lunes, 24 de marzo de 2014

¡Melisande! ¿Qué son los sueños? - Hillel Halkin

Es curioso como uno acaba llegando a los libros. Después de empezar a leer varias novelas que tenía ganas por diferentes motivos, o bien las he dejado a la mitad o bien me han dejado tan indiferente ante su lectura que no merece la pena reseñarlas. Una mañana colocando libros en la librería topo con una de las coloridas portadas de Libros del asteroide. Suele interesarme bastante lo que publica esta editorial. La foto que ilustra la portada es una pareja abrazándose con fuerza; el título, enigmático, ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?; y el autor, un completo desconocido para mi: Hillel Halkin. Que en su ficha se diga que es un especialista en Israel y traductor de hebreo y yiddish no me aclara mucho.

Sea como fuere, ojeo la contra leyendo en diagonal (no me gusta leerme las contraportadas) y comienzo a leer los primeros párrafos del libro. Decido llevármelo a casa así que lo cojo prestado de la librería para verlo tranquilamente. Ahora que he finalizado el libro, formará parte de mi biblioteca personal y, quién sabe, si algún día lo leerá un amigo, una pareja o un hipotético hijo y lo disfrute, lo sienta y se le remueva algo en su interior como me ha pasado a mi leyendo ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

En los años cincuenta Hoo, Ricky y Mellie son los redactores de la revista del instituto. Las relaciones que se crean en estos años alrededor del trío condicionará sus vidas. La novela es el libro que Hoo está escribiendo para dárselo a Mellie. Entre sus páginas da cuenta de las aventuras que pasaron los tres juntos, de las conversaciones mantenidas, de la sociedad convulsa y llena de acontecimientos históricos que les tocó vivir y cómo lo afrontaron. Pero, sobre todo, el libro que está escribiendo Hoo es una gran carta de amor dirigida a Mellie, a Melisande.

Sin caer en la ñoñería ni en el idealismo, Halkin nos conmueve con este relato de la melancolía y del amor como forma de entender la vida, como guía, como la única fuerza capaz de redimir y perdonar. Porque Hoo escribe desde la culpa: escribe como método de exculpación, para salvarse.


Hillel Halkin firma, posiblemente, una de las mejores novelas de la temporada literaria y una de las grandes novelas sobre el amor; en ocasiones recuerda de alguna manera a La trama nupcial de Eugenides o a El pasado de Alan Pauls. Incluso tiene algo de Rayuela. No son estas comparaciones gratuitas, son comparaciones en tanto en cuanto a la forma de entender ese sentimiento tan fuerte y duradero en las tres novelas.

jueves, 27 de febrero de 2014

Técnicas de iluminación - Eloy Tizón

LA IMPORTANCIA DE LA MIRADA

Siete años después, Eloy Tizón ha vuelto. Nunca se fue, siempre es nombrado en esta conversación, en aquel artículo, en la otra conferencia. Porque hablar de la escritura de Eloy Tizón es hablar de alta literatura, de metáforas imposibles, de imágenes plásticas de alta belleza donde todos los sentidos se agudizan para no perder detalle. Libros de lectura y relectura, las tres novelas y los dos libros de relatos publicados hasta ahora nos tenían más que satisfechos, pero queríamos más. El ser humano siempre es insaciable y quiere más. Y querer más dosis de Eloy Tizón, de su personalísimo estilo, es bueno para la literatura. Es bueno para la vida.

Tizón tuvo la desgracia de debutar con Velocidad de los jardines, libro de cabecera que se fue haciendo hueco sin alharacas, con buenas críticas pero sin fuegos artificiales de por medio, y con un boca a oreja que hoy, veintiún años después, todavía funciona. Por algo será. Y digo que tuvo la desgracia porque parece que a cada libro que fue saliendo se lo fue comparando con el primero. Así, los lectores que solo busquen las semejanzas se perderán el registro de voces y el juego de matrioskas que es Labia; el mismísimo diablo como metáfora de los miedos de Gabriel Endel (del Hombre, en general) en La voz cantante; o su poética representada en el cuento Teoría del hueco, de su anterior libro de relatos, Parpadeos. Son solo unos ejemplos.

