viernes, 18 de abril de 2014

Todo lo que hay - James Salter

Philip Bowman, veterano de la Segunda Guerra Mundial vuelve de la contienda para licenciarse en Harvard y obtener un trabajo en una editorial en la que poco a poco irá obteniendo reconocimiento y prestigio. Su vida sentimental, sin embargo, no lleva el mismo camino y Bowman tropieza una y otra vez en sus relaciones sentimentales. 

James Salter, al igual que ocurría en su obra maestra, Años luz, retrata en pequeñas pinceladas acontecimientos en apariencia nimios, triviales, nada trascendentes y que, sin embargo, son los que marcan la vida de uno, lo que hace que elijamos un camino en lugar de otro. La VIDA, ese es el tema, así en general y en mayúsculas, del que trata Salter en la mayoría de sus libros y, desde luego, en este Todo lo que hay, primera novela después de treinta años de silencio en el formato de largo recorrido, no así en relatos ya que publicó La última noche en 2005.

Por medio de elipsis James Salter narra el día a día de un personaje normal y corriente; consigue que nos interesemos por los hechos más banales de su protagonista a lo largo de varias décadas, que suframos sus cuitas y que nos alegremos por sus victorias, nada trascendentales, pequeñas alegrías de la vida, como conseguir una cita con una mujer al compartir un taxi, o saborear la venganza. 

Si hubiera que describir la narrativa de Salter con una palabra esta sería sutileza, le bastan dos trazos lacónicos para construir a un personaje y dotarlo de verosimilitud. Para levantar a su alrededor todo un mundo lleno de matices. Tiene una capacidad excepcional para tratar los temas universales con frases casi perfectas. Posiblemente esta es la última novela de Salter (tiene ochenta y ocho años); toda su obra completa abarcaría poco más de un tomo de papel biblia y, sin embargo, tengo la sensación de que se convertirá en un clásico en pocos años, si es que no lo es ya.

viernes, 11 de abril de 2014

El quinto en discordia - Robertson Davies

Hace ya tres o cuatro años que tengo esta novela en mi poder y hasta ahora no me había puesto con ella. Me la habían recomendado hasta el hartazgo ciertas personas de cuyo criterio me fío. Al final, el otro día entró una mujer en la librería. Estuvimos hablando un rato de libros, claro, de gustos y preferencias. Al ver que éramos bastante compatibles y recomendarme, de nuevo, que leyera la Trilogía de Deptford pero, sobre todo, que leyera El quinto en discordia, y que justo acababa de terminar otro libro, me puse con la novela de Davies.

Ya en la primera página se nos aclara que el quinto en discordia es aquel personaje del teatro que sin ser protagonista ni antagonista, ni héroe ni villano, es imprescindible para que la trama avance. Dunstan Ramsey es ese quinto en discordia, el narrador que nos desgrana su vida desde su infancia en el pueblo canadiense de Deptford hasta ser un profesor jubilado de historia especializado en la vida de los santos y veterano de la I guerra Mundial, donde perdió una pierna.

A través de estas memorias Dunstan se acerca a tres figuras con las que está intimamente relacionado y sobre las que ejerce, sin proponérselo, una gran influencia en el devenir de sus respectivas vidas. Estos tres personajes son su amigo Boy Stauton, la señora Dempster, y el hijo de esta, Paul. Estos cuatro personajes quedan ya unidos desde las primeras páginas cuando una bola de nieve lanzada por Boy y dirigida hacia Dunstan golpea a la embarazada señora Dempster que da a luz de manera prematura. Así, la señora Dempster quedará algo trastornada por el golpe, el joven Paul nacerá con ciertas malformaciones y mientras que Boy jamás reconocerá que él lanzó la bola de nieve, Dunstan se sentirá culpable por haberla esquivado. Así, se siente en deuda con la familia Dempster e iniciará amistad con ellos.

En la segunda parte, Dunstan marcha a filas y es herido en combate, donde pierde la pierna izquierda. Justo antes de caer inconsciente se refugia en una iglesia destruída donde la figura de una santa le recuerda a la señora Dempster. Tras sobrevivir a la muerte decide estudiar historia y especializarse en la hagiografía, por lo que recorre Europa en busca de santos. En una de sus viajes se encuentra con Paul, ahora un ilusionista de cierto prestigio.

