En una antología donde se dan cita 33 escritores y cuyo único nexo es la temática (inabarcable e infinita) de la familia lo lógico es que haya una gran disparidad de calidad. Si a ello le sumamos la combinación de autores consagrados con otros prácticamente inéditos, las diferencias se acentúan más. No por la mala calidad de los noveles, sino por la demostrada solvencia de los veteranos. En este sentido estoy bastante de acuerdo con el crítico Ricardo Senabre que destaca dos autores por encima del resto: Jon Bilbao y Mercedes Cebrián. (Podéis leer la crítica aquí). El cuento del primero se centra en una historia sencilla y aparentemente idílica para mostrarnos finalmente la cara menos amable. En cuanto al segundo, muy en su línea, Cebrián construye un relato lleno de ironía y con una fuerte crítica al consumismo (leed su impagable Cul-de-sac).
Otros relatos a destacar: el de Berta Marsé, que se nota demasiado que es por encargo y sin embargo es un buen relato que funciona; el de Fernando Clemot, sobre una pareja rota que guardan las apariencias; o el relato de terror de Jordi Soler. Esto en cuanto a los autores más conocidos.
Entre los autores desconocidos, al menos para mí, destacaría el cuento de Sergio Lifante sobre una familia virtual; o el de Andrea Jeftanovic, que en una temática muy cercana a Zambra o Pron en sus últimas obras habla de los hijos de las dictaduras sudamericanas.
Este me parece el mayor acierto de los antólogos: el darnos a conocer nuevas voces, en intentar vislumbrar el posible camino que tomarán las letras en lengua española en un futuro. Otra cosa es que luego realmente sea así. Solo el tiempo lo dirá.
viernes, 21 de octubre de 2011
jueves, 20 de octubre de 2011
Relatos 2 - María José Codes, Pablo Lobo, Magdalena Tirado
Ya hablé en otra ocasión (concretamente aquí) de la librería Tres Rosas Amarillas, de la editorial con el mismo nombre y de la labor del artífice: José Luis Pereira, así que no me extenderé más sobre este asunto.
Solo quería constatar la aparición de este segundo número que podéis comprar o bien en la librería, o bien por Internet. Por diez euros. Parece que me llevo comisión o algo, pero nada más lejos de la realidad. Solo que me ilusionan este tipo de proyectos y me fastidia la actitud de mucha gente hipócrita. Estamos todo el santo día quejándonos de los best seller que copan las mesas de las librerías generalistas y grandes almacenes, pero cuando aparecen iniciativas como estas ponemos el grito en el cielo porque decimos que diez euros es muy caro para tres cuentos de escritores desconocidos y apenas 70 páginas (que no sabía yo que la calidad se midiera en volumen).
No sé, a mí me apasiona esto de la literatura, y puede que ninguno de los tres escritores que aparecen en este volumen reciba el premio Nobel en los próximos años (a lo mejor es que tampoco lo quieren). Igual solo quieren escribir, porque es lo que necesitan. Y ver publicadas sus obras ya es un premio. De lo que no cabe duda es de que cualquiera de estos tres cuentos merecía su publicación. Tanto esa especie de entrevista de trabajo (o lo que fuere) que me ha recordado un poco a Paul Auster (por la forma de entrelazar las acciones de los personajes) de Los candidatos de María José Codes; el cierto tono lírico y sugestivo de las Canciones Cíngaras de Pablo Lobo; O la morosa descripción de una vuelta a casa desde el trabajo de una pareja en Fundición, de Magdalena Tirado.
Por lo que a mí respecta, apuntaré el nombre de estos tres escritores en una libreta y estaré atento a futuras obras. Y las leeré con ganas y con placer y las juzgaré; veré su evolución o involución. Y eso es Literatura. Nada más.
Solo quería constatar la aparición de este segundo número que podéis comprar o bien en la librería, o bien por Internet. Por diez euros. Parece que me llevo comisión o algo, pero nada más lejos de la realidad. Solo que me ilusionan este tipo de proyectos y me fastidia la actitud de mucha gente hipócrita. Estamos todo el santo día quejándonos de los best seller que copan las mesas de las librerías generalistas y grandes almacenes, pero cuando aparecen iniciativas como estas ponemos el grito en el cielo porque decimos que diez euros es muy caro para tres cuentos de escritores desconocidos y apenas 70 páginas (que no sabía yo que la calidad se midiera en volumen).
No sé, a mí me apasiona esto de la literatura, y puede que ninguno de los tres escritores que aparecen en este volumen reciba el premio Nobel en los próximos años (a lo mejor es que tampoco lo quieren). Igual solo quieren escribir, porque es lo que necesitan. Y ver publicadas sus obras ya es un premio. De lo que no cabe duda es de que cualquiera de estos tres cuentos merecía su publicación. Tanto esa especie de entrevista de trabajo (o lo que fuere) que me ha recordado un poco a Paul Auster (por la forma de entrelazar las acciones de los personajes) de Los candidatos de María José Codes; el cierto tono lírico y sugestivo de las Canciones Cíngaras de Pablo Lobo; O la morosa descripción de una vuelta a casa desde el trabajo de una pareja en Fundición, de Magdalena Tirado.
