miércoles, 22 de octubre de 2014

En el café de la juventud perdida - Patrick Modiano

He de confesar que no tenía pensado leer al último premio Nobel de manera inmediata. Quizás echarle un ojo por encima y decidir si seguía con su lectura o no. En cualquier caso, este si que era el título que quería hojear. Uno de mis compañeros de trabajo lo leyó y me dijo que le apetecía que lo leyera así que me lo pasó el fin de semana y me lo leí del tirón. Porque sus apenas 140 páginas dan para leerlo de esa manera. 

Estamos en los años sesenta parisinos y un grupo de jóvenes sin mucho futuro se reúnen en el café Le Condé, en la bohemia rive gauche, a pasar las horas. Un día, entre los parroquianos habituales aparece una joven muchacha de apenas veinte años a la que bautizan con el nombre de Louki. La tal Louki es un personaje misterioso del que poco sabemos. Modiano nos va dando pequeñas pinceladas de la chica a través de los cuatro narradores que aparecen en la novela: un joven asiduo al café que es un nño de papá en comparación con el resto de clientes; un detective cuarentón que investiga a Louki; la propia Louki; Una pareja que tuvo Louki.

Lo interesante de la novela, aparte del tono melancólico y pausado que desprende sus páginas, una morosidad de aquel que siente la nostalgia de unos años que no volverán, esa juventud perdida que aparece ya en el mismo título, es la descripción que hace Modiano de los personajes. Los coge en un momento dado de la trama, nos cuenta muy someramente de ellos algún detalle, y los deja marchar. Ese "pasar de puntillas" por ellos permite al lector participar en el libro, de manera muy especial pasa con Louki. Al hablar cuatro personajes de ella, cada uno bajo un punto de vista, cada uno un poco enamorado a su manera, el lector completará la misteriosa biografía de la muchacha. También el ambiente me parece un dato a tener en cuenta en el libro, el París mítico de los sesenta, poco antes de la revolución de Mayo del 68. El lector pasa por las páginas como un flâneur callejeando por una ciudad que ya no existe, observando a sus gentes, viendo escaparates y fachadas.

Me apetece seguir con el autor, aunque mucho me temo que sus obsesiones literarias de reconstrucción de la memoria y la ciudad de París no harán más que repetir la misma fórmula en otras novelas. No obstante, me apunto estos libros que el escritor peruano Ricardo Sumalavia recomienda del reciente Nobel francés.


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