La novela de Davies habla, sobre todo, de nuestro papel en la vida, de si somos o no inocentes de nuestros actos y de si estos te persiguen de alguna manera a lo largo de los años. He leído en diferentes sitios que si bien es cierto que esta primera parte de la trilogía es la más conseguida y que en realidad no es necesario leer las otras dos puesto que funcionan como novelas independientes, al completar las tres nos da una visión mucho más profunda de los hechos narrados. Habrá que apuntarlos, pues, a esa lista que cada día crece más y más.

domingo, 6 de abril de 2014

La otra orilla - Julio Cortázar

Entre los propósitos de año nuevo me impuse una serie de lecturas:

1. Leer En busca del tiempo perdido. Leí el primer tomo los primeros días de enero. Me gustó, con sus peros, y hasta hoy.

2. Leer los diarios de Trapiello. Sigo enganchado en el octavo volumen (del tercero al sexto son inencontrables, así que he leído el primero, el segundo y el séptimo) desde octubre o noviembre del año pasado.

3. Leer los cuentos completos de Cortázar, por eso de que era el centenario. Pero también los de Onetti, Di Benedetto, Cheever, Chejov. A finales de marzo empecé este propósito.

Manejo una edición de quiosco, la que sacó RBA junto con el instituto Cervantes de las obras completas de autores de lengua española. En realidad es la misma edición que la de Galaxia Gutenberg, si exceptuamos que en esta edición de quiosco no está recogido la Historia de cronopios y famas.

Los cuentos completos de Cortázar se inician con La otra orilla, un conjunto de relatos escritos entre los años 1937-1945, si bien su publicación fue póstuma. Dividido en tres bloques, el primero de ellos se titula Plagios y traducciones que consta, a su vez, de cinco cuentos de diversa temática, desde el primero de ellos, El hijo del vampiro, de corte clásico de relato de terror gótico, hasta el más complejo Profunda siesta de Remi donde ya se adelanta ese recurso tan cortazariano de jugar con el tiempo en el mismo párrafo y llevarnos de una acción pasada a otra presente y volver.

Pero también recurre en estos primeros cuentos a la famosa frase final como golpe de efecto, como ocurre en el relato Llama el teléfono, Delia, construído en gran parte con diálogos y donde la frase final altera todo el cuento, si bien es cierto que en su relectura podemos vislumbrar ese final sin esperar a la última sentencia.

También hay hueco en este primer bloque para el relato grotesco, como el de Las manos que crecen donde al protagonista no dejan de crecerle las extremidades superiores después de una pelea a puñetazo limpio con su compañero de trabajo. 

Cierra la primera parte Puzzle, un cuento policiaco. 

El segundo bloque titulado Historias de Gabriel Medrano, está compuesto de cuatro relatos donde aparece el doppelgänger en Retorno de la noche y Distante espejo, y el extrañamiento de Mudanza.

Por último, Prolegómenos a la astronomía está formado por cuatro cuentos. De ellos, todos relacionados con la ciencia ficción, para mi destaca muy por encima Estación de la mano donde un hombre se enamora de una mano derecha que le visita todas las noches.

En la otra orilla nos encontramos con los primeros pasos de uno de los mejores cuentistas de la historia de la literatura. Un Cortázar joven que apenas llegaba a los treinta años pero que ya mostraba su erudición, su deuda con Poe, su querencia hacia lo extraño, lo fuera de lo común dentro del mundo cotidiano y la maestría de saber contar una historia. 

martes, 1 de abril de 2014

Juego y distracción - James Salter

Llego a Salter tras leer y maravillarme con Años luz. Tengo en casa La última noche, de cuando salió haré tres o cuatro años, aunque solo he leído algunos de los relatos que componen el libro. Ahora acaba de sacar nueva novela tras treinta años desde que publicara la última. Así que era buen momento de retomar la obra del autor estadounidense. Saqué de la biblioteca su libro de memorias novelada Quemar los días, y este Juego y distracción.

En las primeras páginas, un americano describe su llegada a Francia con frases cortas, lacónicas, como flashes de una fotografía. Se va a instalar en casa de unos amigos en un pequeño pueblo francés. Pero esta no es su historia, él solo es el narrador, un ser un tanto solitario y enigmático del que apenas sabemos nada. En realidad los protagonistas de la historia son Phillip Dean y Anne-Marie Castallat. Él, un americano adinerado y ella una joven francesa. El narrador, amigo de él, nos da cuenta de la historia de estos dos amantes por lo que le cuenta su amigo y por lo que el propio narrador intuye, como él mismo se encarga de recordarnos alguna que otra vez.