Por lo que a mí respecta, apuntaré el nombre de estos tres escritores en una libreta y estaré atento a futuras obras. Y las leeré con ganas y con placer y las juzgaré; veré su evolución o involución. Y eso es Literatura. Nada más.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Asco - José Ángel Barrueco
Asco es la novela que yo hubiera escrito si supiera escribir. Sobre todo, si supiera expresarme. Pero como no sé, mejor que lo hagan otros. José Ángel Barrueco lo hace. Expresarse y escribir. Pero también observar y reflexionar. Y muy bien.
Asco es un relato que mezcla diario, relato de viaje, novela, ensayo, autobiografía. Narra la semana que pasa el narrador-protagonista en un crucero de lujo, de los de Todo Incluido. Y como está Todo Incluido, la gente come hasta hincharse como un globo; bebe hasta desfallecer; y se apunta y va a todos los ridículos y estúpidos shows que se hacen en los diferentes salones del crucero. Y el protagonista siente asco por todo esto. Pero también porque viajan con un bebé y nadie les cede el paso en el ascensor o les echa una mano con el carrito. Porque los turistas se apuntan a visitas guiadas y a excursiones pero nadie hace caso de la guía. Y además molestan. Porque, en definitiva, somos unos egoístas. Y lo somos en un crucero y en el día a día, lo que pasa es que al acotarse el espacio, aumenta la intensidad. Algo muy similar ocurría en La autopista del sur de Cortázar.
Pero el protagonista también disfruta del viaje. Con sus familiares; con su pareja, M.; con el bebé; con las ciudades que visita; con la tranquilidad y la soledad del lector.
El estilo de Barrueco en esta novela es directo, explícito. Sin barroquismos. Como una conversación de bar. Normalmente, el lenguaje natural suele quedar impostado en una obra de ficción. No ocurre así en esta novela, donde la aparente sencillez tiene que estar muy trabajada para que, precisamente, dé la impresión de naturalidad.
Asco es un relato que mezcla diario, relato de viaje, novela, ensayo, autobiografía. Narra la semana que pasa el narrador-protagonista en un crucero de lujo, de los de Todo Incluido. Y como está Todo Incluido, la gente come hasta hincharse como un globo; bebe hasta desfallecer; y se apunta y va a todos los ridículos y estúpidos shows que se hacen en los diferentes salones del crucero. Y el protagonista siente asco por todo esto. Pero también porque viajan con un bebé y nadie les cede el paso en el ascensor o les echa una mano con el carrito. Porque los turistas se apuntan a visitas guiadas y a excursiones pero nadie hace caso de la guía. Y además molestan. Porque, en definitiva, somos unos egoístas. Y lo somos en un crucero y en el día a día, lo que pasa es que al acotarse el espacio, aumenta la intensidad. Algo muy similar ocurría en La autopista del sur de Cortázar.
Pero el protagonista también disfruta del viaje. Con sus familiares; con su pareja, M.; con el bebé; con las ciudades que visita; con la tranquilidad y la soledad del lector.
El estilo de Barrueco en esta novela es directo, explícito. Sin barroquismos. Como una conversación de bar. Normalmente, el lenguaje natural suele quedar impostado en una obra de ficción. No ocurre así en esta novela, donde la aparente sencillez tiene que estar muy trabajada para que, precisamente, dé la impresión de naturalidad.
lunes, 10 de octubre de 2011
Rusia Imaginada - Varios Autores (Edición: Care Santos)
Creo que hay varias razones para hacerse con este libro. La primera es por el propio país, por Rusia. Gran parte de los amantes de la literatura hemos crecido literariamente hablando leyendo a los clásicos del siglo XIX de aquel país que estaba tan lejos y estaba siempre nevado. Nos familiarizamos con palabras como samovar o dacha y estuvimos muy atentos para no perdernos con los nombres de los personajes que aparecían hasta de tres formas diferentes en apenas dos páginas.
La segunda razón por la que hay que hacerse con este libro es por la edición. En estos tiempos que corren en los que los más optimistas dan quince años (por poner una fecha) más de vida al libro en papel, editoriales independientes como Impedimenta, Contraseña o la propia Nevsky están realizando una labor encomiable para darle al libro el valor que se merece; el libro como objeto, como placer estético, como arte. En plena revolución digital, los grandes grupos editoriales, salvo honrosas excepciones, cada vez se preocupan menos por la labor editorial y se les ven muy dispuestos a entrar de lleno en el mundo de los ebooks, cosa que me parece legítima. De hecho, puede que para su mercado, ese sea el formato idóneo. En cualquier caso, es un tema largamente discutido que aquí no tiene cabida.