En esta nueva recopilación de cuentos editados, esta vez por Páginas de espuma (una dupla que los incondicionales del relato esperábamos con ansia), Eloy Tizón sitúa a sus personajes al filo del abismo. Los va empujando poco a poco, hasta situarlos justo en el borde, para ver qué hacen, cómo se desenvuelven. “Dicen que hay suicidas que se tiran al mar y nadan hasta un punto tan alejado de la costa que saben que ya no podrán regresar. No tendrán fuerzas para alcanzar la orilla. Exhaustos, morirán en el mar. Ese punto. Ese instante de iluminación. Ese momento preciso en el que uno decide dar una brazada más, la definitiva, la que le llevará a un lugar sin vuelta atrás. Ese gesto último” (Pág. 57). Por ese “instante de iluminación” caminan los personajes. No hay posibilidad de retroceder. Solo hay un cuento en el que los personajes no caminan por el borde del precipicio. No todavía. No en el cuento. No dentro del cuento. Después, quién sabe. Ese cuento es Alrededor de la boda, donde todo es optimismo, vitalidad, felicidad pese a. Pese al resto de los cuentos, pese al resto de nuestras vidas. Porque el conjunto de relatos de Técnicas de iluminación es una vida, donde siempre hay momentos, dichosos momentos, de alegría a pesar de las facturas y las listas de la compra y la monotonía diaria. Porque Alrededor de la boda es la luz del amanecer de un domingo lleno de buenos propósitos que, poco a poco, va derivando hacía la melancolía de los atardeceres dominicales. Y hasta aquí el cuento más tradicional. Casi con su planteamiento-nudo-desenlace. El resto, los otros nueve, son puros poemas visuales.

Como si jugara al binomio fantástico de Rodari o bailara con la máquina de coser y el paraguas en la famosa comparación del Conde de Lautréamont, Eloy Tizón esculpe las palabras precisas en cada momento, bucea entre las múltiples voces posibles para dar con la adecuada, la que mejor suena musicalmente para lo que nos quiere relatar, desde un paseo físico pero sobre todo mental de la mano de Robert Walser en Fotosíntesis, hasta el contenido de una caja misteriosa en Ciudad dormitorio, o las tribulaciones de una pareja en Los horarios cambiados o Manchas solares. Tramas apenas esbozadas, apenas sugeridas, que existen pero que poco importan en este conjunto de relatos. Lo importante no es la trama. Lo importante es la Literatura.

Reseña aparecida en la Revista Quimera número 363 Febrero 2014

lunes, 10 de febrero de 2014

Mario Levrero - Desplazamientos

Últimas de las novelas de Mario Levrero que podré leer en un tiempo, al menos hasta que me haga con otro paquete proviniente del otro lado del charco. Por fortuna aún me queda un libro de entrevistas y una recopilación de artículos sobre su obra, ambos editados por dos sellos argentinos: Mansalva, en el primer caso; Eterna Cadencia, en el caso de los artículos.

Desplazamientos viene compilado junto con otro título que ya comenté la vez pasada, Fauna.

El protagonista de esta novela corta recorre los apartamentos de un bloque de edificios que ha heredado para cobrar la renta a sus inquilinos. Hasta ahora la labor correspondía a su padre que ejercía la tiranía de propietario con sus arrendatarios. Una vez fallecido este, es el hijo el encargado de llevar a cabo la tarea. Los inquilinos se muestran reacios y fríos ante él, al que ven como el sucesor del padre; sin embargo, la intención del vástago es llevar a cabo una serie de reformas en el edificio y tener una relación cuanto menos cordial con sus vecinos.

Lo interesante de esta obra es el desdoblamiento que se produce en las acciones llevadas a cabo por su protagonista. En un momento dado la narración se corta en un punto y comienza en un estado inmediatamente anterior para continuar por otra vía. Es decir, si el protagonista ha decidido hacer "A", se nos narran las consecuencias de esa decisión para, acto seguido, comenzar un nuevo párrafo donde el protagonista decide hacer "B". Siempre uno, al tomar una decisión, se pregunta "qué hubiera pasado si". Eso es precisamente lo que hace el escritor uruguayo con esta novela: intentar dar respuesta a la decisión no tomada.

Una vez más Mario Levrero demuestra su habitual estilo sencillo y de carácter lúdico, no exento de gran calidad literaria.

lunes, 27 de enero de 2014

Fauna - Mario Levrero

"Era un sueño borrascoso, cargado de significados ocultos. Cuando sonó el teléfono, el sonido introdujo momentáneamente en el sueño, modificando algunas imágenes, torciendo el sentido de la historia que quería representarse, y maldito si puedo recordarla; pero al fin consiguió rasgar el velo onírico y llamarme a eso que llaman la realidad".

