lunes, 18 de junio de 2012

Luz de noviembre, por la tarde - Eduardo Laporte

Escribir salva, decía una profesora que tenía en un taller literario. Este era, según ella, el tema de gran parte de la mejor literatura  universal. El buen soldado, Retrato del artista adolescente, o El guardián entre el centeno llevan la etiqueta de este tema sobre sus lomos.

Escribir salva; al protagonista, se entiende. Pero también, en muchos sentidos, al escritor. De esta premisa parte el autor de Luz de noviembre, por la tarde, Eduardo Laporte, escritor y protagonista de esta (no) ficción.

Eduardo perdió a sus padres en apenas diez meses por sendos tumores cancerígenos. Con ventiún años se vio privado de madre y de padre. Y quiere saber por qué. Cada vez que sufrimos una pérdida una de las primeras preguntas que nos hacemos es por qué: ¿por qué le ha tocado a él/ella? Pero también, ¿por qué me toca sufrirlo a mí?

Laporte se plantea estas preguntas a lo largo de cinco años, que es cuando empieza a escribir este libro. Sus padres murieron en el 2000. El libro data de 2005 (aunque su primera publicación es de 2011). Esa distancia es necesaria para escribir, no solo con el dolor de un hijo, si no con la pluma de un escritor. De otra manera puede que hubiera quedado muy melodramático el discurso. Al coger distancia, aunque imagino que el ejercicio de reconstrucción de esos hechos debió ser devastador psicologicamente, el texto goza de una serenidad y aplomo que solo al ser conscientes de lo que nos está hablando caemos en la congoja.

Un libro que me ha recordado mucho, tanto por la temática como por la forma de abordarla, a Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente. También este, al igual que aquel, tenía ciertos rasgos culturalistas.

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