La tercera razón por la que se tienen que hacer con este libro es la más importante, por el contenido. Por los cuentos. Diez eran diez los cuentistas, que en realidad son once si contamos, y hay que hacerlo, el epílogo de Care Santos. La calidad media de las narraciones es bastante aceptable, sin embargo hay un par de cuentos que superan con creces la media. Uno es El príncipe Hamlet de Mtsenk de Óscar Esquivias; el otro, Los siluros de Prípiat de Daniel Sánchez Pardos.
El texto de Esquivias es un relato pausado, moroso, en el que se nos va desgranando poco a poco la historia: el talento para la música de Yuri; la relación de este con su padrastro; con su amigo Vania, etc. Y el final abierto para que el lector participe.
En cuanto a Los siluros de Prípat, nos encontramos con que el protagonista ha tenido un brote de locura en su trabajo. Su hermano, al que le ha abandonado su mujer, se lo lleva a pescar a Prípiat, cerca de Chernóbil. En el aeropuerto conocen a un tal Alexandr, un astrónomo que también se dirige hacia allí.
Pero hay más, la relación de las dos hermanas en el cuento de Jon Bilbao; la road movie alucinada de Esther García Llovet; o los mil y un nombres del Soldado ruso de Berta Vías Mahou.
Así que ya sabes, Товарищ, tienes que leer este libro.
La segunda razón por la que hay que hacerse con este libro es por la edición. En estos tiempos que corren en los que los más optimistas dan quince años (por poner una fecha) más de vida al libro en papel, editoriales independientes como Impedimenta, Contraseña o la propia Nevsky están realizando una labor encomiable para darle al libro el valor que se merece; el libro como objeto, como placer estético, como arte. En plena revolución digital, los grandes grupos editoriales, salvo honrosas excepciones, cada vez se preocupan menos por la labor editorial y se les ven muy dispuestos a entrar de lleno en el mundo de los ebooks, cosa que me parece legítima. De hecho, puede que para su mercado, ese sea el formato idóneo. En cualquier caso, es un tema largamente discutido que aquí no tiene cabida.
La tercera razón por la que se tienen que hacer con este libro es la más importante, por el contenido. Por los cuentos. Diez eran diez los cuentistas, que en realidad son once si contamos, y hay que hacerlo, el epílogo de Care Santos. La calidad media de las narraciones es bastante aceptable, sin embargo hay un par de cuentos que superan con creces la media. Uno es El príncipe Hamlet de Mtsenk de Óscar Esquivias; el otro, Los siluros de Prípiat de Daniel Sánchez Pardos.
El texto de Esquivias es un relato pausado, moroso, en el que se nos va desgranando poco a poco la historia: el talento para la música de Yuri; la relación de este con su padrastro; con su amigo Vania, etc. Y el final abierto para que el lector participe.
En cuanto a Los siluros de Prípat, nos encontramos con que el protagonista ha tenido un brote de locura en su trabajo. Su hermano, al que le ha abandonado su mujer, se lo lleva a pescar a Prípiat, cerca de Chernóbil. En el aeropuerto conocen a un tal Alexandr, un astrónomo que también se dirige hacia allí.
Pero hay más, la relación de las dos hermanas en el cuento de Jon Bilbao; la road movie alucinada de Esther García Llovet; o los mil y un nombres del Soldado ruso de Berta Vías Mahou.
Así que ya sabes, Товарищ, tienes que leer este libro.
domingo, 9 de octubre de 2011
Trabajos forzados - Daria Galateria
Igual todavía hay gente que piensa que los escritores viven de lo que escriben. Pocos, muy pocos, lo han conseguido a lo largo de la historia. Lo normal es trabajar en otra cosa para poder comer.
En este libro, la investigadora italiana hace un recorrido por esos trabajos que realizaron escritores que han pasado posteriormente a la historia de la literatura por sus obras. Se centra sobre todo en el final del siglo XIX y la primera mitad del XX. En total, Galateria repasa el Currículum Vitae de veinticuatro autores. Apenas le dedica unas páginas a cada autor, haciendo una síntesis muy amena sobre sus obligaciones pecuniarias y la relación con su obra.
Todos sabemos que Kafka fue un oficinista gris que maldecía su suerte por no poder dedicarse exclusivamente a la literatura. También sabemos que Bukowski fue durante muchos años cartero o que Saint-Exupéry fue piloto. Sin embargo, puede que no sepamos que Bohumil Hrabal estuvo a punto de perder la vida en una acerería o que Colette montó una empresa de productos de belleza.
En estas hojas de servicio vemos a escritores agradecidos con su trabajo. Así, Perec, se negó a un ascenso siendo ya un escritor de éxito. Consideraba que era tan malo para un escritor hacer carrera con su trabajo como dedicarse exclusivamente a la literatura. Con un trabajo de cuarenta horas semanales, aún disponía de muchas horas para crear lo que quisiese. Orwell, por su parte, dejó su trabajo de policía en Birmania para vagabundear por Londres y París y ser friegaplatos de un hotel de la capital francesa. Creía que, para escribir literatura, tenía que tener un contacto muy estrecho con las personas de las que luego iba a hablar.