Salter llega donde solo puede haber dos, a las confidencias, las prácticas sexuales y los secretos de alcoba que se dan en una pareja. Y lo hace de una forma tan sutil y sensual que uno solo puede volver al pasaje para releerlo una y otra vez. Esto, unido a los diálogos fluidos y a los adecuados silencios da como resultado una gran novela llena de erotismo. 

lunes, 24 de marzo de 2014

¡Melisande! ¿Qué son los sueños? - Hillel Halkin

Es curioso como uno acaba llegando a los libros. Después de empezar a leer varias novelas que tenía ganas por diferentes motivos, o bien las he dejado a la mitad o bien me han dejado tan indiferente ante su lectura que no merece la pena reseñarlas. Una mañana colocando libros en la librería topo con una de las coloridas portadas de Libros del asteroide. Suele interesarme bastante lo que publica esta editorial. La foto que ilustra la portada es una pareja abrazándose con fuerza; el título, enigmático, ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?; y el autor, un completo desconocido para mi: Hillel Halkin. Que en su ficha se diga que es un especialista en Israel y traductor de hebreo y yiddish no me aclara mucho.

Sea como fuere, ojeo la contra leyendo en diagonal (no me gusta leerme las contraportadas) y comienzo a leer los primeros párrafos del libro. Decido llevármelo a casa así que lo cojo prestado de la librería para verlo tranquilamente. Ahora que he finalizado el libro, formará parte de mi biblioteca personal y, quién sabe, si algún día lo leerá un amigo, una pareja o un hipotético hijo y lo disfrute, lo sienta y se le remueva algo en su interior como me ha pasado a mi leyendo ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

En los años cincuenta Hoo, Ricky y Mellie son los redactores de la revista del instituto. Las relaciones que se crean en estos años alrededor del trío condicionará sus vidas. La novela es el libro que Hoo está escribiendo para dárselo a Mellie. Entre sus páginas da cuenta de las aventuras que pasaron los tres juntos, de las conversaciones mantenidas, de la sociedad convulsa y llena de acontecimientos históricos que les tocó vivir y cómo lo afrontaron. Pero, sobre todo, el libro que está escribiendo Hoo es una gran carta de amor dirigida a Mellie, a Melisande.

Sin caer en la ñoñería ni en el idealismo, Halkin nos conmueve con este relato de la melancolía y del amor como forma de entender la vida, como guía, como la única fuerza capaz de redimir y perdonar. Porque Hoo escribe desde la culpa: escribe como método de exculpación, para salvarse.


Hillel Halkin firma, posiblemente, una de las mejores novelas de la temporada literaria y una de las grandes novelas sobre el amor; en ocasiones recuerda de alguna manera a La trama nupcial de Eugenides o a El pasado de Alan Pauls. Incluso tiene algo de Rayuela. No son estas comparaciones gratuitas, son comparaciones en tanto en cuanto a la forma de entender ese sentimiento tan fuerte y duradero en las tres novelas.

jueves, 27 de febrero de 2014

Técnicas de iluminación - Eloy Tizón

LA IMPORTANCIA DE LA MIRADA

Siete años después, Eloy Tizón ha vuelto. Nunca se fue, siempre es nombrado en esta conversación, en aquel artículo, en la otra conferencia. Porque hablar de la escritura de Eloy Tizón es hablar de alta literatura, de metáforas imposibles, de imágenes plásticas de alta belleza donde todos los sentidos se agudizan para no perder detalle. Libros de lectura y relectura, las tres novelas y los dos libros de relatos publicados hasta ahora nos tenían más que satisfechos, pero queríamos más. El ser humano siempre es insaciable y quiere más. Y querer más dosis de Eloy Tizón, de su personalísimo estilo, es bueno para la literatura. Es bueno para la vida.

