lunes, 17 de noviembre de 2014

El Círculo - Dave Eggers

"Te dedicas a comentar cosas y eso sustituye el hacerlas".

Esta frase hecha por Mercer, el exnovio de la protagonista, Mae, resume a las claras el concepto de Red Social. Nos pasamos parte de nuestros días pegados a la pantalla del ordenador, de la tablet, del móvil o cualquier otro dispositivo electrónico. Allí comentamos lo que nos está pareciendo la película que estamos viendo. Nos está pareciendo muy buena. Tanto, que queremos compartirlo con el resto de los mortales aun a riesgo de perdernos parte de esa maravilla del séptimo arte. Si vamos a un restaurante, sacamos la foto de la gran hamburguesa que nos acaban de servir 100% puro vacuno. Localizamos el chiringuito con el gps y lo subimos a la nube para que quien quiera pueda venir a probar este manjar. En la foto la hamburguesa está intacta así que ni siquiera sabemos cómo sabe. Pero eso es lo de menos. Lo importante es la inmediatez y en que todo el mundo sepas lo que haces. Que vean que tienes una vida social activa.

La última novela del escritor norteamericano Dave Eggers trata precisamente de los peligros que conlleva la utilización desmesurada de las redes sociales. En un futuro indefinido, aunque en cualquier caso no muy lejano, la gran red, El Círculo, va tejiendo su telaraña acaparando a su paso millones de usuarios potenciales y empresas privadas. Mae Holland entra a trabajar en la empresa recomendada por su amiga desde el instituto Annie, una de las cuarenta personas más influyente de El Círculo. El campus donde trabaja, que se encuentra en la ciudad ficticia de Sant Vincenzo pero que perfectamente podría ser Silicon Valley, dispone de todo lo necesario para que sus más de diez mil trabajadores puedan sentirse como en casa: de hecho, disponen hasta de habitaciones por si se les hace tarde y no quieren regresar. Cafeterías, restaurantes, bibliotecas, piscinas, pistas de todo tipo de deportes, etc. hacen de este complejo una gran ciudad donde pasar el resto de tus días sin necesidad de coger el coche. Si a esto le sumamos las fiestas, conciertos o monólogos que se celebran de manera periódica, ¿Quién no adoraría El Círculo?

Mae entra de manera titubeante, recibe un par de reprimendas por no hacer más uso de las redes sociales y estar tan abajo en su nivel de popularidad. Le gusta ir en kayak pero, sin embargo nunca hace fotos ni postea sobre el sitio en el que navega. Y no ha aparecido a algunas de las charlas que se han dado especialmente para novatos. Como solución, le van colocando pequeñas pantallas en su mesa de trabajo. La principal para responder a los clientes; una segunda para correo interno; la tercera para InnerCircle, la red social de la empresa. Y así hasta nueve pantalla. Por si fuera poco, tiene un dispositivo para ir respondiendo a un cuestionario infinito mientras resuelve dudas de sus clientes. Así, poco a poco, a Mae le va absorbiendo cada vez El Cículo hasta que decide hacerse transparente; esto es, colgarse una cámara del cuello y retransmitir su día a día en tiempo real.

Paralelamente a este supeditación de Mae a la empresa, los padres y el exnovio se van mostrando cada vez más reacios a quedar con ella, a verla, ya que no solo los ve ella, si no que millones de ciudadanos pueden ver la cena de Mae con sus padres. En este sentido, los discursos de Mercer previniéndola sobre las posibles consecuencias de no tener ni un mínimo de intimidad son muy lúcidas y de lo más sensatas.

Esta novela, que bien podría ser una especie de 1984 2.0 por las similitudes distópicas con la novela de Orwell, tiene su punto fuerte en el realismo con el que está escrito. Así, mientras que el libro de Orwell planteaba una tesis desde la ficción, la novela de Eggers nos aterroriza por lo muy plausible de la situación, por la manera tan natural con la que podríamos llegar a ese punto, casi sin darnos cuenta y de manera tan "democrática".

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