Unos más contentos, otros menos, lo cierto es que gran parte de la nómina de escritores que figuran en los manuales de literatura tuvieron que realizar trabajos puramente alimenticios para poder vivir. Sin esos trabajos, quizás no habrían escrito aquellas obras; al fin y al cabo el autor se nutre de sus experiencias para construir su mundo.
En este libro, la investigadora italiana hace un recorrido por esos trabajos que realizaron escritores que han pasado posteriormente a la historia de la literatura por sus obras. Se centra sobre todo en el final del siglo XIX y la primera mitad del XX. En total, Galateria repasa el Currículum Vitae de veinticuatro autores. Apenas le dedica unas páginas a cada autor, haciendo una síntesis muy amena sobre sus obligaciones pecuniarias y la relación con su obra.
Todos sabemos que Kafka fue un oficinista gris que maldecía su suerte por no poder dedicarse exclusivamente a la literatura. También sabemos que Bukowski fue durante muchos años cartero o que Saint-Exupéry fue piloto. Sin embargo, puede que no sepamos que Bohumil Hrabal estuvo a punto de perder la vida en una acerería o que Colette montó una empresa de productos de belleza.
En estas hojas de servicio vemos a escritores agradecidos con su trabajo. Así, Perec, se negó a un ascenso siendo ya un escritor de éxito. Consideraba que era tan malo para un escritor hacer carrera con su trabajo como dedicarse exclusivamente a la literatura. Con un trabajo de cuarenta horas semanales, aún disponía de muchas horas para crear lo que quisiese. Orwell, por su parte, dejó su trabajo de policía en Birmania para vagabundear por Londres y París y ser friegaplatos de un hotel de la capital francesa. Creía que, para escribir literatura, tenía que tener un contacto muy estrecho con las personas de las que luego iba a hablar.
Unos más contentos, otros menos, lo cierto es que gran parte de la nómina de escritores que figuran en los manuales de literatura tuvieron que realizar trabajos puramente alimenticios para poder vivir. Sin esos trabajos, quizás no habrían escrito aquellas obras; al fin y al cabo el autor se nutre de sus experiencias para construir su mundo.
sábado, 8 de octubre de 2011
Un incendio invisible - Sara Mesa
Esta novela se alzó con el Premio Málaga de Novela en su última edición (2011). La verdad es que este dato a mí me da un poco igual, en tanto en cuanto a mí lo que me interesa es seguir la obra de esta escritora. Con No es fácil ser verde, libro de relatos publicado bajo un catálogo de literatura juvenil, vaya usted a saber por qué (bueno, porque fue otro concurso literario, de esos en que los que autores prácticamente inéditos ponen todas sus ilusiones en su manuscrito y los organizadores lo premian, lo publican y se olvidan. Nada de promoción, nada de labor editorial... en fin, que ese es otro tema). Lo que quería decir era que el libro me pareció un gran libro en su conjunto, con algunos relatos realmente buenos. Con su primera novela, en la que profundizaba de alguna manera en algunos de los personajes de los relatos, me ocurrió lo mismo: no quiero añadir nada más, puesto que comenté la novela aquí, y tampoco es cuestión de repetirse (no mucho, al menos).
Un incendio invisible es una novela deslumbrante. La acción transcurre en una ciudad imaginaria, Vado, poseedora de un pasado con mucha vida y actividad (más o menos como cualquier ciudad), pero que poco a poco se ha ido despoblando hasta convertirse en una ciudad fantasma. Tejada, el protagonista, es un geriatra que llega a la ciudad para hacerse cargo del New Life, la residencia de ancianos que, como el resto de la urbe, se encuentra semiabandonada, con apenas un puñado de ancianos y algún que otro trabajador que irán desapareciendo a lo largo de las páginas.
Los protagonistas creados por la autora merecen un capítulo aparte. Si en el Trepanador de cerebros eran bastante grotescos ( a veces, el local donde vivían se asemejaba a La parada de los monstruos) y parias, los habitantes de esta ciudad podrían ser perfectamente "normales" y, sin embargo, al igual que la ciudad, se han ido despoblando, metafóricamente hablando. La recepcionista de un hotel con ínfulas de adinerada desheredada; la niña que pasa las tardes en una barcucha vieja con un perro famélico y pulgoso recogiendo basura que guarda en una maleta como si de un tesoro se tratase; el investigador que parece que trabaja a las órdenes de Kafka; la enfermera Ariché, que aún le queda algo de humanismo; etc. Este despoblamiento interior se debe a su individualismo; a su soledad buscada. Cada uno de los personajes se rige por sus propias leyes personales e indiscutibles.
