lunes, 24 de octubre de 2011

El mapa y el territorio - Michel Houellebecq

He de reconocer que hasta la fecha no me había leído nada de este señor. En parte por toda la polémica que se levanta en torno suyo cada vez que publica un libro. Soy muy prejuicioso en esto de la literatura y creo que si se habla más de la polémica que del libro en sí igual es porque la calidad literaria no es buena y tiene que provocar para vender. En fin, ideas mías. Sin embargo, como ser humano que soy, me contradigo constantemente, así que finalmente me decidí leer a Houellebecq.

A posteriori leí varias reseñas en las que se afirma que en este último libro Houellebecq es menos él; menos provocador. Otros apuntan a que es una evolución en su estilo. Como ya he dicho no puedo opinar de sus anteriores trabajos, pero sí de este, que es realmente bueno. Al menos las dos primeras partes. En la tercera me despista. Pero vayamos por orden.

La novela nos cuenta la vida del artista Jed Martin que, prácticamente sin querer, acaba convirtiéndose en uno de los más respetados artistas franceses. Houellebecq nos narra, a la manera de un bildungsroman, la infancia de Jed, el suicidio de su madre cuando contaba con siete años, su primer amor: una escort, la relación con su padre. Este me parece uno de los puntos fuertes de la novela. Jed es un personaje asocial, sus relaciones se limitan a las meramente profesionales, a excepción de su padre y de  Olga, una mujer con la que sale un tiempo hasta que ella vuelve a Rusia. Diez años después volverán a verse, pero por un periodo muy breve. Ambas relaciones, tanto con su padre como con Olga, son en realidad frías, carentes de cualquier tipo de emotividad. Parecen acercamientos obligados o, cuanto menos, pactados. Jed come con su padre por Navidad cada año, pero está más pendiente de irse que de escucharle.

En la segunda parte, aparece el personaje de Houellebecq, con el que Jed también entabla relación; en principio profesional, ya que el escritor va a escribir el catálogo de su obra, pero poco a poco se acercan más. Al fin y al cabo son parecidos.

La aparición de Houellebecq está condicionada en tanto en cuanto creo que se trata de una burla de sí mismo, de lo que la gente habla de él, de cómo es. Así se puede entender la tercera parte, en la que aparece descuartizado junto a su perro. Asistimos a su entierro (en última instancia acarició el catolicismo) tal y como él quería: en su testamento ha recogido cómo quería que le dieran sepultura y las instrucciones a seguir. Toda esta tercera parte, pues, me parece una "broma" de Houellebecq, para dar carpetazo, o para incentivar, acerca de su persona (se le ha acusado de misógino, xenófobo...). También sirve para reforzar su postura de la vuelta a los orígenes: el inspector de policía que investiga el caso, al igual que Houellebecq en su etapa final o que el propio Jed, se retiran a sus respectivas ciudades, donde nacieron y crecieron.

Y es que la crítica está muy presente en la obra. Al mercado del arte contemporáneo, y por extensión, al sistema capitalista; a la sociedad francesa; a la incomunicación, a esa vuelta a la tierra, etc.

Por todo ello, a mi modo de ver, nos encontramos casi con dos novelas diferentes; una que abarca las dos primeras partes del libro y el epílogo final: la que cuenta la historia de Jed. Con una prosa sobria, medida, morosa, con cierto aire decimonónico. La otra, por contra, es un thriller policial que me parece fallido. Por más que intento buscarle relación a ambas partes no consigo enlazarlas.

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