miércoles, 13 de junio de 2012

Papel carbón - Fernando Iwasaki

Dos son los libros que componen este Papel Carbón: Tres noches de corbata, que data de 1987 y fue publicado en Lima; y A Troya, Helena, fechado en 1993 y publicado en Bilbao. Es decir, nos encontramos ante los dos primeros libros de cuentos del autor peruano (por ponerle una nacionalidad).

Lo primero que me viene a la cabeza cuando acabo el libro es preguntarme si es de Fernando Iwasaki. He leído casi todos los libros de cuentos de Iwasaki (en cualquier caso todos desde Ajuar funerario) y, salvo este, que es una colección magistral de microrrelatos de terror (nunca me cansaré de recomendarlo), los otros dos, Helarte de amar y España, aparta de mí estos premios, están escritos, fundamentalmente, con un sentido del humor muy fino y con constantes juegos de palabras. En esta colección no he tenido esa sensación. Esto no lo digo como algo negativo sino más bien al contrario: he descubierto a un autor que en sus inicios escribía sobre otros temas y con otro estilo. He descubierto a otro autor que se llama Fernando Iwasaki y que publicó en los años ochenta y noventa del siglo pasado.

El primer libro me ha recordado en muchos aspectos a aquellos libros que tuve que leer durante la carrera en literatura hispanoamericana I: a las Crónicas de Indias; a Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés o, incluso, Bartolomé de las Casas. Pero también (claro) a las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma. Así, Mar del sur, Mal negro es el Congo, o, de alguna manera, Taki Ongoy y El tiempo del mito, tienen ese aire colombino. De esta tanda de cuentos, me quedo con La otra batalla de Ayacucho, por su enorme emotividad y choque generacional; y Tres noches de corbata, por el terror in crescendo de un pobre niño atormentado por su aya.

En el otro volumen que contiene Papel Carbón, A Troya, Helena, sí es más sencillo rastrear los rasgos más característicos de la obra de Iwasaki: el cuidado lenguaje (esto también está contenido en Tres noches de corbata) en cuentos como en En los adentros del toro, donde se reproduce el habla andaluza, sevillana concretamente; el erotismo en Hawai, cinco y media o Erde; o el fino sentido del humor que comentaba antes en Arroz a la polaca o Un milagro informal, por no mencionar el desopilante Rock in the Andes.

En definitiva, una ocasión única para redescubrir a un gran autor y verle dar, veinticinco años después, sus primeros pasos en esto de la Literatura.

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