La novela, en definitiva, tiene unos rasgos existencialistas; es decadente sin llegar al pesimismo, parece distópica sin dejar de ser muy realista.
Un incendio invisible es una novela deslumbrante. La acción transcurre en una ciudad imaginaria, Vado, poseedora de un pasado con mucha vida y actividad (más o menos como cualquier ciudad), pero que poco a poco se ha ido despoblando hasta convertirse en una ciudad fantasma. Tejada, el protagonista, es un geriatra que llega a la ciudad para hacerse cargo del New Life, la residencia de ancianos que, como el resto de la urbe, se encuentra semiabandonada, con apenas un puñado de ancianos y algún que otro trabajador que irán desapareciendo a lo largo de las páginas.
Los protagonistas creados por la autora merecen un capítulo aparte. Si en el Trepanador de cerebros eran bastante grotescos ( a veces, el local donde vivían se asemejaba a La parada de los monstruos) y parias, los habitantes de esta ciudad podrían ser perfectamente "normales" y, sin embargo, al igual que la ciudad, se han ido despoblando, metafóricamente hablando. La recepcionista de un hotel con ínfulas de adinerada desheredada; la niña que pasa las tardes en una barcucha vieja con un perro famélico y pulgoso recogiendo basura que guarda en una maleta como si de un tesoro se tratase; el investigador que parece que trabaja a las órdenes de Kafka; la enfermera Ariché, que aún le queda algo de humanismo; etc. Este despoblamiento interior se debe a su individualismo; a su soledad buscada. Cada uno de los personajes se rige por sus propias leyes personales e indiscutibles.
La novela, en definitiva, tiene unos rasgos existencialistas; es decadente sin llegar al pesimismo, parece distópica sin dejar de ser muy realista.
jueves, 6 de octubre de 2011
La soledad del corredor de fondo - Alan Sillitoe
La soledad del corredor de fondo no es solo la del chico del reformatorio que pierde adrede una carrera porque es la única forma que tiene de protestar contra los carceleros y, por extensión, contra la sociedad. La soledad del corredor de fondo también es la de Ernest, un tipo que invita a unas niñas a comer todos los días aunque no tenga para él, con tal de que le hagan compañía en el pub (Tío Ernest). Pero la soledad del corredor de fondo también es la del profesor Raynor, que fantasea con unas dependientas al otro lado del cristal de su clase donde intenta impartir disciplina a un grupo de preadolescentes rebeldes (El señor Raynor, maestro de escuela). Y también, porque no, la soledad del corredor de fondo es la que padece ese matrimonio que, tras diez años separados, se reencuentran cada jueves en la casa de él para contarse nada durante seis años más (El cuadro de la lancha pesquera).
Los protagonistas de estos cuentos pertenecen a la clase baja de la Inglaterra de los cincuenta. Viven en barrios marginales y trabajan, los que pueden, en fábricas humeantes durante horas, de manera mecánica. Son perdedores, sin un mínimo de oportunidades. De esta manera, asistimos a un suicidio (algo grotesco) en Sábado por la tarde; descubrimos lo que puede agriar el carácter cuando pierde tu equipo en El partido de fútbol; o asistimos a los recuerdos que el narrador tiene de un chico de su infancia algo especial en Ocaso y hundimiento de Frankie Buller.
Completan estos nueve cuentos El tiovivo, donde un par de chavales gastan lo poco que consiguen en las atracciones de la feria; y La desgracia de Jim Scarfedale, donde se nos da cuenta de las relaciones de una madre y un hijo.
Aunque es cierto que el relato que da título al libro es el más potente y conocido, en parte debido a la adaptación al cine de Tony Richardson, lo cierto es que el resto de cuentos no desmerecen, más bien al contrario: refuerzan, si bien son completamente independientes, la idea del primer cuento.
Los protagonistas de estos cuentos pertenecen a la clase baja de la Inglaterra de los cincuenta. Viven en barrios marginales y trabajan, los que pueden, en fábricas humeantes durante horas, de manera mecánica. Son perdedores, sin un mínimo de oportunidades. De esta manera, asistimos a un suicidio (algo grotesco) en Sábado por la tarde; descubrimos lo que puede agriar el carácter cuando pierde tu equipo en El partido de fútbol; o asistimos a los recuerdos que el narrador tiene de un chico de su infancia algo especial en Ocaso y hundimiento de Frankie Buller.
Completan estos nueve cuentos El tiovivo, donde un par de chavales gastan lo poco que consiguen en las atracciones de la feria; y La desgracia de Jim Scarfedale, donde se nos da cuenta de las relaciones de una madre y un hijo.