Así empieza esta novela del escritor uruguayo, editada en Random Argentina, para variar. En este párrafo podemos encontrar toda la esencia levreriana de su segunda etapa. El sueño, la vigilia, la delgada linea que separa ambos mundos y las convergencias que se producen entre el mundo "real" y el mundo onírico.

Quien llama al teléfono es una mujer rubia que le pide que vigile a su hermana. El protagonista ha escrito algunos artículos de parapsicología en el periódico y la mujer rubia cree que es la persona ideal para proteger a su hermana de Monsieur Victor, un mentalista influyente. Dice que ha acudido a él porque tienen un amigo en común. Cuando la mujer rubia se va, el protagonista ya ha quedado prendado de esta especie de femme fatale. Ya tenemos otro elemento característico en la obra de Levrero: la parodia de las novelas policiales, esas que tanto leía el autor de La novela luminosa.

Comienza así el vagabundeo del alter ego de Levrero en busca de la hermana de Fauna (nombre con el que bautiza a la rubia). Lo primero, busca una sustituto para el quiosco en el que trabaja. Después se echa a andar y para en más de una ocasión en establecimientos de máquinas recreativas donde nos describe de manera minuciosa el funcionamiento de dos máquinas diferentes de pinball. El propio Mario Levrero era un gran aficionado a los juegos electrónicos.

Sin entrar en más detalles para que no se venga abajo la historia, podríamos decir que Fauna es una gran novela corta, como todas las obras de Levrero, pero que para leer estas últimas obras suyas que estoy leyendo primero tienes que estar entregado a su mundo. No me imagino a nadie empezando por estas obras y quedándose prendado de su prosa. 

lunes, 20 de enero de 2014

Por el camino de Swann - Marcel Proust

Siento que cuando termino un clásico de alguna manera pago una deuda que tenía pendiente. La sensación es mucho más desagradable cuando no puedo terminarlo, aunque este no ha sido el caso.

Me resulta muy difícil hablar de un libro del que ya se ha dicho de todo. ¿Qué decir de una obra maestra de la literatura que no se haya dicho ya? En realidad, nada. Además, que uno llega aquí para plasmar una serie de reflexiones poco meditadas sobre determinada obra, lee a Proust y se pregunta qué puede decir para no parecer un completo incompetente. Poco o nada. Pero allá vamos.

En busca del tiempo perdido, la primera de las siete novelas que componen la monumental En busca del tiempo perdido, se inicia en la época infantil del protagonista, alter ego del propio Proust, y finaliza en la preadolescencia del muchacho. Así, de la mano del niño Proust, vemos a un chaval enfermizo y poético, con una mirada diferente, que quiere ser escritor. Con él recorremos los caminos de Swann, esos largos paseos que daba junto a su familia los veranos en Combray. El joven Marcel sufre cuando hay visitas y su madre no sube a darle un beso de buenas noches. En la tercera parte de la novela Marcel es ya un joven que se enamora de Gilberta, la hija de Carlos Swann, personaje principal de la segunda parte del libro y uno de los personajes más humanos con los que me he podido topar.

Esta segunda parte, Unos amores de Swann, da cuenta del proceso de enamoramiento desde el inicio mismo en el que sientes atracción por otra persona, hasta la desilusión final de ver que esa persona no es como tú esperabas que fuese. La idealización, la obsesión, el cariño, la amistad y los celos son temas que se abordan en esta parte central de la novela. El burgués y refinado Carlos Swann se ha ido a enamorar de la joven Odette, la cual lleva consigo una serie de historias de dudosa catadura moral hacia su persona. Esta parte me parece, con diferencia, la mejor del libro por cómo expone Proust las pulsiones sexuales de la pareja y la definición psicológica que hace de los personajes, tanto Swann como Odette. Si bien es cierto que este rasgo es característico en todo el libro. Los personajes tienen una profundidad y son tan contradictorios que uno siente que cobran dimensión y se les puede tocar.

En cuanto a los aspectos negativos, si es que los tuviera, estarían las morosas descripciones en algunos casos, algo, por contra, muy común en las narraciones de principios del XX en toda Europa y que, a pesar de que a veces te saca un poco de la obra por la minuciosidad excesiva, no impide el puro placer de deleitarse con este libro.


lunes, 13 de enero de 2014

Aguas salobres/Los muertos - Mario levrero

La editorial uruguaya Hum recoge en este volumen dos libros de relatos del genial Mario Levrero, Aguas salobres, de 1983; y Los muertos, de 1986, correspondientes a su etapa intermedia, antes de situar en sus escritos a un yo protagónico, alter ego del autor.

