jueves, 16 de agosto de 2012

El viajero inmóvil - Ramón Rodríguez Pérez

Tiene este libro de cuentos unos altibajos muy marcados. De los quince relatos que lo componen, algunos tienen calidad literaria y otros, sin embargo, se deshacen en la lectura. Entre estos últimos hay algún que otro cuento que no pasa de mera anécdota, de contar una historia, pero sin tener la sensación de haber leído un cuento. Así ocurre, por ejemplo, con  El estigma, un hombre al que le crece un pene en la cabeza. No deja de ser un chiste, no pasa a relato, amén de llevar una frase hecha a la práctica que, no por ser obvia, el autor nos explicita en la primera linea del relato: "Decían de Jacinto Peña que siempre tenía el sexo en la cabeza".

Otros relatos, como Zona cero, plantea los cambios que va a producirse en el mundo tras los atentados del once de septiembre y lo equipara con la situación de los vagabundos donde, el cambio es que en ellos no se va a producir cambio. Una comparación algo coja.

Estilísticamente también peca Rodríguez Pérez de metáforas trilladas tales como: "larga como un día sin pan" (pág. 48) o, "me dio hostias hasta en el carnet de identidad" (pág. 121). De repetición de palabras en la misma frase: "cuando vi arder los relatos perdedores del año anterior no pude dejar de pensar de nuevo en el relato leído el día anterior" (pág. 30); "pasados los diez primeros minutos sin que Jacinto hubiese pasado de los prolegómenos" (pág. 68). Y de cacofonías: "rezonga algo entre dientes y luego parece olvidar el incidente" (pág. 45).

Por contra, los primeros cuatro relatos sí que me han parecido buenos; en especial el que lleva por título El círculo esférico, que narra la posibilidad de que un cuento de Borges se presentara a un concurso de una localidad española. Este relato me parece el mejor con diferencia.

Otros aciertos son: el sarcástico Un artista realizado, sobre la "fama" de ganar un concurso literario de provincias; el que da título al libro, El viajero inmóvil, una parábola sobre la lectura; o la misiva de A un joven poeta, lleno de socarronería y mala baba contra el destinatario.

Un conjunto, pues, bastante irregular.



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