Tizón tuvo la desgracia de debutar con Velocidad de los jardines, libro de cabecera que se fue haciendo hueco sin alharacas, con buenas críticas pero sin fuegos artificiales de por medio, y con un boca a oreja que hoy, veintiún años después, todavía funciona. Por algo será. Y digo que tuvo la desgracia porque parece que a cada libro que fue saliendo se lo fue comparando con el primero. Así, los lectores que solo busquen las semejanzas se perderán el registro de voces y el juego de matrioskas que es Labia; el mismísimo diablo como metáfora de los miedos de Gabriel Endel (del Hombre, en general) en La voz cantante; o su poética representada en el cuento Teoría del hueco, de su anterior libro de relatos, Parpadeos. Son solo unos ejemplos.

En esta nueva recopilación de cuentos editados, esta vez por Páginas de espuma (una dupla que los incondicionales del relato esperábamos con ansia), Eloy Tizón sitúa a sus personajes al filo del abismo. Los va empujando poco a poco, hasta situarlos justo en el borde, para ver qué hacen, cómo se desenvuelven. “Dicen que hay suicidas que se tiran al mar y nadan hasta un punto tan alejado de la costa que saben que ya no podrán regresar. No tendrán fuerzas para alcanzar la orilla. Exhaustos, morirán en el mar. Ese punto. Ese instante de iluminación. Ese momento preciso en el que uno decide dar una brazada más, la definitiva, la que le llevará a un lugar sin vuelta atrás. Ese gesto último” (Pág. 57). Por ese “instante de iluminación” caminan los personajes. No hay posibilidad de retroceder. Solo hay un cuento en el que los personajes no caminan por el borde del precipicio. No todavía. No en el cuento. No dentro del cuento. Después, quién sabe. Ese cuento es Alrededor de la boda, donde todo es optimismo, vitalidad, felicidad pese a. Pese al resto de los cuentos, pese al resto de nuestras vidas. Porque el conjunto de relatos de Técnicas de iluminación es una vida, donde siempre hay momentos, dichosos momentos, de alegría a pesar de las facturas y las listas de la compra y la monotonía diaria. Porque Alrededor de la boda es la luz del amanecer de un domingo lleno de buenos propósitos que, poco a poco, va derivando hacía la melancolía de los atardeceres dominicales. Y hasta aquí el cuento más tradicional. Casi con su planteamiento-nudo-desenlace. El resto, los otros nueve, son puros poemas visuales.

Como si jugara al binomio fantástico de Rodari o bailara con la máquina de coser y el paraguas en la famosa comparación del Conde de Lautréamont, Eloy Tizón esculpe las palabras precisas en cada momento, bucea entre las múltiples voces posibles para dar con la adecuada, la que mejor suena musicalmente para lo que nos quiere relatar, desde un paseo físico pero sobre todo mental de la mano de Robert Walser en Fotosíntesis, hasta el contenido de una caja misteriosa en Ciudad dormitorio, o las tribulaciones de una pareja en Los horarios cambiados o Manchas solares. Tramas apenas esbozadas, apenas sugeridas, que existen pero que poco importan en este conjunto de relatos. Lo importante no es la trama. Lo importante es la Literatura.

Reseña aparecida en la Revista Quimera número 363 Febrero 2014

lunes, 10 de febrero de 2014

Mario Levrero - Desplazamientos

Últimas de las novelas de Mario Levrero que podré leer en un tiempo, al menos hasta que me haga con otro paquete proviniente del otro lado del charco. Por fortuna aún me queda un libro de entrevistas y una recopilación de artículos sobre su obra, ambos editados por dos sellos argentinos: Mansalva, en el primer caso; Eterna Cadencia, en el caso de los artículos.

Desplazamientos viene compilado junto con otro título que ya comenté la vez pasada, Fauna.

El protagonista de esta novela corta recorre los apartamentos de un bloque de edificios que ha heredado para cobrar la renta a sus inquilinos. Hasta ahora la labor correspondía a su padre que ejercía la tiranía de propietario con sus arrendatarios. Una vez fallecido este, es el hijo el encargado de llevar a cabo la tarea. Los inquilinos se muestran reacios y fríos ante él, al que ven como el sucesor del padre; sin embargo, la intención del vástago es llevar a cabo una serie de reformas en el edificio y tener una relación cuanto menos cordial con sus vecinos.