Aunque es cierto que el relato que da título al libro es el más potente y conocido, en parte debido a la adaptación al cine de Tony Richardson, lo cierto es que el resto de cuentos no desmerecen, más bien al contrario: refuerzan, si bien son completamente independientes, la idea del primer cuento.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Hacerse el muerto - Andrés Neuman
Lo primero que hice después de leerme el último libro de cuentos de Neuman es volver a empezarlo. Por dos motivos:
El primero por su cierta complejidad. Muchos de los relatos aquí recogidos exigen cierto compromiso por parte del lector, así que la mejor manera de atenderlos es volviendo sobre ellos, descubriendo nuevos matices, nuevas fisuras. Ni que decir tiene que algunos de ellos los he leído tres, cuatro, cinco veces. En voz baja, en voz alta, declamándolos...
En segundo lugar, por su variedad, tanto temática como estilística. Lo mismo nos reímos con un cuento absurdo y desopilante, que nos quedamos encogidos en la silla con la congoja apoderándose de nosotros.
Estructuralmente, en este libro se recogen treinta cuentos divididos en seis apartados, más un último apartado donde recoge sus ya famosos dodecálogos. En esta ocasíón, el tercer y el cuarto. Estos, se componen de aforismos sobre el arte de narrar un cuento. Como el propio autor dice: "Los Dodecálogos de un cuentista no son reglas para escribir cuentos; son pequeñas conclusiones en marcha. (...) Desean, en definitiva, ser una forma lúdica de abordar el ensayo."
La primera de esta división se intitula, precisamente: Hacerse el muerto. En estos relatos, sus protagonistas son personajes no muertos, quiero decir, que podrían estar muertos, han rondado la muerte, pero no lo están. Quizás el último, Después de Elena, cojea un poco por la temática. Sin embargo, en el final, y en la relectura, si que me parece vislumbrar ese "coqueteo" con la muerte, aunque de manera más velada y ambigua.
El segundo conjunto de relatos, Una silla para alguien, es el más íntimo, el más personal. Los cinco cuentos de este grupo giran en torno a la figura de la madre. Tienen un tono más lírico, más evocador. El cuento que da título a este grupo, sobre la ausencia, es sobrecogedor.
En Sinopsis del hogar, la temática está relacionada, en menor o mayor medida, con la familia, en un sentido amplio del término: el paso del niño de la infancia a la adolescencia, un vislumbre de incesto, el primer amor, etc.
Bésame, Platón, recoge algunos de los cuentos más divertidos y surrealistas, como la disertación filosófica que mantienen dos hombres en unos baños en Conversación en los urinarios, o la sed de sexo de Sor Juana en El infierno de Sor Juana.
Monólogos y monstruos, se compone precisamente de eso, de cinco monólogos de cinco personajes dispares.
Por último, en Breve alegato contra el naturalismo, podríamos decir que Neuman juega con las disciplinas artísticas para construir relatos. Así, en Teoría de las cuerdas, se basa en este concepto físico para que el narrador reconstruya la vida de sus vecinos por medio de la ropa que tienden en las cuerdas del patio. En Policial cubista asistimos a un asesinato como si se hubiera producido dentro de un cuadro de Juan Gris.
Nos encontramos, pues, ante un buen puñado de cuentos de diversa índole, con distintos registros, de gran variedad temática. Al fin y al cabo: "la extrema libertad de un libro de cuentos radica en la posibilidad de empezar de cero en cada pieza. Exigirle unidad sería ponerle un candado al laboratorio". Palabra de Neuman.
El primero por su cierta complejidad. Muchos de los relatos aquí recogidos exigen cierto compromiso por parte del lector, así que la mejor manera de atenderlos es volviendo sobre ellos, descubriendo nuevos matices, nuevas fisuras. Ni que decir tiene que algunos de ellos los he leído tres, cuatro, cinco veces. En voz baja, en voz alta, declamándolos...
En segundo lugar, por su variedad, tanto temática como estilística. Lo mismo nos reímos con un cuento absurdo y desopilante, que nos quedamos encogidos en la silla con la congoja apoderándose de nosotros.
Estructuralmente, en este libro se recogen treinta cuentos divididos en seis apartados, más un último apartado donde recoge sus ya famosos dodecálogos. En esta ocasíón, el tercer y el cuarto. Estos, se componen de aforismos sobre el arte de narrar un cuento. Como el propio autor dice: "Los Dodecálogos de un cuentista no son reglas para escribir cuentos; son pequeñas conclusiones en marcha. (...) Desean, en definitiva, ser una forma lúdica de abordar el ensayo."
La primera de esta división se intitula, precisamente: Hacerse el muerto. En estos relatos, sus protagonistas son personajes no muertos, quiero decir, que podrían estar muertos, han rondado la muerte, pero no lo están. Quizás el último, Después de Elena, cojea un poco por la temática. Sin embargo, en el final, y en la relectura, si que me parece vislumbrar ese "coqueteo" con la muerte, aunque de manera más velada y ambigua.
El segundo conjunto de relatos, Una silla para alguien, es el más íntimo, el más personal. Los cinco cuentos de este grupo giran en torno a la figura de la madre. Tienen un tono más lírico, más evocador. El cuento que da título a este grupo, sobre la ausencia, es sobrecogedor.