Aguas salobres lo componen cuatro relatos cuya extensión media ronda las veinte páginas.

Abre el libro el cuento Casa abandonada. En ella se dan cita hombrecillos de once centímetros que salen de los tubos de la instalación de gas; una despensa donde conviven cientos de especies de araña; un ente, "ello", que no se sabe cómo es pero que vive en el altillo; mujercitas desnudas que salen del grifo y toman el sol en la jabonera; una lombriz interminable que sale del bidé; huracanas cuyo epicentro es el salón de la casa; la intuición de que un unicornio pasta en el jardín. Levrero en estado puro.

Las sombrillas, comienza cuando la niña de la casa donde viven diferentes personajes anuncia que "nohaymar", esto es, que ha desaparecido el mar. Preparan una expedición, casi un éxodo a través de la arena húmeda y ondulante donde antes descansaba el mar. Poco a poco, los personajes van desapareciendo.

En Aguas salobres un feto que ha logrado sobrevivir gracias a los cuidados de una cerda domina a todo un pueblo costero. En este relato, Levrero inventa toda una religión igual de coherente que el resto de las existentes. Hasta esboza una pequeña hagiografía.

Por último, Noveno piso, se inicia con el protagonista queriendo subir hasta ese piso. El ascensorista se apuesta con él a que no llegará arriba. El hombre se queda extrañado por la apuesta pero, en efecto, el ascensor se cae al vacío por el peso de sus ocupantes así que el hombre decide trepar por el hueco del ascensor para reunirse con la persona con la que había quedado. Y llega, pero tarde. Muy tarde.

Por su parte, Los muertos, se compone de tres relatos. El primero de ellos, el que da título al libro. El protagonista oye un disparo cuando está solo en casa de sus tías: el inquilino con el que conviven se ha suicidado. Sin saber muy bien qué hacer, sale a la calle. El tiempo va pasando y cada vez le parece menos conveniente ir a comunicar lo sucedido a la policía por si le acusan de haber tardado tanto o le interrogan.

En Espacios libres, un hombre busca a una prostituta que se ha ido de su casa desnuda. En un bar se encuentra con un grupo de gente que se une a esa búsqueda. Da comienzo una especie de road movie etílica e hilarante en busca de un perro rastreador capaz de encontrar a la prostituta.

Por último, Algo pegajoso, es un cuento de tres páginas donde la primera mitad habla de un caramelo y del envoltorio que se le pega en la palma de la mano y la otra mitad narra el encuentro casual con Antonieta a la que hacía seis años que no veía.

Estos tres relatos están ya mucho más próximos al Levrero de la segunda etapa, mucho más mesurado y menos dado al surrealismo, aunque dejándose llevar por la narración.

Si bien es cierto que algunos de los cuentos no he llegado a comprenderlos ni tan siquiera después de haberlos leído un par de veces, otros, como Aguas salobres o Los muertos son auténticas joyas que se merecerían mucho más espacio en la historia de la literatura hispanoamericana.

martes, 7 de enero de 2014

Todo el tiempo - Mario Levrero

Sin proponérmelo, esta es la tercera vez que acabo el año leyendo a Mario Levrero. Supongo que se deberá a la parte surrealista y grotesca de estas fechas navideñas, tan disparatadas que todo es posible, al igual que en la narrativa del escritor uruguayo. La novela luminosa en 2011; la relectura de la Trilogía involuntaria en 2012; y, ahora, Todo el tiempo, conjunto de relatos que compré vía Internet a una librería uruguaya hace casi un año.

El libro fue publicado en 1982, justo después del último título que cierra la Trilogía involuntaria, esto es, El lugar. O, lo que es lo mismo, en plena primera etapa levreriana, donde trataba de imitar, él mismo lo reconoció, el estilo de Franz Kafka. Si bien es cierto que donde más se aprecia la influencia del escritor checo es en el libro La ciudad, aún se puede rastrear el influjo de este en Todo el tiempo, aunque Levrero ya va puliendo su particular estilo, aquello que el crítico Ángel Rama llamó el grupo de "los raros" y que incluye a Felisberto Hernández, entre otros.

El libro está compuesto por tres narraciones de extensión media, entre treinta y sesenta páginas.