Lo interesante de esta obra es el desdoblamiento que se produce en las acciones llevadas a cabo por su protagonista. En un momento dado la narración se corta en un punto y comienza en un estado inmediatamente anterior para continuar por otra vía. Es decir, si el protagonista ha decidido hacer "A", se nos narran las consecuencias de esa decisión para, acto seguido, comenzar un nuevo párrafo donde el protagonista decide hacer "B". Siempre uno, al tomar una decisión, se pregunta "qué hubiera pasado si". Eso es precisamente lo que hace el escritor uruguayo con esta novela: intentar dar respuesta a la decisión no tomada.

Una vez más Mario Levrero demuestra su habitual estilo sencillo y de carácter lúdico, no exento de gran calidad literaria.

lunes, 27 de enero de 2014

Fauna - Mario Levrero

"Era un sueño borrascoso, cargado de significados ocultos. Cuando sonó el teléfono, el sonido introdujo momentáneamente en el sueño, modificando algunas imágenes, torciendo el sentido de la historia que quería representarse, y maldito si puedo recordarla; pero al fin consiguió rasgar el velo onírico y llamarme a eso que llaman la realidad".

Así empieza esta novela del escritor uruguayo, editada en Random Argentina, para variar. En este párrafo podemos encontrar toda la esencia levreriana de su segunda etapa. El sueño, la vigilia, la delgada linea que separa ambos mundos y las convergencias que se producen entre el mundo "real" y el mundo onírico.

Quien llama al teléfono es una mujer rubia que le pide que vigile a su hermana. El protagonista ha escrito algunos artículos de parapsicología en el periódico y la mujer rubia cree que es la persona ideal para proteger a su hermana de Monsieur Victor, un mentalista influyente. Dice que ha acudido a él porque tienen un amigo en común. Cuando la mujer rubia se va, el protagonista ya ha quedado prendado de esta especie de femme fatale. Ya tenemos otro elemento característico en la obra de Levrero: la parodia de las novelas policiales, esas que tanto leía el autor de La novela luminosa.

Comienza así el vagabundeo del alter ego de Levrero en busca de la hermana de Fauna (nombre con el que bautiza a la rubia). Lo primero, busca una sustituto para el quiosco en el que trabaja. Después se echa a andar y para en más de una ocasión en establecimientos de máquinas recreativas donde nos describe de manera minuciosa el funcionamiento de dos máquinas diferentes de pinball. El propio Mario Levrero era un gran aficionado a los juegos electrónicos.

Sin entrar en más detalles para que no se venga abajo la historia, podríamos decir que Fauna es una gran novela corta, como todas las obras de Levrero, pero que para leer estas últimas obras suyas que estoy leyendo primero tienes que estar entregado a su mundo. No me imagino a nadie empezando por estas obras y quedándose prendado de su prosa. 

lunes, 20 de enero de 2014

Por el camino de Swann - Marcel Proust

Siento que cuando termino un clásico de alguna manera pago una deuda que tenía pendiente. La sensación es mucho más desagradable cuando no puedo terminarlo, aunque este no ha sido el caso.

Me resulta muy difícil hablar de un libro del que ya se ha dicho de todo. ¿Qué decir de una obra maestra de la literatura que no se haya dicho ya? En realidad, nada. Además, que uno llega aquí para plasmar una serie de reflexiones poco meditadas sobre determinada obra, lee a Proust y se pregunta qué puede decir para no parecer un completo incompetente. Poco o nada. Pero allá vamos.

En busca del tiempo perdido, la primera de las siete novelas que componen la monumental En busca del tiempo perdido, se inicia en la época infantil del protagonista, alter ego del propio Proust, y finaliza en la preadolescencia del muchacho. Así, de la mano del niño Proust, vemos a un chaval enfermizo y poético, con una mirada diferente, que quiere ser escritor. Con él recorremos los caminos de Swann, esos largos paseos que daba junto a su familia los veranos en Combray. El joven Marcel sufre cuando hay visitas y su madre no sube a darle un beso de buenas noches. En la tercera parte de la novela Marcel es ya un joven que se enamora de Gilberta, la hija de Carlos Swann, personaje principal de la segunda parte del libro y uno de los personajes más humanos con los que me he podido topar.

