jueves, 6 de noviembre de 2014

Los últimos - Juan Carlos Márquez

BIENVENIDOS AL APOCALIPSIS

El primer día fue el fogonazo donde los mamíferos ardieron como teas. El segundo, murieron las aves y los peces. Al tercer día, no salió el sol ni le sucedió la luna. El cuarto, los árboles y las plantas se secaron. El quinto día, el cielo y el mar dejaron de existir. Al sexto día, anocheció. El séptimo, por supuesto, el creador descansó.

Con esta creación inversa comienza la última novela del bilbaíno Juan Carlos Márquez, que edita Salto de página. El Apocalipsis parece que ha llegado y el mundo tal y como lo conocemos va a dejar de existir. A modo de diario, Adam Crowley nos relata el día a día de los supervivientes en el nuevo mundo, cómo los militares construyen una ciudad subterránea a la par que lanzan bombas de oxígeno al aire para poder respirar sin máscaras al menos un par de horas al día, o cómo Disney World se convierte en hospital de campaña primero y en campamento base, después. Pero algo sucede cuando descubren alarmados pirámides de huesos apilados a modo de esculturas en los márgenes de la carretera. No todos los habitantes que han sobrevivido a la devastación de la Tierra conservan su forma humana; algunos han mutado convirtiéndose en seres rápidos, ágiles y ultramusculados que practican el canibalismo. La única solución parece pasar por trasladarse a Marte, dando comienzo el Diario de Marte, donde lo que primará será la necesidad de crear un nuevo mundo habitable, un nuevo Génesis. Allí, a Marte, se irán la mujer de Adam con su hijo, el propio Adam, un vecino que se quedó huérfano, un militar experto en biología, y una enfermera con pocas ganas de vivir.

Después de la excelente colección de relatos que bebía de la narrativa americana (Norteamérica profunda) y del no menos interesante Tangram donde un conjunto de relatos se convertía en novela y coqueteaba con el género negro, Juan Carlos Márquez se adentra en esta ocasión en el territorio de la ciencia ficción pero marcando siempre su propio estilo que se va reconociendo a través de sus diferentes obras: un sutil humor negro en ocasiones más hilarante como sucedía en Oficios o Llenad la tierra o de manera más comedida como en esta ocasión, y los guiños a la cultura popular. También está presente en esta obra las relaciones humanas, muy especialmente en la segunda parte de la novela, donde tiene que comenzar una nueva vida para salvar a la raza humana, pero también en la primera parte, en ese Diario de la Tierra, donde en medio del caos se puede ver a un padre jugar con su hijo y el amigo de este a pasarse el balón de rugby o donde un par de niños hacen carreras con una silla de ruedas. O aquella otra estampa familiar donde los adultos y los niños patinan por carreteras desiertas persiguiendo una masa homogénea de gusanos blancos.


Reconozco que nunca he sido un gran aficionado a la ciencia ficción y que conozco poco los códigos en los que se mueve, sin embargo el autor sí que conoce estos códigos que trasgrede y reelabora en esta novela distópica. Poco importa, además, que el lector sea o no seguidor del género. Una vez que tenga el libro entre las manos, se olvidará de las etiquetas que nos autoimponemos y disfrutará de este particular Apocalipsis

RESEÑA APARECIDA EN LA REVISTA QUIMERA ENERO 2015 NÚMERO 374

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