
Lo que tienen en común estos narradores es la mirada atenta de los hechos cotidianos en el mundo laboral, sentimental, y familiar, principalmente. Y esa mirada, atravesada por un prisma irónico y afilado, llega donde otras miradas no llegan, esto es, al borde casi del esperpento.
Así, por ejemplo, asistimos a las cenas de navidad que Jorge celebra con sus excompañeros, incluso después de que ya no quede en la fábrica ningún conocido (Amigos para siempre); Paseamos de la mano de dos culturetas de provincias autocomplacientes (Habitantes del limbo); o presenciamos, con los ojos como platos, cómo las mujeres de la vida de Jorge, su madre y su novia, visten al muchacho en cada ocasión (Azul marino o gris marengo).
Y mientras que leemos estos cuentos nos vamos avergonzando poco a poco, encogiéndonos en la silla, porque nos damos cuenta de que también pertenecemos a esa secta de los Cabezas Vacías.
Gracias por el comentario.
ResponderEliminarUn saludo.
Pedro