marte, donde lo que primará será la necesidad de crear un nuevo mundo habitable, un nuevo Génesis. Allí, a Marte, se irán la mujer de Adam con su hijo, el propio Adam, un vecino que se quedó huérfano, un militar experto en biología, y una enfermera con pocas ganas de vivir.

Después de la excelente colección de relatos que bebía de la narrativa americana (Norteamérica profunda) y del no menos interesante Tangram donde un conjunto de relatos se convertía en novela y coqueteaba con el género negro, Juan Carlos Márquez se adentra en esta ocasión en el territorio de la ciencia ficción pero marcando siempre su propio estilo que se va reconociendo a través de sus diferentes obras: un sutil humor negro en ocasiones más hilarante como sucedía en Oficios o Llenad la tierra o de manera más comedida como en esta ocasión, y los guiños a la cultura popular. También está presente en esta obra las relaciones humanas, muy especialmente en la segunda parte de la novela, donde tiene que comenzar una nueva vida para salvar a la raza humana, pero también en la primera parte, en ese Diario de la Tierra, donde en medio del caos se puede ver a un padre jugar con su hijo y el amigo de este a pasarse el balón de rugby o donde un par de niños hacen carreras con una silla de ruedas. O aquella otra estampa familiar donde los adultos y los niños patinan por carreteras desiertas persiguiendo una masa homogénea de gusanos blancos.


Reconozco que nunca he sido un gran aficionado a la ciencia ficción y que conozco poco los códigos en los que se mueve, sin embargo el autor sí que conoce estos códigos que trasgrede y reelabora en esta novela distópica. Poco importa, además, que el lector sea o no seguidor del género. Una vez que tenga el libro entre las manos, se olvidará de las etiquetas que nos autoimponemos y disfrutará de este particular Apocalipsis

RESEÑA APARECIDA EN LA REVISTA QUIMERA ENERO 2015 NÚMERO 374