Alice Spring es el primer relato. Hace referencia a un pueblo australiano adonde llega un circo magnético regentado por Mariarrosa, una mujer-niña, y su padre inmortal tras vencer a un autómata en una partida de ajedrez. El tonto del pueblo, el gigante y bonachón Dante, se enamora perdidamente de Mariarrosa y prometen casarse cuando el circo regrese a la ciudad. El segundo capítulo de este relato largo comienza con la llegada del narrador a la ciudad. Un escritor mediocre que llegó por amor y ahí se quedó, plantado y deseando regresar a Uruguay pero sin un duro en el bolsillo. Comparte buhardilla con Dante y juntos intentan ahorrar para conseguir el pasaje a su país. Todo cambia cuando conoce a Marie, una francesa por la que está dispuesto a matar al marido, atracar un banco o irse con ella a París, como finalmente ocurre. Una vez en la capital francesa, el narrador descubre por casualidad el circo magnético del que tanto ha oído hablar a Dante. Dentro se desarrollan una serie de escenas encadenadas de manera surrealista. Por último, el circo regresa a Alice Spring, cerrando así el círculo y el relato.

Este primer cuento tiene dos características poco levrerianas. El primero, un desarrollo bastante realista para la obra de Levrero, salvo cuando el narrador se encuentra en el circo magnético; y el segundo, la tercera persona del narrador en el primer capítulo del cuento, si bien es cierto que en realidad es un engaño, puesto que el narrador está camuflado de narrador omnisciente, cuando en realidad es un narrador protagonista.

El segundo cuento es el más extenso y el mejor de la colección, al menos en sus dos primeras partes. Luego la acción de dispara en múltiples direcciones y no sabes por donde va a ir. Se titula La cinta de Moebius. Aquí vemos a Levrero en estado puro. Imaginación desbordante, concatenación de acontecimientos, sensualidad, sexualidad. A los padres del protagonista les ha tocado un viaje para recorrer Europa. Discuten si es conveniente que vaya el niño o no. Al final va y, por diferentes compromisos, buena parte de la familia y amigos se acaban uniendo a la expedición. Por el camino van muriendo algunos, otros se quedan en puntos intermedios a guardar luto por los difuntos. Nada de esto importa, todo ocurre con total (a)normalidad. Hasta la llegada a París, el relato es una delicia, está muy bien estructurado, los episodios breves e hilarantes tienen mucha fuerza. A raíz del encontronazo del protagonista con una prostituta, el cuento pierde fuerza pero, sobre todo, unidad. Aparece algún personaje salido de la chistera que no aporta prácticamente nada. Si fuera un cuento por si mismo quizás tendría más valor, pero al tratarse de una parte dentro de un todo, hace que cojee. Aún así, se trata de un gran relato.

Por último, cierra el libro el cuento que da título al volumen, Todo el tiempo, el más enrevesado y de dífícil comprensión. Al inicio el protagonista es atacado por un tigre en el laboratorio de un amigo. Luego da paso a otras cuestiones y comienza a hablarnos de su familia y de las diferentes casas que tiene. Nos planteamos si no será que el protagonista está muerto y se está reuniendo con antiguos familiares también fallecidos pero el propio narrador lo desmiente a lo largo de las páginas.

Tres cuentos, los primeros que me leo de Levrero, que siguen haciéndome preguntar para cuándo se tratará con respeto y se editará la obra de uno de los mejores escritores uruguayos, junto con Onetti y Felisberto Hernández o Quiroga, de todos los tiempos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Mis mejores lecturas del 2013

De nuevo finales de año, momento en el que los suplementos literarios nos atiborran con las listas de los libros imprescindibles que no podemos dejar de leer. Como todos sabemos estas listas no sirve para nada, más allá de que se le vea el plumero al suplemento de turno y ensalce aquella novela que pertenece a su grupo editorial, por aquello de no morder la mano que te da de comer. Mi lista es igual de arbitraria que aquellas puesto que tengo gustos y preferencias personales y no me he leído todo lo que se ha publicado, a Dios gracias. Sin embargo aquí os presento las lecturas, dieciséis, con las que más he disfrutado este año que termina. No es necesario que el libro se editara en 2013, solo que yo lo leyera en esta temporada. La lista, en riguroso orden de lectura.