En Sinopsis del hogar, la temática está relacionada, en menor o mayor medida, con la familia, en un sentido amplio del término: el paso del niño de la infancia a la adolescencia, un vislumbre de incesto, el primer amor, etc.
Bésame, Platón, recoge algunos de los cuentos más divertidos y surrealistas, como la disertación filosófica que mantienen dos hombres en unos baños en Conversación en los urinarios, o la sed de sexo de Sor Juana en El infierno de Sor Juana.
Monólogos y monstruos, se compone precisamente de eso, de cinco monólogos de cinco personajes dispares.
Por último, en Breve alegato contra el naturalismo, podríamos decir que Neuman juega con las disciplinas artísticas para construir relatos. Así, en Teoría de las cuerdas, se basa en este concepto físico para que el narrador reconstruya la vida de sus vecinos por medio de la ropa que tienden en las cuerdas del patio. En Policial cubista asistimos a un asesinato como si se hubiera producido dentro de un cuadro de Juan Gris.
Nos encontramos, pues, ante un buen puñado de cuentos de diversa índole, con distintos registros, de gran variedad temática. Al fin y al cabo: "la extrema libertad de un libro de cuentos radica en la posibilidad de empezar de cero en cada pieza. Exigirle unidad sería ponerle un candado al laboratorio". Palabra de Neuman.
lunes, 3 de octubre de 2011
Lolita - Vladimir Nabokov
Lo cierto es que resulta realmente difícil escribir sobre un libro que lleva más de cincuenta años dando que hablar; donde, por cada hoja escrita por Nabokov en esta novela, una legión ha escrito cientos de trabajos, tesis doctorales, apuntes, y un largo etcétera.
Sin embargo, no me voy a privar de escribir unas cuantas líneas sobre Lolita. Nada de hablar del argumento (que ya lo sabe todo el mundo); nada de hablar de las ampollas que levantó el libro en su día (aún hoy día sigue levantando). Simplemente expresar las sensaciones que han despertado en mí esta novela.
La primera, y la más importante para mí, es la de la reconciliación con la literatura. Esto suena a una chorrada, pero para mí es lo que más sentido tiene. La literatura, lo que yo entiendo por ella, es algo más que unas cuantas cientos de páginas que cuentan algo; es algo más que una serie de personajes y sus relaciones; es algo más que una simple historia; por supuesto, es algo más que un entretenimiento. Para mí la literatura es vida. Y la vida es, de algún modo, literatura. No concibo un mundo donde no pueda leer porque yo aprendo de la literatura. Parte de lo que soy, una gran parte, se lo debo a los libros. Parte de mi forma de ser, de mi forma de actuar o de pensar se ha forjado a base de lecturas.
Es cierto que cuanto más lees, también cuanto mayor te haces, hay menos cosas que te sorprenden. Todos tenemos algún que otro libro que nos deslumbró en su momento y que tenemos miedo de volver a leer por si la sensación no es la misma. Llevaba una larga temporada leyendo libros que no acababan de llenarme del todo. No malos, ni mucho menos, de hecho he leído algunos muy buenos. Pero necesitaba algo más. Ese algo más suele ser algo parecido a lo siguiente: un tipo con un libro entre las manos, abriéndolo al azar, releyendo partes; o tirarse en la cama mirando al techo con la vista perdida y pensando en por qué unas cuantas palabras han logrado que se encuentre en ese estado de medio shock. Eso ha sido precisamente lo que me ha pasado con Lolita.
La segunda sensación que me ha producido el libro es algo más peregrina, por nombrarla de alguna forma: ¿cómo es posible que comprenda a Humbert, que sienta que está completamente enamorado de esa chiquilla de doce años, que, hasta cierto punto, justifique sus acciones?
Solo un genio como Vladimir Nabokov puede conseguir que sientas simpatía por un ser como Humbert Humbert. Humbert no es el malo y Lolita la buena, eso sería muy fácil; Humbert y Lolita son dos personajes de carne y hueso (o de tinta y papel, como queráis) y, como tales, son contradictorios, plenos, complejos, en definitiva, humanos.
Sin embargo, no me voy a privar de escribir unas cuantas líneas sobre Lolita. Nada de hablar del argumento (que ya lo sabe todo el mundo); nada de hablar de las ampollas que levantó el libro en su día (aún hoy día sigue levantando). Simplemente expresar las sensaciones que han despertado en mí esta novela.
La primera, y la más importante para mí, es la de la reconciliación con la literatura. Esto suena a una chorrada, pero para mí es lo que más sentido tiene. La literatura, lo que yo entiendo por ella, es algo más que unas cuantas cientos de páginas que cuentan algo; es algo más que una serie de personajes y sus relaciones; es algo más que una simple historia; por supuesto, es algo más que un entretenimiento. Para mí la literatura es vida. Y la vida es, de algún modo, literatura. No concibo un mundo donde no pueda leer porque yo aprendo de la literatura. Parte de lo que soy, una gran parte, se lo debo a los libros. Parte de mi forma de ser, de mi forma de actuar o de pensar se ha forjado a base de lecturas.