Esta segunda parte, Unos amores de Swann, da cuenta del proceso de enamoramiento desde el inicio mismo en el que sientes atracción por otra persona, hasta la desilusión final de ver que esa persona no es como tú esperabas que fuese. La idealización, la obsesión, el cariño, la amistad y los celos son temas que se abordan en esta parte central de la novela. El burgués y refinado Carlos Swann se ha ido a enamorar de la joven Odette, la cual lleva consigo una serie de historias de dudosa catadura moral hacia su persona. Esta parte me parece, con diferencia, la mejor del libro por cómo expone Proust las pulsiones sexuales de la pareja y la definición psicológica que hace de los personajes, tanto Swann como Odette. Si bien es cierto que este rasgo es característico en todo el libro. Los personajes tienen una profundidad y son tan contradictorios que uno siente que cobran dimensión y se les puede tocar.

En cuanto a los aspectos negativos, si es que los tuviera, estarían las morosas descripciones en algunos casos, algo, por contra, muy común en las narraciones de principios del XX en toda Europa y que, a pesar de que a veces te saca un poco de la obra por la minuciosidad excesiva, no impide el puro placer de deleitarse con este libro.


lunes, 13 de enero de 2014

Aguas salobres/Los muertos - Mario levrero

La editorial uruguaya Hum recoge en este volumen dos libros de relatos del genial Mario Levrero, Aguas salobres, de 1983; y Los muertos, de 1986, correspondientes a su etapa intermedia, antes de situar en sus escritos a un yo protagónico, alter ego del autor.

Aguas salobres lo componen cuatro relatos cuya extensión media ronda las veinte páginas.

Abre el libro el cuento Casa abandonada. En ella se dan cita hombrecillos de once centímetros que salen de los tubos de la instalación de gas; una despensa donde conviven cientos de especies de araña; un ente, "ello", que no se sabe cómo es pero que vive en el altillo; mujercitas desnudas que salen del grifo y toman el sol en la jabonera; una lombriz interminable que sale del bidé; huracanas cuyo epicentro es el salón de la casa; la intuición de que un unicornio pasta en el jardín. Levrero en estado puro.

Las sombrillas, comienza cuando la niña de la casa donde viven diferentes personajes anuncia que "nohaymar", esto es, que ha desaparecido el mar. Preparan una expedición, casi un éxodo a través de la arena húmeda y ondulante donde antes descansaba el mar. Poco a poco, los personajes van desapareciendo.

En Aguas salobres un feto que ha logrado sobrevivir gracias a los cuidados de una cerda domina a todo un pueblo costero. En este relato, Levrero inventa toda una religión igual de coherente que el resto de las existentes. Hasta esboza una pequeña hagiografía.

Por último, Noveno piso, se inicia con el protagonista queriendo subir hasta ese piso. El ascensorista se apuesta con él a que no llegará arriba. El hombre se queda extrañado por la apuesta pero, en efecto, el ascensor se cae al vacío por el peso de sus ocupantes así que el hombre decide trepar por el hueco del ascensor para reunirse con la persona con la que había quedado. Y llega, pero tarde. Muy tarde.

Por su parte, Los muertos, se compone de tres relatos. El primero de ellos, el que da título al libro. El protagonista oye un disparo cuando está solo en casa de sus tías: el inquilino con el que conviven se ha suicidado. Sin saber muy bien qué hacer, sale a la calle. El tiempo va pasando y cada vez le parece menos conveniente ir a comunicar lo sucedido a la policía por si le acusan de haber tardado tanto o le interrogan.

En Espacios libres, un hombre busca a una prostituta que se ha ido de su casa desnuda. En un bar se encuentra con un grupo de gente que se une a esa búsqueda. Da comienzo una especie de road movie etílica e hilarante en busca de un perro rastreador capaz de encontrar a la prostituta.

Por último, Algo pegajoso, es un cuento de tres páginas donde la primera mitad habla de un caramelo y del envoltorio que se le pega en la palma de la mano y la otra mitad narra el encuentro casual con Antonieta a la que hacía seis años que no veía.

Estos tres relatos están ya mucho más próximos al Levrero de la segunda etapa, mucho más mesurado y menos dado al surrealismo, aunque dejándose llevar por la narración.

Si bien es cierto que algunos de los cuentos no he llegado a comprenderlos ni tan siquiera después de haberlos leído un par de veces, otros, como Aguas salobres o Los muertos son auténticas joyas que se merecerían mucho más espacio en la historia de la literatura hispanoamericana.