1. Novelas breves, de Juan Carlos Onetti. Ed. Eterna Cadencia.

2. Polvo en el neón, de Carlos Castán. Ed. Tropo editores.

3. Cuatro por cuatro, de Sara Mesa. Ed. Anagrama.

4. La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides. Ed. Anagrama.

5. Leche, de Marina Perezagua. Ed. Libros del lince.

6. Los fantasmas, de César Aira. Ed. Mondadori

7.  Dios nunca reza, de Patxi Irurzun. Ed. Alberdania. 

8. Atrapados en el paraíso, de Patxi Irurzun. Ed. Gobierno de Navarra.

9. Técnicas de iluminación, de Eloy Tizón. Ed. Páginas de espuma.

10. El gato encerrado, de Andrés Trapiello. Ed. Pre-textos.

11. Años luz, James Salter. Ed. Salamandra.

12. Clases de literatura, Julio Cortázar. Ed. Alfaguara.

13. Fuera de aquí, de Enrique Vila-Matas. Ed. Galaxia Gutenberg.

14. Las bellas extranjeras,  de Mircea Cartarescu. Ed. Impedimenta.

15. Las reputaciones, de Juan Gabriel Vásquez. Ed. Alfaguara.

16. Librerías, de Jorge Carrión. Ed. Anagrama.

Repasemos: ocho novelas, tres libros de relatos, dos diarios y tres ensayos. De los dieciséis títulos, trece son de autores que escriben en castellano. Solo dos mujeres, es cierto, pero creo que dos de los escritores nacionales (independientemente del sexo) cuyas trayectorias habrá que seguir muy de cerca en los próximos años. Si no conocéis aún sus obras, os la recomiendo vivamente. 

El año que viene más.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Caballeriza - Rodrigo Rey Rosa

Llegamos a la última novela del volumen, Caballeriza, escrita en 2005; con diferencia, la más floja de las tres, aunque refuerza la tesis de la Guatemala desamparada regida por la ley del más poderoso. Así, por el primer capítulo de esta novela desfilan todos los personajes influyentes en la sociedad guatemalteca: terratenientes, funcionarios del estado, aristocracia; una pequeña oligarquía que controla todo lo que ocurre en el país centroamericano y que Rey Rosa describe en un cuadro perfecto. Están reunidos para celebrar el cumpleaños de un patriarca que vive de los caballos. Bien entrada la fiesta se produce una explosión en las caballerizas y muere un pura sangre. Un abogado que anda también en la fiesta le comenta al narrador, un escritor en busca de tema, que estaría bien que novelara lo que allí había sucedido. 

Pasamos a una segunda parte donde los capítulos son muchos más breves y los acontecimientos se precipitan. Tras la larga introducción la novela se convierte al género negro, donde aparecen crímenes, secuestros y pesquisas policiales.

De nuevo el recurso de Rey Rosa de la economía de estilo, donde solo se cuenta lo justo para provocar mayor desazón, es la mejor baza. 

Cuatro nouvelle muy interesantes de este autor que desconocía por completo y que me lo llevé a casa casi por impulso. Me apunto para futura lectura dos novelas que me han comentado: Lo que soñó Sebastián y La orilla africana.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Piedras encantadas - Rodrigo Rey Rosa

Piedras encantadas, publicada en 2001, es la tercera novela que se recopila en este libro y que gira en torno a Guatemala. El título hace referencia a una banda de niños que pululan por las calles de la ciudad, si bien es cierto que ese grupo solo aparece nombrado en el libro y que apenas sí tienen presencia. Sin embargo, sirve para reforzar ese sentimiento de país desgobernado que reina en esta serie de novelas.

En esta ocasión tenemos apenas una mera anécdota que no impide que en ella se sustente toda la trama: un hombre va a visitar a un amigo con su coche cuando un niño montado a caballo se le cruza en el camino. El niño es atropellado y el hombre, asustado, va a refugiarse a casa del amigo. Este le esconde el coche en su garaje, por lo que se convierte en cómplice. Partiendo de este hecho, Rey Rosa construye una novela negra sui géneris; aparece el detective que quiere encontrar al culpable; diferentes voces que dan cuentan de lo que han visto y que convierte la novela en una obra coral; las historias se entrecruzan y convergen. Y todo ello ocurre, aparentemente, en un solo día, por lo que la narración cobra mayor fuerza.

Por medio del detective descubrimos que el niño es un belga adoptado por una familia adinerada y que, quizás, no se trate de un accidente ya que hay intereses personales que llevarían consigo la muerte del niño. Digo quizás porque no lo sabemos ni lo vamos a saber en esta novela corta, ni tampoco es que nos importe, ni a los lectores ni al escritor. Porque de lo que se trata, una vez más, es de mostrar la cara oscura de una Guatemala que parece  buscar su propia ruina.