Es cierto que cuanto más lees, también cuanto mayor te haces, hay menos cosas que te sorprenden. Todos tenemos algún que otro libro que nos deslumbró en su momento y que tenemos miedo de volver a leer por si la sensación no es la misma. Llevaba una larga temporada leyendo libros que no acababan de llenarme del todo. No malos, ni mucho menos, de hecho he leído algunos muy buenos. Pero necesitaba algo más. Ese algo más suele ser algo parecido a lo siguiente: un tipo con un libro entre las manos, abriéndolo al azar, releyendo partes; o tirarse en la cama mirando al techo con la vista perdida y pensando en por qué unas cuantas palabras han logrado que se encuentre en ese estado de medio shock. Eso ha sido precisamente lo que me ha pasado con Lolita.
La segunda sensación que me ha producido el libro es algo más peregrina, por nombrarla de alguna forma: ¿cómo es posible que comprenda a Humbert, que sienta que está completamente enamorado de esa chiquilla de doce años, que, hasta cierto punto, justifique sus acciones?
Solo un genio como Vladimir Nabokov puede conseguir que sientas simpatía por un ser como Humbert Humbert. Humbert no es el malo y Lolita la buena, eso sería muy fácil; Humbert y Lolita son dos personajes de carne y hueso (o de tinta y papel, como queráis) y, como tales, son contradictorios, plenos, complejos, en definitiva, humanos.
sábado, 1 de octubre de 2011
El cuarteto de Whitechapel - Daniel Sánchez Pardos
Probablemente si esta novela se hubiera publicado en Alfaguara, Random o Planeta, y este autor se llamara X, conocido mundialmente, estaríamos ante un best-seller en cuanto a ventas, no en cuanto a calidad, ya que esta novela sí tiene lo que aquellas adolecen.
Y es que esta novela con tintes de género negro, no por casualidad uno de los personajes secundarios es un apasionado de Conan Doyle y la obra se desarrolla en torno a la figura de Jack el Destripador, contiene todos los ingredientes para enganchar a esos lectores reacios a la lectura o, digámoslo de otro modo, consumidores de libros de usar y tirar. Esto es: una trama que poco a poco va apoderándose de ti para no soltarte hasta la última página, suicidios en cadena, asesinatos, algún sospechoso...
Por otro lado, Sánchez Pardos no cae en la trampa de hacer un producto de consumo perecedero y, además de los elementos antes señalados, añade una feroz crítica no exenta de cinismo al arte contemporáneo donde "todo vale" con tal de formar parte de la Historia; donde la sociedad está ávida de noticias escabrosas, donde necesita ver en los telediarios imágenes impactantes que sacien su sed. Todo ello con el fantasma de Borges pululando por su casa que, si bien es una licencia poética que se toma el autor, para nada molesta.
Los personajes, por su parte, están muy bien perfilados, incluso los secundarios. Pero Ikatz, el protagonista y narrador, me parece de una redondez absoluta. La forma que tiene de hacer frente a los sucesos que acontecen delante de sus narices, casi dejándose llevar, como si estuviera fuera de todo lo que está pasando; la manera en que come pedazos de papel, etc.
Lamentablemente, y una vez más, creo que estamos ante esa novela que pasará casi desapercibida por no dar el valor que se merece a la literatura.
Y es que esta novela con tintes de género negro, no por casualidad uno de los personajes secundarios es un apasionado de Conan Doyle y la obra se desarrolla en torno a la figura de Jack el Destripador, contiene todos los ingredientes para enganchar a esos lectores reacios a la lectura o, digámoslo de otro modo, consumidores de libros de usar y tirar. Esto es: una trama que poco a poco va apoderándose de ti para no soltarte hasta la última página, suicidios en cadena, asesinatos, algún sospechoso...
Por otro lado, Sánchez Pardos no cae en la trampa de hacer un producto de consumo perecedero y, además de los elementos antes señalados, añade una feroz crítica no exenta de cinismo al arte contemporáneo donde "todo vale" con tal de formar parte de la Historia; donde la sociedad está ávida de noticias escabrosas, donde necesita ver en los telediarios imágenes impactantes que sacien su sed. Todo ello con el fantasma de Borges pululando por su casa que, si bien es una licencia poética que se toma el autor, para nada molesta.
Los personajes, por su parte, están muy bien perfilados, incluso los secundarios. Pero Ikatz, el protagonista y narrador, me parece de una redondez absoluta. La forma que tiene de hacer frente a los sucesos que acontecen delante de sus narices, casi dejándose llevar, como si estuviera fuera de todo lo que está pasando; la manera en que come pedazos de papel, etc.
Lamentablemente, y una vez más, creo que estamos ante esa novela que pasará casi desapercibida por no dar el valor que se merece a la literatura.
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